Corazones Tempestuosos +18

04. Tóxico II

Cory Shane.

11 DE MARZO DEL 2019

Me metí bajo el edredón de mi cama sin la menor intención de seguir despierta, aunque la hora no ayudara precisamente a justificar mi patética huida del mundo.

Eran las dos y media de la tarde y mi cuerpo seguía sin querer salir de la habitación. Ni siquiera para desayunar, ni para fingir que era una persona funcional durante cinco minutos.

Había tenido que hacerme la dormida cuando Patty entró un rato antes, porque sabía que, si me veía con los ojos abiertos, se pondría pesada con la comida, con el zumo, con que si llevaba demasiadas horas encerrada, con que si mi madre iba a preocuparse y con todas esas cosas que la gente decía cuando no sabía qué hacer con alguien que se estaba viniendo abajo.

No quería que nadie hiciera nada.

No quería hablar.

No quería comer.

No quería que me mirasen con esa cara de lástima que tanto odiaba.

Solo quería quedarme allí, escondida bajo las sábanas, dejando que el silencio de mi habitación me tragara entera.

El sonido de la manilla me sobresaltó.

Me cubrí hasta la cara de inmediato, conteniendo la respiración como si aquello fuera a hacerme invisible. Pensé que podía ser Patty otra vez. O mamá. O incluso Bradley, enviado por alguna de las dos para comprobar si seguía viva bajo el edredón. Sin embargo, las pisadas que cruzaron la habitación no coincidían con las de ninguna de ellas.

No eran suaves como las de Patty, ni eran firmes como las de mamá.

Tampoco eran las de Bradley, que siempre caminaba como si estuviera a punto de escoltar a alguien fuera de una amenaza mortal.

Bajé el edredón despacio, apenas lo suficiente para mirar. Lo primero que vi fueron unos rizos rubios platino cayendo sobre unos hombros demasiado familiares.

Era Caritshma.

Deslicé el edredón un poco más y me incorporé de golpe, todavía aturdida, encontrándome con Marjorie cerrando la puerta con cuidado, como si temiera que el más mínimo ruido pudiera asustarme el sueño. Aún no se había dado cuenta de que yo estaba despierta de verdad.

—Mira quién ha resucitado —dijo Caritshma, con esa sonrisa suya capaz de iluminar una habitación, aunque se estuviera cayendo el mundo.

Ni siquiera me dio tiempo a responder.

Se me abalanzó encima con su entusiasmo de siempre, rodeándome con tanta fuerza que casi me dejó sin aire. Olía a perfume caro, a chicle de fresa y a ella. A casa, de alguna forma rara. A una parte de mi vida que no dolía tanto.

—Cari, me estás aplastando —murmuré contra su pelo.

—Pues te aguantas, Oky Koki. Llevo dos días sin verte y tienes cara de haber sido atropellada por un camión emocional.

—Qué poética vienes hoy.

—Gracias, lo sé. Estoy tomando un curso de esos para hacer poesía.

Marjorie se acercó después, más tranquila, pero no menos afectuosa. Se sentó a mi otro lado y me abrazó con una delicadeza que casi me dolió más que el abrazo exagerado de Caritshma. Mar no era tan escandalosa para demostrar cariño, pero cuando lo hacía, se notaba. Te abrazaba como si quisiera sostener las partes de ti que se estaban desmoronando sin señalar ninguna.

—Hola, preciosa —susurró.

Tragué saliva.

—Hola.

Las dos se quedaron sentadas sobre mi cama, una a cada lado, como si hubiesen decidido hacer guardia y asegurarse de que yo no volvía a esconderme debajo del edredón. Durante unos minutos hablaron de cualquier cosa menos de Ithiel, y lo agradecí. Caritshma me contó que había ido a casa de Ethan y que, por un rato, él había estado encantador. Según ella, casi humano. Incluso gracioso. Después, claro, volvió a comportarse como un idiota amargado y le arruinó el momento.

No me sorprendió en absoluto.

Ethan podía ser un encanto cuando le daba la gana, pero también tenía esa capacidad absurda de cargarse cualquier situación agradable con una frase seca, una mirada mal puesta o un comentario de mierda. Supongo que no era tan raro teniendo en cuenta que era el mejor amigo de Ithiel. Los dos se conocían desde niños, quizá por la alianza de negocios de James con el padre de Ethan, aunque en aquel entonces yo no sabía demasiado de eso. Solo sabía que Ithiel y él hacían casi todo juntos, igual que con Drake Finshker, su otro mejor amigo.

Los tres eran como una especie de club privado de chicos guapos, insufribles y emocionalmente atrofiados.

—…y entonces va y me dice que no debería haber ido —soltó Caritshma, indignada, moviendo las manos como si todavía tuviera a Ethan delante—. Después de haberme abierto la puerta él. Después de haberme preparado café él. Después de mirarme con esa cara de “quédate un rato más, por favor, que soy demasiado gilipollas para pedirlo en voz alta”. ¿Tú te lo puedes creer?

—De Ethan me creo cualquier cosa —murmuré.

—Pues eso mismo le dije yo. Bueno, no. Le dije algo peor.




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