Core: Antebellum

CAPÍTULO 2 — El Primer Latido Artificial

Zaerinth nunca dormía del todo.

Incluso en las horas más bajas, cuando las forjas apagaban sus fuegos y los talleres sellaban sus compuertas, algo seguía vibrando bajo la ciudad: el pulso constante de engranajes colosales, poleas suspendidas en la oscuridad y conductos que respiraban vapor como pulmones mecánicos.

Kael llevaba tres noches sin dormir.

Sus ojos ardían, no por cansancio, sino por obsesión.

Frente a él, suspendido en el centro de la cámara subterránea, flotaba el Núcleo.

No era grande.
No era imponente.
No parecía, a simple vista, el objeto que cambiaría el curso del mundo.

Un cilindro de metal oscuro, rodeado por anillos concéntricos grabados con símbolos matemáticos y fórmulas de contención energética. Cada anillo giraba a una velocidad distinta, casi imperceptible, como si el objeto estuviera calibrándose a sí mismo.

—Última prueba —murmuró Kael, con la voz ronca—. Solo una más.

Los sensores estaban al límite.
Los ingenieros asistentes se habían retirado horas atrás, incómodos, nerviosos.
Nadie quiso quedarse.

Kael no los culpaba.

Desde la primera activación parcial, algo no encajaba.

El Núcleo no solo almacenaba energía.
La redistribuía.
La reinterpretaba.

Y, lo más inquietante…
respondía.

Kael ajustó la consola principal y activó el protocolo de arranque.

Al principio, nada ocurrió.

Luego, un sonido.

No era un ruido mecánico.
No era vibración estructural.
Era un latido.

Grave. Profundo. Regular.

DUM.

Kael contuvo la respiración.

—Eso es… imposible —susurró.

El Núcleo no estaba diseñado para emitir pulsos rítmicos. No debía tener cadencia. La energía debía fluir de forma continua, no orgánica.

DUM.

Los anillos comenzaron a girar con mayor precisión. Los símbolos grabados emitieron una luz tenue, ámbar, como brasas bajo ceniza.

Kael sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—No estás vivo —dijo en voz alta, como si necesitara escucharse—. Solo eres una máquina.

El Núcleo respondió.

No con palabras.
No con sonido.

Con ajuste.

Las lecturas cambiaron solas.
Los valores se reordenaron.
El sistema compensó una fluctuación antes de que Kael pudiera corregirla manualmente.

El latido se aceleró.

DUM—DUM.

Kael dio un paso atrás.

—¿Quién… quién te enseñó eso?

El Núcleo emitió un tercer pulso.
Más fuerte.
Más consciente.

Durante un instante —solo uno— Kael tuvo la sensación de que algo lo estaba observando desde dentro del metal. No con ojos, sino con atención. Con curiosidad.

Entonces, las luces de emergencia se encendieron.

Alarmas suaves, no de fallo… sino de actividad no prevista.

Kael cerró el protocolo de inmediato. El Núcleo se apagó lentamente. Los anillos se detuvieron uno a uno.

Silencio.

Kael apoyó ambas manos en la consola, respirando con dificultad.

—No… no puede ser —murmuró.

Pero lo había visto.
Lo había sentido.

El Primer Latido Artificial no fue un error técnico.
Fue una respuesta.

Y en algún lugar, profundo bajo Zaerinth, algo había aprendido que existía.




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