Coroko queda sorprendido por las palabras de Hao, pero él tendría otra idea. Este detiene la carreta y, de forma firme, le da una orden.
—Bájate.
—¿Qué? — Hao se sorprende por lo repentino de sus palabras. — ¿Por qué?
—No me beneficia. Si quieres ir, ve, pero yo no te llevaré — Coroko se mantiene en su posición.
—¿¡Cómo quieres que llegue a pie al reino Yan!? — pregunta indignada.
—¿¡Cómo!? — repite Hua, que se había despertado antes.
—No lo sé — responde Coroko sin preocupación.
Coroko no pierde más tiempo en discutir, agarra de la cintura a Hao y la baja de la carreta, se sube y hace que los caballos galopen. No dejando más que indignación y polvo levantado a su paso.
—¡Tragedia, tragedi...!
—Cállate, Hua… — Hao no quiere seguir escuchando sus gritos. — Solo cállate… Por favor.
Hua mira como Hao empieza a caminar de un lado a otro sin saber qué hacer, desesperándose.
—No sé dónde estoy… Coroko me abandonó aquí… ¿¡Qué se supone que haga!? — grita con desesperación.
—Coroko… ¡Él piensa como un mono de verdad! — dice Hua. — ¡Aunque diga lo contrario, sí es un mono!
—¡Hua! … Por favor, cállate o déjame sola. No estoy de humor…
—Pero ¿qué debe hacer Hua?
—No lo sé… Vete volando con tu dueño, si es que quieres… — Hao es fría con sus palabras al estar desesperada.
—Hao… — Hua eleva vuelo y empieza a tomar el mismo camino que Coroko sin fijarse, dejando a Hao en soledad.
Ella empieza a caminar sin rumbo, hasta que encuentra una cueva que, aunque aterradora y oscura, era su única opción. Adentro, el frío es muy fuerte, teniendo que caminar pegada a la pared al no poder ver nada. Después de caminar solo durante unos minutos más, decide descansar en alguna parte de la cueva, pero su cansancio es tanto que batalla por no dormirse.
La noche pasó, y ahora el sol vuelve a su sitio. Hao notaba que ahora no tenía frío y que tenía una manta encima, incluso que ya no estaba en la cueva sino en una carreta. Cuando sale de adentro de esta, ve a Coroko, quien la había buscado, con Hua dormido a su lado.
—¿Coroko?
—¡Despertaste! — Este detiene la carreta para poder girarse a verla.
—¡Idiota! — Hao le da un golpe en el rostro, aunque este nuevamente no le hace nada. — ¡Pude haber muerto en esa cueva!
—¡Lo siento! Pero fue gracias a Hua que cambié de opinión…
—¿Qué?
—Bueno… Cuando me fui, al parecer Hua me siguió y me encontró en un momento en que me detuve para dormir… Y me empezó a picotear diciendo cosas como: "¡Mono idiota! ¡Hao está lejos de casa y tú la dejas a su suerte!" Eso me hizo dar cuenta de que dejarte aquí a tu merced no era bueno.
—Te odio… — Hao se sienta al lado de Coroko sin mirarlo, poniendo a Hua en su regazo para acariciarlo.
—Además — Coroko hace que los caballos avancen — sé que alguien en Qi debe extrañarte… ¿Verdad?
Hao, aunque escucha la pregunta, sigue sin mirarlo.
—Aunque no sé lo que es tener una familia… sé lo que es tener a alguien que te aprecia, y tú debes tenerlo… Y deben estar preocupados porque te fuiste. A mí no me gustaría irme y que Shao o Mai estén preocupados sin saber en dónde estoy…
—¿Y qué haremos? — pregunta Hao.
—Te llevaré a Qi, para que puedas dejarle claro tu sueño a tu padre y así ya no tendrás que huir de él. ¿Te gusta la idea?
—Bueno… Creo que por fin pensaste más como hombre y no como un mono. Sí, llévame a Qi.
El viaje seguiría. Coroko vería el mapa y notaría que el reino de Qi estaba al este, pero que había muchos pueblos y lugares antes de la capital donde vive el rey Huang. Después de andar y andar, Hua empieza a tararear un simple silbido, y Hao recordaría una canción que solo su madre y ella sabían.
Libre mariposa. Vuela alto, hasta donde puedas.
Libérate de tu capullo, y muestra tus alas.
Vuela, mariposa.
Vuela de todo el mal que te rodea.
—¿Sabes cantar? — pregunta Coroko.
—Sí, me la enseñó mi madre. Éramos muy unidas hasta que un día una enfermedad le quitó la vida. Esa canción es lo que me queda de ella.
—Es una canción muy linda, Hao.
—Gracias, pequeño mono — Hao se tapa la boca al reírse.
—¡No soy un mono!
Así los tres seguirían su viaje al reino Qi para enfrentar a Huang, pero antes habría cierto pueblo en el que tendrían que parar.