Coroko: El niño mono

Un viejo loco.

Coroko, junto con Hao y Hua, continúa viaje al reino Qi. Pero en el transcurso de este habría un pueblo en medio del camino que tendrían que atravesar para poder seguir.

—Pueblo Kalel… Tenemos que pasar por el medio y seguir por un puente, y de ahí podríamos seguir — dice Coroko leyendo el mapa.

—Oye, Coroko — Hao sale de adentro de la carreta, mostrando cómo usa una simple tela como capucha — ¿Me reconocerán así?

—No… Creo que no. ¿Y qué tiene?

—No quiero que me reconozcan antes de que llegue a Qi. Cuando llegue, habrá sido por mis medios, no por las influencias de mi padre.

—¡Miren, miren! — Hua empieza a gritar para mostrar que, en un pequeño monte que estaba cerca con una cabaña, salía demasiado humo como si algo se quemara.

Coroko no pierde tiempo y va a investigar qué sucede. Hao y Hua tardan un poco más al no ir al mismo ritmo de Coroko. Cuando este último sube el pequeño monte, ve algo que lo deja sorprendido: un señor de avanzada edad prendiendo fuego a un montón de leña, pero también ve cómo este lo hace usando su Chi en la madera, generando una combustión muy grande y rápida.

—¿Sabe usar Chi? — piensa Coroko.

—¡Oh, un visitante! — el señor se da cuenta de la presencia de Coroko. — Ah… No, me equivoqué, es un mono…

—¡Oye, no soy un mono!

—¿No? — el viejo se acerca y lo mira más de cerca, viendo que, aunque tiene cola y mucho pelo, sus facciones y apariencia es más humana. — Oye, niño, si dices que no eres un mono… ¿por qué traes una cola?

—Bueno… Este… — Coroko queda sin palabras al tener que explicar sus rasgos animales.

—¿Coroko, está todo bien? — Hao interrumpe.

El señor ve a Hao con su capucha, pero la mira un poco más de cerca y nota quién es.

—¡Tú eres la hija del rey Huang! ¿Verdad?

—¿¡En serio me reconoció!? — piensa Hao. — Sí… Soy yo.

—¡Oh, pero vaya sorpresa! No pensé que aparecieras por este sitio. Creo que tu padre puso una recompensa para quien te llevara de regreso al palacio.

—Mierda… Entonces la capucha no servirá de mucho… — dice Hao para sí misma.

—¡Supongo que esta es tu mascota! — el anciano señala a Coroko.

—¡Yo no soy mascota de nadie!

—No, no, él solo me está ayudando a llegar a Qi. Ese puesto lo tiene Hua.

—¿Quién es ese? — pregunta el anciano al no ver al loro.

—Este es Hua — Hao señala arriba de su hombro.

—Ahí no hay nadie.

—¿Eh? — Hao ve, y nota la ausencia de Hua, el cual se había ido hasta arriba de un árbol cercano. — ¡Hua! ¿Qué haces ahí?

Hua se mantiene callado, ni siquiera le responde. Incluso cruza las alas como si fueran brazos y resopla como si estuviera molesto.

—Hua, ¿ocurre algo? — Hao se acerca para ver qué le ocurre.

—Hua molesto… — dice sin mirarla.

—¿Molesto? ¿De qué o de quién?

—Hua estar molesto con Hao…

—¿¡Por qué de mí!?

—Tú herir sentimientos de Hua…

Hao recuerda cuando le dijo a este que se fuera con su dueño.

—Hua… Lo siento, estaba desesperada… Perdóname.

Hua se gira y baja de la rama, poniéndose enfrente de Hao.

—Hao… ¡Trataste a Hua como un animal cualquiera! — este empieza a picotearla. — ¡Hua no ser un loro cualquiera, Hua ser especial, único, diferente!

—¡Lo siento, lo siento, Hua! — Hao empieza a correr por todo el sitio para escapar de él. — ¿¡Pero por qué recién ahora te molestas!?

—¡Hua recién haberlo recordado! — Hua sigue dándole pequeños picotazos a Hao ante la mirada de Coroko y el viejo.

—¡Ja! — el señor se ríe por lo absurdo de la escena. — Oye… ¿No vas a ayudarla? — pregunta a Coroko.

—Eh… No, Hua se tendrá que calmar. O se le olvidará dentro de un rato — Coroko siente un calor extraño desde su costado, y al mirar ve la enorme pila de leña que el viejo había encendido. — ¡Ah, sí! ¿Por qué quemaste todo esto? ¿Y cómo usaste tu Chi para hacerlo?

—Puedes ver el Chi, ¿eh? Parece que te subestimé, niño — piensa el viejo. — Solo es una pequeña costumbre que tengo… Pero ahora te tengo una pregunta: ¿solo puedes ver el Chi? ¿O también usarlo?

—Ambas — Coroko responde sin dudar. — Pero apenas estoy aprendiendo.

—Interesante… ¿Cómo te llamas, niño?

—Coroko.

—¿Rokoko? Qué nombre extraño — el anciano no escucha bien.

—¡Es Coroko!

—¿Carako?

—¡Coroko!

—¡Ah, es Coroko!

—Al fin… ¿Y tú eres…? — pregunta con resignación.

—Yo soy… El gran maestro y creador del Puño Borracho: ¡El legendario Baxian! — dice mientras posa haciendo como si se pusiera en guardia.

—Ba… ¿Qué?

—¡Baxian! ¡Yo fui un gran luchador en mi época de juventud! Aunque ahora no se note.

Unos minutos después…

Pasado un rato, Baxian los hizo pasar a su cabaña que, aunque se puede ver vieja, se mantiene en buen estado por dentro. Incluso llega a ser acogedora. Hua se había dormido después de haber estado todo el día picoteando a Hao. Ella también estaba cansada por andar corriendo de un lado al otro. Baxian, intentando dar una buena hospitalidad, le ofrece un té de hierbas naturales para reponer fuerzas.

—Gracias, Baxian — Hao agradece con la misma delicadeza que tenía cuando vivía en el palacio.

—Tómalo ahora que está caliente, princesa Qi. Oye, niño, ¿tú no quieres? — pregunta ofreciéndole una taza de té.

—¡Sí! — Coroko le responde con la boca llena de miel por las galletas.

—Baxian — Hao toma un poco de té, pero enseguida lo llama. — ¿Por qué me dejaste entrar aquí?

—¿A qué te refieres?

—Digo, mi padre puso una recompensa, ¿verdad? Seguramente debe ser una muy alta. Hay personas allá afuera que harían lo imposible por encontrarme y llevarme, aunque sea a la fuerza. Pero ¿por qué tú no lo haces?

—¡Ja, ja, ja! — Baxian se ríe al escuchar la pregunta. — No me interesa ninguna recompensa, princesa. Aunque admito que en mis tiempos dorados gané una gran riqueza, la verdad eso es algo que ya abandoné. Lo hice para vivir esta nueva vida.



#1428 en Fantasía
#751 en Personajes sobrenaturales
#1817 en Otros
#546 en Humor

En el texto hay: humor, pelea, adventura

Editado: 25.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.