Coroko seguía corriendo hacia Kalel cuando notó que Hao venía con la carreta y Hua se mantenía adentro. Hao, al su poca experiencia manejando, no puede mantener la velocidad ni la dirección de forma correcta.
—¡Cuidado! — Hao grita mientras está a metros de chocar a Coroko.
—¡Muévete, muévete! — grita Hua.
Coroko, aunque se asusta, recuerda una de las primeras lecciones de Shao: "Mantén la calma, Coroko. La calma será tu mejor amiga si sabes usarla." Coroko se gira mirando la carreta, levanta las manos hacia el cielo y da un aplauso que resuena no con fuerza, sino con firmeza. Los caballos, que antes estaban alterados, se van deteniendo poco a poco, parándose enfrente suyo con mucha tranquilidad.
—Buenos chicos — Coroko acaricia a ambos animales.
—¡Idiota! — Hao se lleva el susto. — ¿¡Por qué saliste corriendo así!? ¡Aunque sea me hubieras esperado! — reclama con molestia.
—Lo siento, Hao. ¡Es que me emocioné con la propuesta de Baxian! — Coroko admite con torpeza.
—Es sorprendente lo hábil que puede ser… ¡Pero lo imprudente que llega a ser también! — piensa para sí misma. — Hua, ¿estás bien?
Hua, que se había quedado de piedra al pensar que chocarían, toma aliento de nuevo.
—Hua… Hua estar bien.
—Bueno… ¿Esto es Kalel, no? — Hao señala hacia el pueblo que estaba a unos metros más.
—Por lo que parece… Vamos, no nos quedemos mirando — Coroko empieza a caminar para entrar.
—Espera, Coroko — Hao se acerca a un charco de lodo cercano. — Qué asco… — Hao, aunque temerosa, agarra un poco del charco y se lo unta con cuidado en la cara.
—¿Eso es costumbre en Qi? — pregunta Coroko.
—No, es para que ninguno me reconozca. No creo que esa capucha tan simple me sirva.
—Oh, cierto que hay una recompensa.
—¡No se preocupen! — dice Hua. — ¡Hua será vuestra ave protectora! — Hua imita la pose de Baxian de cuando se presentó.
—Hua… Sería mejor si no hablaras — dice Hao.
—¿Eh? — Hua queda blanco ante la petición, aún posando.
—¿Por qué no quieres que Hua hable?
—Es que Hua no solo repite como otros loros… Habla y habla mucho. Estoy segura de que es capaz de llamarme por mi nombre a gritos solo porque una mosca pase por su costado.
Hua, aunque ofendido, sabe que su dueña tiene razón. Baja la cabeza.
—Pero te diré algo, Hua — Hao se le acerca. — Si no llamas la atención, prometo que cuando lleguemos a Qi haré que te den los cuidados y lujos de primera del palacio. ¿Qué dices?
—Lujos… Cuidados… ¡Qué buena oferta! — Este se olvida de su pena y se sube arriba de la cabeza de Hao. — ¡Adelante, juro no delatar!
El trío de aventureros se adentra en el pueblo, uno muy tranquilo donde incluso si una pluma cayera se escucharía, pero su calma sería también gracias a que los habitantes se mantienen en sus casas. Solo algunos recorren las pacíficas calles.
—Ustedes — un señor desde la puerta de su hogar les habla — no parecen de aquí… ¿De dónde provienen?
—De… — Coroko no sabe qué responder.
Hua aguanta su instinto de hablar y se tapa el pico con sus alas.
—¡Somos exploradores! — responde Hao. — Así que no venimos de un lugar específico, señor.
Aunque su respuesta no lo convence, este decide no hacer más preguntas, volviendo adentro de su hogar.
—Cerca… Será mejor que lleguemos rápido al puente — dice Hao.
—No — Coroko se detiene a pensar. — Si vamos al puente… no podremos hacer nada. Habría que buscar la ayuda de alguien importante de este pueblo… Alguien que nos ayude.
—Tienes razón… Además, debe haber algo raro con ese puente. Si era tan usado, es raro que nadie se preocupara por reconstruirlo.
Hua intenta seguir aguantando como puede sus ganas de expresar todo lo que piensa.
—Mira, Coroko — Hao señala en dirección al puente caído. Un anciano un poco jorobado se mantiene en su silla al lado de este. — ¿Siempre está ahí?
Al acercarse, este no da tiempo a preguntas ni a saludos previos.
—El puente se cayó. Tendrán que rodear el pueblo si quieren avanzar — el señor no cambia su tono firme.
—Qué pueblo más agradable… — piensa con ironía Hao.
—¿Por qué no arreglan el puente? — Coroko, fiel a su personalidad, no adorna sus palabras. Debido a su inocencia e ingenuidad. — ¿Se supone que es uno muy usado, o no?
—Hmm… — el señor mira a los jóvenes mientras piensa sus palabras. — Kalel siempre fue un pueblo tranquilo, casi que parece uno fantasma. Pero sus visitantes no lo fueron tanto. Comerciantes, turistas y más gente pasa por este sendero. Estamos ubicados en medio de la ruta más rápida y fácil para acceder a otros pueblos o al mismo palacio de Qi.
—Entiendo, pero ¿por qué no se fueron a quejar con mi pa…? Perdón, con el rey Huang — Hao se corrige rápida.
—Hua no hablar… Hua no hablar… — Hua repite bajo para sí mismo.
—Lo hicimos… Pero no pedimos cerrar esta ruta. Pedimos que se hicieran alternativas — el señor se acomoda en su silla. — Aunque nuestras palabras parecieron no llegar a oídos del rey, solo hasta las manos de un simple ayudante. "El problema no es algo tan grave como para gastar las riquezas del reino. Ahora hay problemas políticos más importantes" — nos dijeron.
—Entonces, al caerse esto les devolvió la paz, ¿verdad? — pregunta Coroko.
—Sí, pero nuestros visitantes también pusieron la queja de que se había caído. Sin embargo, recibieron la misma respuesta que nosotros.
—Problemas políticos… — Hao intenta recordar. — El reino Jin empezó a subir el precio de cosas como el hilo y la seda, y más… Y por eso empezaron a haber roces, eso creo.
—¿Cómo lo sabes? — pregunta el anciano.
—Viajamos mucho, y los rumores se extienden rápido por el país — Coroko responde antes de que Hao pueda hacerlo, para evitar que dude.
—Bueno, ya fue mucha charla. Si quieren avanzar, den la vuelta. De lo contrario, si tienen algo más, díganlo de una vez — el señor apura.