El grupo, junto a Baxian, ya ha continuado el viaje. Teniendo que rodear Kalel, este último aprovechó el viaje para explicarle lo que era el Chi a Hao, tal como se lo prometió. Dentro de la carreta, mientras Coroko la conduce.
—Es algo que fluye en todo ser viviente — le dice. — No es algo que se pueda obligar a ir a un sitio de tu cuerpo, es más bien hacer que fluya con más fuerza en la zona que se dirige. ¡Es como las velas de los barcos! ¡Estas no dirigen el viento, el viento lo hace! — Baxian come una galleta de miel de un solo bocado.
—Sí, pero… ¿de qué sirve que "fluya"? — pregunta Hao.
—¡Muy fácil! Sirve para fortalecer los músculos. Además, ¡hace que tu cuerpo se sincronice mejor!
—Me dijiste que el Chi está en los seres vivos… Pero ¿se puede ver?
—Bueno, eso es más difícil, pero se puede. Algunos lo hacían meditando hasta cansarse… O otros lo llegan a ver después de poner mente y cuerpo al límite. ¡Todo depende de qué tanto te esfuerces! — Baxian hace una pausa y queda viendo a Hao.
—¿Qué ocurre?
—¡Impresionante…! — Baxian queda atónito ante lo que ve. — ¿No sabes usar el Chi, verdad?
—No… ¿Por qué?
—¡Tienes una cantidad de Chi inmensa!
—¡Inmensa, inmensa! — repite Hua desde la parte delantera de la carreta.
Hao queda atónita ante la sorpresa.
—Una inmensa cantidad de Chi… — ella piensa por un momento. — ¡Baxian, por favor déjame ser tu aprendiz! — Hao toma las manos de este. — ¡Si me enseñas, podría hacerle frente a mi padre! — La súplica en sus palabras es notoria.
—¡Ja! — Baxian se acomoda. — ¡Por supuesto! Pero tendrás que aprender lo más básico: poder verlo, ya que de nada sirve esa gran reserva si no puedes verla por tu cuenta.
—Verlo… Dijiste que meditando era un camino, pero… ¿qué se supone que se hace mientras se medita?
—Eso tendrás que descubrirlo por tu cuenta, princesa. ¡Tómalo como tu primera lección! — Baxian se para y sale de la carreta.
—¡Espera! ¿Cómo se supone que…? — Hao sería ignorada.
—¡Coroko! ¿Estás listo para tu primer aprendizaje de tu nuevo maestro?
—¡Por supuesto! — Coroko detiene la carreta de golpe, bajándose de un salto. Una llanura, lo único que se aprecia: amplia, un sitio tranquilo por donde no hay mucha vegetación que moleste, sitio idílico para entrenar. — ¡Dime qué hago! — Coroko no tarda y empieza a calentar.
—¡Vaya energía! Pero tu entrenamiento será un poco más difícil que el de tu amiga — Baxian se baja. — Ya sabes cómo ver y hacer fluir con fuerza el Chi, pero el Chi es más que eso. Tu primera lección será fortalecerte con él mismo.
Coroko, aunque escucha, su cola se forma en un signo de pregunta como cuando conoció a Hao y a Hua, quedando con dudas en su cabeza.
—Te lo dejaré un poco más claro… — Baxian agarra un pedazo de pasto del suelo. — El Chi se puede usar de muchas formas, Coroko — este imbuye con un poco de su propio Chi al pasto, haciendo que se endurezca. — Esta energía también es parte de tu cuerpo, y al serlo, puedes darle órdenes como si fuera otro órgano. Tal como yo acabo de hacer.
—Solo hizo que se pusiera recto… — dice Hua un poco decepcionado.
—Lo que lo hace especial es que este no tiene restricciones como otras partes del cuerpo. ¡Es algo completamente moldeable! — Baxian arroja el pedazo de pasto contra Coroko.
Aunque este no reacciona a tiempo, el pasto pasaría por su costado, haciéndole un pequeño tajo en la mejilla.
—Increíble… ¡Déjame intentarlo! — Coroko agarra otro pedazo de pasto del suelo, ignorando el pequeño corte de su cara.
—¡Ja! ¡Al menos dame tiempo a explicarte cómo sacar Chi de tu cuerpo!
Coroko, sordo ante la emoción, intenta replicar la habilidad de Baxian. Intenta, intenta, pero solo está apretando muy fuerte el pedazo de pasto.
—Hua seguir sin entender… Hua no gustar… — Hua, al no poder ver el Chi, no entiende de qué se emociona Coroko.
Coroko sigue empeñado en, al menos, poder pasar un poco de su Chi. Intenta, hace fluir con más fuerza en sus manos. — ¡Vamos…!
—Relájate un poco más, niño… No es algo que se aprende viendo, se aprende con la práctica — Baxian sigue mirando cómo Coroko sigue intentando pasar Chi a ese pedazo de pasto.
Coroko no se detiene, no escucha razones. Sigue pasando Chi por sus manos. En un momento, estas brillan por la inmensa cantidad dejada salir de golpe.
—Coroko… — Baxian queda atónito ante la escena.
Pero Coroko no mediría bien la cantidad que sale, haciendo estallar el pedazo de pasto en pequeños pedazos.
—¡Lo hizo reventar! — grita Hua.
—Me pasé… — Coroko se pone un poco cabizbajo.
Baxian se sorprende por la habilidad de Coroko. — Hmph… Shao, vaya monstruo has estado escondiendo todo este tiempo — piensa para sí mismo. — ¡Coroko! Aunque fue un buen intento, todavía te falta por aprender. No solo hay que dejar salir el Chi a lo loco, tienes que aprender a medirte.
—¡Estoy lista! — Hao sale de la carreta, ya sin su vestido habitual de princesa, teniendo uno de los trajes que Coroko usa para entrenar, reajustado a mano con unas pequeñas cuerdas.
—¡Vas a oler a mono! — grita Hua.
—¿Eso no es mío? — Coroko pregunta con resignación, aunque sabe la respuesta. — ¡Prefiero oler a mono que a loro! — le responde a Hua.
—Solo lo tomaré prestado durante un tiempo — Hao se gira hacia Baxian. — ¡Te mostraré que puedo dominar el Chi en poco tiempo!
—¡Ja! ¿Tenemos mucha energía, verdad? — Baxian sube de nuevo a la carreta. — Bueno, mientras entrenan, yo tomaré un pequeño descanso.
—¡Pero si no hiciste nada en todo el día! — reclama Hao.
Baxian no la toma en cuenta y pasa adentro de la carreta para dormir.
Unos minutos pasarían. Hao se encontraba debajo de un árbol, meditando, tratando de dejar la mente sin pensamientos, controlar su respiración. Pero Hua, quien al no saber qué hacer y al estar aburrido, posado en una rama del mismo árbol, empieza a cantar con una voz que cambia de aguda a grave, y que desafina…