Día 16, Ciclo de Mareas, Año 312
—Despierta.
La voz firme de un soldado me despertó. Abrí los ojos con pesadez e intenté moverme, pero el dolor en mi cuerpo me detuvo. Aún podía sentir el ardor en la piel de las heridas que tenía en mi espalda. Estaba recostada de lado en el suelo, con las manos encadenadas detrás de mí espalda. Cuando mi vista deja de ser tan borrosa y se aclara, veo al soldado quien de milagro me miraba. Pero no era una mirada neutra, era una de odio y desprecio. Como todas las que he recibido desde que nací.
Habían dos sirvientas detrás del soldado. Al menos tenían el rostro inexpresivo.
El soldado me empuja fuera de la celda y dice:
—Las acompañarán dos guardias por cualquier cosa —. Las sirvientas asienten y comienzan a caminar—. ¿Qué esperas? ¡Muévete! —recibí un empujón del soldado. Sin decir nada obedecí.
Al salir del calabozo, las sirvientas iban delante mío guiándome por los pasillos del palacio. Dos guardias iban detrás mío, los dos estaban armados de espadas. Nos detuvimos frente a una puerta y las sirvientas la abrieron. Entré cuando ellas entraron y había otras 3 sirvientas más.
Las sirvientas cierran las puertas dejando a los soldados afuera. Estábamos dentro de una habitación. No cualquier habitación, era mi habitación. La habitación en la que solía dormir, en la que solía jugar con mis niñeras, en la que solía pasar encerrada desde los 5 años. Varios recuerdos de hace años invadieron mi mente y llenaron de nostalgia mi corazón. No podía negarlo, extrañaba mucho esta habitación.
«Un momento, ¿qué fecha es hoy? O más bien dicho ¿qué año?»
—Bien, te hemos seleccionado un vestido real. Ve y cámbiate, no tardes mucho ya que…
—¿Qué…fecha es hoy? —interrumpí esperando que la mujer no me vaya a lanzar una mirada reprochadora.
—Es el decimosexto día del Ciclo de Mareas —dijo suspirando y en efecto, me dedico una mirada reprochadora.
—¿Pero qué año? —insistí.
—Año 312 —abrí mis ojos con sorpresa eso significaba que…
—Tienes 17 años, Lyra. Has pasado encerrada en esa celda por…
—5 años —. Termino de decir. Me quedo callada pensando. Estar encerrada durante cinco años se ha sentido tan vacío y a la vez tan lento.
—En fin, no pierdas tiempo. Dentro de una hora vendrán los reyes de Elyndor con su heredera. Así que báñate y cámbiate, el vestido está en el armario. Nosotras te esperamos afuera.
Las sirvientas comenzaron a retirarse, para luego cerrar la puerta y dejarme sola. El cuarto era muy amplio tal como lo recordaba, una cama grande pegada en el centro de la pared derecha, ventanas grandes al frente, dos puertas en la pared izquierda, una alfombra roja en el centro.
«No ha cambiado nada»
Abrí la primera puerta que estaba en la pared izquierda para entrar al baño, una bañera hecha de cuarzo, un gran espejo, un tocador, un estante de toallas, inodoro y papel higiénico. Suspiro y me quito la ropa que traía. Que por cierto estaba sucia, era una camisa rasgada y un pantalón con hoyos. La tela en sí ya estaba desgastada. Me miro al espejo, ahí a la vista estaba la marca. Una marca en mi abdomen, que marcó mi vida para siempre. Una marca negra, que maldijo mi vida. Sin ella de seguro todo sería mejor. Pero no fue así, con esto nací y no puedo hacer nada para cambiarlo. Una marca negra que parecían grietas en mi abdomen.
«De seguro por eso tus padres se avergüenzan de ti. Es la razón por la cual te tratan así. Porque no sos nadie. Solo un…»
Sacudo mi cabeza y dejé de verme en el espejo y me meto a la bañera. El agua se sentía tibia. Al sumergir mi cuerpo en el agua sentí un ardor y suelto un quejido. Soporto el ardor como puedo y me siento. El agua llegaba justo por debajo de mi cuello. Respiro hondo para relajarme y cierro mis ojos para luego sumergirme en el agua por completo. Intenté relajar mi cuerpo, pero estaba tenso. El dolor se sentía leve, pero era molesto.
Estuve así unos minutos. Después me quité la suciedad qué había acumulado durante estos 5 años. Para luego después de unos minutos salir del baño en una bata. Voy a la otra puerta que estaba en la pared izquierda y la abro. Ese era el armario, ahí estaba el vestido colgado. Había otro espejo y muchos armarios llenos de vestidos y ropa. Ahora que me veo mejor en el espejo, tenía marcas rojas y moretones por toda mi espalda. Incluso rasguños donde se veía la piel con puntos rojos, era sangre. Líneas qué cruzaban por toda mi espalda, incluso en algunos la piel se me había levantado, como si fueran raspones.
Paso mis dedos por un moretón que estaba en mis costillas un poco debajo de mis pechos. Suelto un leve siseo al sentir como me dolía, ni siquiera presionaba, solo rozaba la punta de mis dedos la superficie del moretón.
Dejo de verme en el espejo y miro al vestido. Era un vestido blanco, con un degradado de un violeta suave que iba hacia abajo del vestido. No era un vestido exagerado de princesa, tenía una abertura al lado, que iba de la mitad hasta el final. Tenía tirantes finos y los hombros quedarían descubiertos pero adornados con un suave volante. Ajustado de la cintura y suelto por debajo.
Luego de unos minutos salí del armario con el vestido puesto, justo a la talla. Me dirigí a la puerta del cuarto y la abrí. La criada que estaba a cargo entró con las demás y cerraron la puerta.