Corona De Fuego Azul

CAPÍTULO 2: EL REFUGIO ANALÓGICO

Cuatro horas y un cambio de tren después, Auren pisaba los adoquines sintéticos de Novastra. El sistema de transporte de la capital funcionaba con la precisión de un reloj: sin retrasos, sin suciedad y sin alma. Las luces de la ciudad parpadeaban dándole una bienvenida fría mientras se ajustaba la mochila y se mezclaba con el turno de noche de los obreros.

Caminó hacia la Zona Residencial B del Sector 4. Los edificios aquí eran bloques blancos idénticos, limpios hasta la obsesión, diseñados para gente que no hacía preguntas.

Al pasar frente a la tienda de conveniencia de la esquina, una voz familiar rompió la monotonía del zumbido eléctrico.

—¡Buenas noches, Oficial Auren!

Auren se detuvo, tensando los hombros. En la entrada de la tienda, bajo el neón azul, estaba Helena. Tenía esa sonrisa pícara que no había cambiado desde la academia militar y le dedicó un saludo castrense exagerado y burlón.

Auren suspiró, bajando la guardia solo un milímetro. —Helena. Hoy no es un buen momento —dijo, con la voz rasposa por el humo de Kraz—. Estoy molido.

—No seas así de frío, hombre —respondió ella, ignorando su tono cortante y acercándose con pasos ligeros—. Hacía casi un mes que no se te veía el pelo. Últimamente te la pasas de "viaje de negocios". ¿Ya no vas a trabajar en el taller de reparaciones?

—Aún tengo asuntos pendientes fuera —cortó Auren, ajustándose la correa de la mochila—. Debo salir otra vez pronto. Nos vemos, Helena.

Helena puso los ojos en blanco. Dio un paso rápido y, de forma juguetona, le presionó una lata de café tibio contra la nuca para despabilarlo.

El instinto de Auren se disparó antes que el pensamiento.

Giró sobre sus talones con una velocidad letal. Su mano izquierda salió disparada, interceptando la muñeca de Helena y torciéndola con fuerza suficiente para desarmar a un enemigo.

Helena soltó un jadeo de sorpresa, abriendo mucho los ojos. El movimiento brusco sacudió su cabello, y un sonido agudo y peculiar cortó la tensión de golpe: cling, cling.

Auren se congeló. Sus ojos se clavaron en la gruesa cuerda trenzada de crin de mamut que recogía el cabello de la chica, donde un pequeño cascabel de hueso se balanceaba suavemente.

Ese rítmico cling, cling del Lazo de Escarcha fue el ancla que el cerebro de Auren necesitaba. La bruma del combate y la paranoia de la frontera se disiparon al instante al reconocerla.

Soltó la muñeca de la chica como si le quemara, dejando escapar un suspiro tembloroso. Helena se frotó el brazo lentamente. La lata de café que sostenía se había agitado con violencia, pero no cayó.

Se quedaron en silencio un segundo. Auren, con la respiración agitada y la mirada inyectada en adrenalina; Helena, con la muñeca apresada, mirándolo no con miedo, sino con una tristeza profunda que intentó disimular con una sonrisa torcida.

—Yo también hice el servicio militar, Auren —dijo ella suavemente, sin tratar de alejarse—. Pero tú sigues en la trinchera. Los entrenamientos y las misiones ya terminaron. Descanse ya, soldado.

Auren parpadeó, la realidad de la calle limpia superponiéndose a sus reflejos de supervivencia. Se frotó la cara con la mano sucia, abrumado por la culpa.

—Lo siento —murmuró—. Solo... estoy cansado. ¿Podemos hablar otro día?

Helena le tendió la lata de café otra vez, ahora con más cautela. —Claro... Tómalo. Parece que lo necesitas más que yo.

Auren aceptó el aluminio tibio. Le dio las gracias con un gesto mudo y se alejó rápido, sintiendo la mirada de ella clavada en su espalda.

Caminó el resto de la cuadra bajo el zumbido constante de las Torres de Resonancia. Esas agujas de cristal vibraban en una frecuencia baja que le taladraba los dientes, recolectando maná ambiental para las baterías de la ciudad.

Llegó a su puerta, idéntica a todas las demás en el pasillo interminable del bloque. Mientras metía la tarjeta llave en la ranura, la imagen de la sonrisa preocupada de Helena se le quedó grabada en la retina.

Energía desbordante y preocupación genuina, analizó fríamente, desglosando la interacción como si fuera un motor defectuoso. Imitarla me ha sacado de muchos apuros antes.

—Se lo compensaré —murmuró para sí mismo.

La puerta se deslizó con un susurro hidráulico y el aire del interior lo golpeó. No olía a ozono ni a plástico caliente como el resto de la ciudad; olía a lavanda seca, cera vieja y papel.

Su apartamento era una anomalía en Novastra. No había pantallas encendidas, ni asistentes domésticos esperando órdenes. Las paredes estaban cubiertas de estanterías hechas a mano, repletas de antigüedades y reliquias que había rescatado en sus viajes. En cada rincón, plantas de interior crecían con un vigor que desafiaba la luz artificial, y aunque su verdadero lugar de trabajo estaba en otra parte de la ciudad, un panel con herramientas mecánicas perfectamente ordenadas cubría una de las paredes. Era un refugio analógico en un mundo digital.

Auren cerró la puerta y bloqueó los tres cerrojos manuales que había instalado.

Fue directo a su habitación. Dejó la mochila sobre la mesa de trabajo y sacó el Libro Metálico envuelto en trapos. Pesaba una barbaridad. Al tocarlo con las manos desnudas, el objeto no se sentía frío como el acero normal; irradiaba una calidez suave, reconfortante. Lo dejó sobre la mesa con cuidado.

Se arrodilló junto a la cama y arrastró una caja larga de metal negro que guardaba bajo el colchón. La abrió con una llave pequeña que llevaba colgada al cuello.

El Piolet Híbrido descansaba sobre terciopelo rojo, brillando bajo la luz tenue de la lámpara de escritorio.

Era una contradicción hermosa. El acero militar de Kraz unido a la madera viva del árbol de su madre. El arma perfecta para él, pero una sentencia de muerte si intentaba cruzar la frontera con ella. En Nemyris, esa mezcla de tecnología y magia lo llevaría directo a la hoguera. Con un suspiro de resignación, volvió a cerrar la caja y la empujó a la oscuridad bajo la cama. El cansancio finalmente le ganó la batalla al instinto; se dejó caer sobre el colchón y el sueño lo tragó de golpe.



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En el texto hay: magia, fantasia oscura, slow burn

Editado: 29.03.2026

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