Coronas de fuego y hielo

Capítulo 4: El Castillo de los Secretos

El viaje hacia la Fortaleza de la Frontera dura tres días infernales en un carruaje real donde el silencio es tan denso que casi se puede cortar. Al llegar, el panorama es desolador: una edificación de piedra gris rodeada de niebla permanente, justo en el límite donde las tierras congeladas del norte se encuentran con las llanuras volcánicas del sur. Es un lugar diseñado para la neutralidad, pero se siente como una prisión de lujo.

Los sirvientes los guían a sus respectivas alas del castillo, conectadas únicamente por una enorme biblioteca central y un comedor común. Aria inspecciona sus habitaciones, decoradas en tonos fríos, y suspira aliviada al estar lejos de la sofocante presencia de Damian. Sin embargo, la paz dura poco. Esa misma noche, incapaz de conciliar el sueño por la extraña energía del lugar, Aria camina descalza hacia la biblioteca en busca de un libro sobre la historia de la frontera.

Al abrir la pesada puerta de roble, encuentra la estancia iluminada únicamente por el fuego azul de una chimenea mágica. Sentado en un sillón de cuero está Damian, sin la chaqueta del traje, solo con su camisa negra desabrochada en el cuello y sosteniendo un viejo manuscrito. La luz de las llamas resalta las líneas de su tatuaje y las facciones duras de su rostro. Al notar la presencia de Aria, él levanta la vista, perdiendo por un segundo su máscara de arrogancia para mostrar una expresión de pura sorpresa.

—Parece que la princesa no duerme bien en tierras salvajes—, dice, recuperando su tono burlón mientras cierra el libro de golpe.

Aria da un paso al frente, notando que el manuscrito que Damian intentaba ocultar lleva el sello prohibido de los Antiguos Magos de la Discordia.




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