Tres semanas pasan en un ciclo continuo de desconfianza, entrenamientos compartidos y cenas silenciosas. Sin embargo, la rutina se rompe cuando una alerta mágica resuena en las torres del castillo. Los centinelas informan sobre extrañas anomalías térmicas en el Bosque de los Lamentos, un territorio neutral cubierto de nieve perpetua que separa ambos reinos.
Sin avisar a sus respectivos consejos para evitar el pánico político, Aria y Damian deciden investigar por su cuenta. Montados en dos imponentes corceles negros, se adentran en el espeso bosque blanco. Aria viste una pesada capa azul con bordes de piel crema, mientras que Damian lleva un abrigo militar negro con botones dorados, manteniendo su corona guardada pero su actitud real intacta.
El silencio del bosque es sepulcral. A medida que avanzan, los caballos comienzan a inquietarse. Aria levanta la mano, ordenando detenerse. Desciende de su montura y se arrodilla en la nieve, observando algo perturbador. «Damian, ven a ver esto», llama, perdiendo su habitual tono frío por uno de genuina preocupación.
Damian se acerca y se agacha a su lado. En el suelo hay una serie de huellas profundas, pero no pertenecen a ningún animal conocido. Los bordes de la nieve alrededor de las pisadas están carbonizados, pero no con ceniza gris normal, sino con un residuo viscoso y completamente negro que parece absorber la luz del día.
Damian se acerca y se agacha a su lado. En el suelo hay una serie de huellas profundas, pero no pertenecen a ningún animal conocido. Los bordes de la nieve alrededor de las pisadas están carbonizados, pero no con ceniza gris normal, sino con un residuo viscoso y completamente negro que parece absorber la luz del día.
«Es magia de la Sombra», murmura Damian, tocando el residuo con el dedo cubierto por su guante de cuero. Al contacto, una pequeña chispa de su fuego elemental salta de forma violenta, como si el residuo intentara consumir su poder. «El libro tenía razón. No es un mito del pasado. Están cazando cerca del castillo». Aria se levanta, mirando la inmensidad del bosque oscuro. El viento invernal azota su cabello, pero esta vez, el frío no proviene de su propia magia. Se siente observada.