Al día siguiente retomamos nuestro viaje, conseguir una escama de dragón era lo siguiente en la lista, pero para esto teníamos que ir a otra dimensión. Con tan solo saber que estaríamos cerca de una criatura mitológica, como esta, daban escalofríos. En todas las películas que veía sobre dragones, se veían grandes, que te pueden comer con tan solo abrir su boca, o hacerte ceniza con su aliento de fuego.
Había sido igual cuando fuimos con Ramsés, nadie nos estaba esperando, pero algo había cambiado, el lugar parecía ser de la edad media. Los trajes de las personas que pasaban era como si las hubieran sacado de una película, aunque con Zareb también había carretas empujadas por caballos, esa vez había algo diferente.
—Creo que tenemos que caminar entre los árboles —dijo Nelly—, así no llamaremos mucho la atención por nuestra ropa.
—Tienes razón.
Corrimos hasta llegar a los árboles, estando ahí saque mi brújula, era seguro que nos guiaría hacia la persona que nos iba a acompañar. Teníamos que bajar por un sendero.
—¿Estás seguro que es por aquí? —preguntó Nelly.
—La brújula marca por este camino.
Cada vez que bajábamos se volvía más difícil. Después de quince minutos, pudimos visualizar una casa hecha de madera. La brújula marcaba aquel lugar, solo faltaba bajar unos pocos metros. Estábamos a punto de seguir caminando cuando algo detrás de nosotros hizo que nos detuviéramos.
Entre los árboles y arbustos se escuchaba como algo se acercaba a nosotros, hizo que tragará saliva. No teníamos nada con que defendernos, hasta que vi una roca lo suficientemente grande para poder usarlo por si nos atacaba, la agarré y por instinto me puse delante de Nelly, ella tomó la rama que se encontraba tirada en el suelo.
Nuestras respiraciones se volvieron más pesadas, era notorio nuestro miedo, pero la adrenalina hacía que estuviéramos preparados para defendernos si era necesario. No sabíamos si se trataba de algún animal o de una persona, posiblemente era él cazador, que estaba dispuesto a matarnos en ese preciso momento.
Se acercaba cada vez más, y con ello la ansiedad de saber de qué se traba. Cada segundo se hacía visible una silueta de una persona.
—Chicos tranquilo, soy un guardián —escuché decir.
Entre los árboles salió un hombre de unos 40 o 45 años, era alto tal vez como de 1.80, su cabello era negro y un poco ondulado, sus ojos eran cafés que resaltaban de su piel pálida. En una de sus manos nos mostraba un collar que tenía un cuarzo de color rosa, un signo que era verdad lo que decía.
Al ver eso, pudimos soltar el aire que habíamos retenido Nelly y yo, dejamos caer lo que habíamos levantado para defendernos.
—Perdón por asustarlo —se disculpó el hombre—, cuando fui por ustedes ya no estaban, así que vine a buscarlos.
—Pensamos que se trataba de alguien más —dije un poco apenado.
—Lo entiendo, vamos a mi casa —dijo mientras apuntaba con la cabeza a la dirección contraria de la que apuntaba la brújula.
—¿No es esa? —preguntó Nelly apuntando a la casa que se encontraba abajo.
—La brújula nos guio hasta esa casa —dije enseñando la brújula.
Al volver a ver hacia donde apuntaba el objeto, había cambiado de dirección hacía el hombre. En su rostro apareció una pequeña sonrisa.
—En esa casa vive otro guardián —comentó—, es posible que los estaba guiando con él, pero yo seré su compañero desde hoy en adelante.
Entre Nelly y yo nos miramos por unos momentos, era evidente que estábamos confundidos y no estábamos muy seguros de confiar en el hombre, pero él tenía un cuarzo, así que, se trataba de un guardián, los dos decidimos seguirlo. Durante el camino nos mantuvimos en silencio hasta que el hombre habló.
—Que maleducado soy —dijo al volteándonos a ver, ya que iba delante de nosotros—, mi nombre es César —Iba hablar, pero fui interrumpido —. Sé que tú eres Andrei.
Eso nos tomó de desapercibidos a Nelly y a mí, ¿Cómo sabía mi nombre?, acaso, ¿era un adivino o algo parecido?, era lo que me preguntaba.
—No se asusten —volvió hablar el hombre deteniéndose en una casa para abrir la puerta—. Tu abuela me mandó Nelly.
Al abrir la puerta, entramos a la casa Nelly y yo, detrás de nosotros César cerrando la puerta. Con la mano nos indicó que nos sentábamos en las sillas de madera, él hizo lo mismo, sentándose en una que quedaba enfrente de mí.
—Se suponía que Simón los acompañaría —empezó hablar César—, pero lo que hizo el cazador con él, era muy arriesgado que estuviera con ustedes. Zareb hubiera sido de buena ayuda, pero su hijo está a punto de nacer, y los chicos que conocieron, todavía no están preparados para algo así.
—Usted...
—Háblenme de tú —fui interrumpido por César—, así me siento menos viejo.
—¿Nos ayudaras a conseguir las dos cosas que hacen falta? —Él asintió—, ¿Sabes que nos están siguiendo?
—Sí, pero estando conmigo, no les pasara nada.
Esperaba que así fuera, había algo familiar en ese hombre, como si lo conociera de antes, pero no sabía, era probable que me hubiera encontrado a su otro yo, que vive en mi línea. Pero no me quería quedar con la duda.