Preparamos algunas cosas para ir con el dragón, César nos dijo que tardaríamos un día en llegar a la cueva en donde se encontraba. Como no contábamos con algún tipo transporte para podernos llegar al lugar, eso significaba que teníamos que ir caminando, era cansado y agotador con tan solo pensarlo. Así que preparamos cantimploras con agua, y algunas frutas.
César cargó su Katana, que nos ayudaría a protegernos. Por fortuna mi linterna todavía servía así que no teníamos que llevar lámparas de petróleo. César fue el encargado de llevar la mochila con las cosas, a pesar de su edad, tenía una buena condición física.
Caminamos la gran parte del trayecto, ya que, en ocasiones nos encontrábamos a personas con carretas que nos acercaban un poco más a nuestro destino. Después de algunas horas llegamos a un pueblo.
En las calles habían puestos de diferentes cosas, parecía ser un tianguis de ropa, artesanías, diferentes utensilios, pero también había algunos puestos que vendían comida preparada. Cualquier turista estaría celoso por no ver eso, era como viajar a un lugar del mundo que no existía, aunque técnicamente eso era, estábamos en una dimensión diferente.
César se detuvo enfrente de nosotros, de su bolsillo sacó una bolsa en donde tenía guardado moneras color doradas, lo más probable eran hechas de oro.
—Tomen esto —dijo el hombre entregándonos diez monedas doradas —, compren lo que quieran, los veré en media hora, en el centro del pueblo. Tengo que hacer algunas cosas.
Dijo César antes de marcharse, iba decir algo, pero el hombre desapareció entre la gente, Nelly y yo compartimos miradas.
—¿No crees que el cazador vendrá? —Pregunté un poco preocupado, él era el único que tenía algo con que protegernos.
¿Cómo era posible que nos dejara solos?, acaso, ¿no recordaba que encontraron un cuerpo el día anterior?
—Posiblemente César se dio cuenta que no se encuentra en este lugar —dijo Nelly tratando de sonar tranquila, pero su voz delataba que tenía un poco de miedo—. No creo que nos haga algo a plena luz del día y con gente como testigo.
Era cierto, la persona que intentara hacernos daño, tendría como testigo a varias personas. Empezamos a caminar por los puestos que estaban, no había nada que me interesará, la ropa no era de mi estilo y no necesitaba nada de los objetos que venden.
—Hace calor —dijo Nelly mientras movía la mano en forma de abanico.
—Si no te hubieras puesto un pantalón de mezclilla debajo del vestido, creo que estarías más fresca.
—Es posible que vamos a pelear con un dragón, no quiero enseñar mucho, además que no soy fanática de los vestidos.
César le había dicho a Nelly que tenía que usar vestido para pasar desapercibida con la gente, aunque había mujeres con pantalón, era porque pertenecían a un gremio, o algo parecido. Para evitar confusiones, ella tenía que usar vestido, enojada se lo puso encima del pantalón y de una camisa de tirantes.
Me detuve en un puesto en donde se exhibía diversas cosas hechas de metal, cubiertos como cucharas, tenedores, cuchillos, diferentes figuras, brújulas, pero en especial navajas. Como perdí la mía, tenía que conseguir una igual, o algo parecido.
Aunque no tenían exactamente una navaja suiza, tenían algunas que podían funcionar. Había de diferentes tamaños, algunos grandes, medianos y pequeños, tomaba uno por uno para verlo con detalle.
—¿Buscaba alguna en especial? —Preguntó un hombre con barba canosa.
—No estoy seguro —dije mientras me rascaba la nuca, no sabía que es lo que quería, o si compraría alguna—. Tal vez alguna navaja de bolsillo, o algo parecido.
—Tengo algunas que te gustarán.
El hombre tomó una caja que tenía debajo de la mesa de madera, y se acercó a mí. En la caja tenía diferentes, algunas eran como navajas españolas, mientras que otras tenían su propia funda hecha de cuero. Las que más me llamaron la atención eran las de estilo española, porque eran fáciles de guardar.
Lo que se diferenciaba cada una era por el mango, unas estaban hechas de metal, otras de madera y algunas de cuernos de algún animal, posiblemente de ciervos. Pero hubo una que llamó mi atención, era completamente negra, tanto la hoja como el mango.
—Todo está hecho de hierro —dijo el hombre al ver mi expresión, lo que más me llamaba la atención era el dragón grabado en el mango—. ¿Te gusta?
—Sí, ¿Cuánto? —Pregunté, esperaba que estuviera dentro de mi presupuesto.
—¿Cuánto tienes?
—Cinco monedas.
—Lo aceptaré, ya que no eres de aquí, quiero que te lleves un recuerdo del pueblo.
Eso me confundió.
—¿Cómo sabes eso? —Pregunté con el ceño fruncido.
—Digamos que a veces nos damos cuenta de ello, pero no te asustes, que soy parte de los buenos. Ten cuidado con la navaja, está algo afilada.
Saqué el dinero y se lo entregue, guarde la navaja en el bolsillo de mi pantalón. Caminé en búsqueda de Nelly, se encontraba en un puesto de accesorios, como pulseras, collares y aretes.
Antes de llegar con ella, se dio la vuelta quedando enfrente de mí, iba hablar, pero fui interrumpido por la chica.