Corrompido

26

Ya teníamos la escama de dragón, solo faltaba conseguir el agua de manantial, era lo último en la lista, tuvimos que viajar a otra dimensión. Al llegar al nuevo mundo, de inmediato fuimos a la cuenca acuífera.

La abuela de Nelly le había entregado un mapa, en el cual, indicaba en donde se encontraba el manantial, caminamos por dos horas y no habíamos visto ninguna señal de agua.

—Se supone que debería estar aquí —dijo Cesar—, ¿no es así, Nelly?

La chica volvió a ver el mapa y asintió con la cabeza, en el lugar se notaba que hubo presencia de agua, la tierra estaba agrieta por la falta de humedad.

—¿Qué vamos hacer ahora? —Pregunté mirando a César.

—Hay que preguntar si alguien sabe lo que sucedió —dijo el hombre poniéndose las manos en la cintura mientras examinaba el lugar—. Hay un pueblo cerca de aquí, como a quince minutos.

Seguimos a César, hasta llegar a un pequeño pueblo, las calles, como las casas y la gente era normales. Llegamos a una tienda, al entrar el hombre que atendía nos saludó.

—Buenas tardes —dijo con una gran sonrisa amistosa.

—Buenas tardes —saludamos al mismo tiempo.

En el lugar se encontraban algunos estantes con comida empaquetada, galletas, pan, frituras, sopa instantánea, entre otras cosas. César se acercó a los refrigeradores para tomar unas botellas con agua, se acercó al hombre para pagar.

—¿Sabe que le sucedió al manantial? —Preguntó César mientras ponía las cosas sobre el mostrador.

—Nadie sabe qué es lo que sucedió —dijo el hombre mientras tecleaba los precios en la calculadora—, solo nos levantamos y ya estaba seco.

—Amigo —dijo César para llamar la atención del hombre—, ¿Desde cuándo está seco?

—Desde la semana pasada, el alcalde nos dijo que llamaron a científicos para que vengan a descubrir lo que está pasando. Las mujeres han dicho que se trata de una maldición, pero ya sabe, son puras palabrería.

—Claro —susurro César pensativo, aquello dicho por el hombre no nos daba ninguna información precisa de lo sucedido.

—¿Algo más? —Dijo el hombre con una sonrisa.

—¿Quieren otra cosa? —Preguntó César mirándonos.

—Unos cigarros y un encendedor —dije, de inmediato pude sentir la mirada de Nelly queriéndome matar.

La ansiedad de fumar se hacía cada vez más fuerte desde que no teníamos el cristal. Volteé a verla con las manos en los bolsillos, pude notar enfado en su mirada, pero solo la ignoré.

—¿Nelly, quieres algo? —Preguntó César a la chica.

—Nada, estoy bien.

César pago, ya que era el único que tenía dinero, pero en todo este tiempo me di cuenta que no era el mismo tipo de moneda, cambiaba en algunas cosas, como el color y tamaño. César era nuestra salvación porque sabía en qué línea o dimensión era el tipo de moneda que utilizaban.

—¿Sabe de algún hotel cercano? —Preguntó César.

—Hay uno en unas cuantas cuadras.

Después de que nos dio las indicaciones, caminamos por el pueblo, las personas pasaban tranquilamente, por un momento les tenía envidia, verlas caminar sin ninguna preocupación, o al menos no saber que están al filo de la muerte. Me acerque a César para poderle preguntarle algo.

—César —dije para llamar su atención, él me volteo a ver—, en este lugar, ¿existimos?

—No, ninguno de los dos, así que no hay de qué preocuparse.

—¿Qué sucedería si nos llegáramos a ver?

—No pasaría gran cosa, pero creo que si sería un poco traumático para la persona que no sabe sobre que existen de otros mundos parecidos al suyo.

Al llegar al hotel César pidió dos habitaciones, pero para nuestra mala suerte solo había una, ya que había un festival en el pueblo y las personas de otros lugares se hospedaban ahí. Por lo menos en la habitación que nos asignaron tenía dos camas individuales y un sillón lo suficientemente grande para que alguien pudiera dormir en ella.

—Bien —dijo César al entrar a la habitación—, alguien tendrá que dormir en el sillón, creo que ese seré yo, ustedes duerman en las camas.

A mí me tocó la cama que se encontraba cerca de un balcón. El hotel era de dos plantas, así que nos tocó en la parte de superior, había un pequeño balcón se asomaba a un jardín un poco seco, no era una hermosa vista para ser sincero.

El hotel contaba con un pequeño restaurante, decidimos ir después de dejar nuestras por cosas, por fin comería algo que no hubiera tenido vida minutos antes de ser preparado, estaba agradecido que César se encargara de la comida, pero me era un poco repugnante ver rastros de sangre fresca en los animales.

Al estar en el restaurante mi estómago no estaba de acuerdo conmigo, solo veía el pedazo de filete enfrente de mí, no tenía hambre. Solo quería ir a descansar, me sentía agotado, era probable que se debiera al no poder dormir toda la noche.

Una persona y un demonio estaban detrás de mí, con un mismo objetivo, matarme, uno para tener algún tipo de poder y el otro se dedicaba hacer sufrir las personas, para posterior matarlas y obtener su alma corrompida.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.