Sentí como alguien agarró mi hombro haciendo que abriera mis ojos, la oscuridad rodeaba la habitación, solo entraba un poco de luz que se filtraba de las lámparas por las cortinas. Volteé lentamente para ver quien me estaba hablando, pero me alejé al ver la figura de una mujer.
Sus ojos verdes me miraban con intensidad, parecía como si se encontraba molesta conmigo, pero en su rostro mostraba una sonrisa siniestra y de ella salió un líquido negro, extendió su mano intentando alcanzarme, pero me aparté.
—Pronto nos volveremos a ver —dijo Neydi con voz fría, un escalofrío recorrió mi cuerpo.
Abrí los ojos, y voltee hacia mi derecha, no había nadie cerca de mí, me enderece para tranquilizar mi respiración. Desde que perdimos el cristal, las pesadillas regresaron, pero eran mucho peor que antes. Con la poca luz que se filtraba por el balcón, miré la hora en mi reloj que marcaban las 3:30 am.
La misma hora que en la que me despertaba días anteriores, solo necesitaba un cigarro y volver a dormir. Tomé la cajetilla que se encontraba en la mesita de noche a un costado de mi cama, pero para mí mala suerte, no quedaba ninguno. Ahí mismo se encontraba la roca, cada día se fractura más. Estábamos contra reloj, tenía que deshacerme de la ella pronto.
Nelly y César seguían durmiendo, bien le podía haber robado algún cigarro a César, pero también se le habían terminado. Solo existía una manera en conseguir por lo menos uno, me puse las botas y caminé hasta llegar a las cosas de César, en todo momento lo volteaba a ver para asegurarme que no se despertara.
Con cuidado abrí la bolsa de su mochila, la cual sabía que guardaba su billetera, no estaba seguro de cuánto costaban, así que tome algunos billetes, la regrese y acomode la mochila de la misma manera, para que no pudiera sospechar.
Camine a la recepción, el hotel tenía servicio las 24 horas así que era seguro que alguien estuviera atendiendo, los pasillos estaban iluminados, cuando llegue vi a un chico en la recepción.
—Hola —saludé al llegar con él.
—Hola ¿necesitas algo? —preguntó con una sonrisa.
—No exactamente, solo quiero saber si hay alguna tienda o licorería abierta a estas horas.
—Sí, hay una licorería que cierra hasta las cinco de la mañana, se encuentra como a tres cuadras a la derecha.
—Gracias —le di una sonrisa amigable.
Salí del hotel y caminé por donde me había dicho, las calles estaban desiertas, no había nadie caminando, en ocasiones pasaban autos o motocicletas, metí las manos en mi sudadera, ya que estaba haciendo un frio que entumecían mis dedos.
Al llegar al lugar note que era una especie de ventana con rejas, posiblemente era utilizadas como protección, para que no fueran capaz de asaltarlo. Al otro lado de la ventana se encontraba un hombre de mediana edad, con un bigote gris.
—Buenas noches —saludé, poniéndome enfrente de la ventana.
—¿Qué vas a llevar? —Preguntó el hombre, no era muy amigable.
—Unos cigarros.
El hombre los tomo y los puso enfrente de mí.
—¿Algo más? —Volvió a preguntar el hombre, sabía que más quería.
—¿Para qué bebida me ajusta con esto? —Pregunte sacando el dinero que le había tomado a César.
—Para esto —dijo el hombre enseñando una botella transparente de vodka.
—Bien.
El hombre puso las cosas en una bolsa de papel para poder ocultar lo que tenía adentro. Caminé en búsqueda de donde poder tomar y fumar con tranquilidad, decidí adentrarme al bosque, no muy profundo, no quería perderme, me detuve cuando encontré una banca.
Abrí la cajetilla de cigarros, saque uno y me lo lleve a la boca, al igual que el encendedor, y lo encendí dándole una calada, destape la botella del Vodka y le doy un gran trago, al instante el líquido raspo mi garganta, pero no me importo, así que le volví a dar otro trago.
El silencio del lugar era relajante, solo se podía escuchar algunas ramas rechinar, y lo único que me iluminaba era la luz de la luna, faltaban más de dos horas para que el sol saliera.
†
Abrí los ojos al sentir el sol que golpeaba mi rostro, me senté en la banca pasándome las manos por el rostro, no sabía en qué momento me había quedado dormido, miré el reloj de mi muñeca, marcaban las diez de la mañana.
Esperaba que César ni Nelly se hubieran levantado y percatado que no me encontraba en la habitación. Tenía un fuerte dolor de cabeza y no soportaba la luz del día, era evidente que estaba con resaca, volteé a ver la botella que se encontraba a un costado de mí, se hallaba un poco menos de la mitad y me había fumado por lo menos la mitad de los cigarros.
Me puse de pie para regresar al hotel, tenía que llegar lo antes posibles, por suerte recordaba el camino de vuelta, así que no me perdería fácilmente. Le di un gran trago a la botella antes de aventarlo contra el suelo, no podía regresar con algo así al hotel, di la vuelta a mi derecha y comencé a caminar, solo miraba el suelo intentando de no caer, pero me detuve al escuchar algo.
—¿No vas a invitar? —Preguntó una voz gruesa detrás de mí.
Volteé lentamente hasta quedar enfrente del hombre con sombrero, tenía una sonrisa sínica de oreja a oreja—. ¿Por qué tan sorprendido?, acaso, ¿pensaste qué te librarías de mi con facilidad? —Dijo el cazador, metiéndose las manos en el bolsillo, como si hablara con un amigo.
—No tengo la obsidiana —dije.
—Lo sé, pero estas aquí, en un lugar desolado, en donde nadie te escuchara gritar.
Pasé saliva, ese lugar era perfecto para matarme y que nadie se diera cuenta, me di la vuelta para correr.
—¡Eso es inútil Andrei! —Gritó el hombre.
Hice caso omiso a lo que dijo, corrí lo más rápido que pude, hasta que sentí como algo me tomó por el tobillo, haciéndome caer y que golpeara mi la cabeza contra una roca, quedando inconsciente al instante.
Al despertar y lo primero que siento es el dolor de cabeza, abrí un poco los ojos, vi algunas hojas secas, y ramas en el suelo, estaba siendo arrastrado boca abajo, a mi lado derecho alguien estaba caminando, intenté agarrarlo del tobillo para poder hacer que tropezará. Estaba a punto de hacerlo, pero él me pisó la mano antes de hacerlo.