Corrompido

30

"El hombre está hecho de material corrompible"

08:00 am, 31 de octubre de 2020.

Recordaba una y otra vez esas palabras que Yoali me había dicho, el alma de un hombre se corrompe por sus acciones, por las cosas que hace mal y pueden dañar a terceros. Eso es lo que había hecho yo en los últimos tres días.

Maté a un hombre, a pesar que me estuviera defendiendo, fue lo suficiente para que la roca se cuarteara más, además, desde ese día Nelly no me dirigía la palabra y solo me evitaba.

Ya habían pasado tres días, y cada vez la obsidiana se oscurecía más, paso de ser una roca de un negro brillante parecido a un vidrio a algo opaco y lleno de grietas. El manantial seguía seco, no había forma de conseguir agua en ningún lado. Era 31 de octubre, el día en donde el mundo de los vivos como el de los muertos se juntan, y cuando los demonios se hacen más fuertes, teníamos que deshacernos de la roca lo antes posible.

—Andrei, ¿estás listo? —preguntó César cuando termine de abrochar mi bota.

—Sí —contesté al pararme de la cama.

Estábamos dispuestos a conseguir agua a cualquier costa, eran las ocho de la mañana, así que tendríamos tiempo para llegar al lugar en donde se suponía que surgía el agua del manantial. Con suerte, encontraríamos un poco del líquido que nos ayudaría.

Nelly entro a la habitación, César considero que era mejor que ella estuviera en otra después de lo sucedido.

—¿A dónde vamos? —Preguntó con el ceño fruncido—. ¿Por qué no me avisaron nada?

—Vamos a ver si conseguimos un poco de agua —dije metiendo algunas cosas a la mochila, sin voltearla a ver—. No vas acompañarnos.

—¿Por qué? —preguntó confundida—. No me tengo que separar de ti.

—Eso era antes de perder el cristal, ¿ahora de qué sirve que estemos juntos si ya no tenemos la protección?, además que por tu culpa casi nos mata un dragón.

—Ya les expliqué que fue un accidente, alguien me tomo del tobillo haciendo que cayera y despertara al dragón.

—Como haya sucedido, no vas a venir.

—¿César? —Preguntó la chica mirándolo.

—Lo siento —se disculpó el hombre—, pero tiene razón, como haya sucedido si fue un accidente o alguien más lo hizo, casi nos mata el dragón y tuve que cambiar mi Katana por la escama. Es mejor que te quedes para evitar accidentes.

Salimos de la habitación sin despedirnos de Nelly.

Camínanos por más de media hora, siguiendo el arroyo principal del manantial, con la esperanza de conseguir algo de agua, que nos pudiera servir. No había ni una sola gota de agua que nos ayudara, era como si buscáramos una aguja en un pajar.

—¿César? —llamé la atención del hombre.

—Dime —contestó sin quitar la mirada del camino.

—¿Te puedo preguntar algo? —Dije, el asintió con la cabeza—. La vez que hablamos, dijiste que habías perdido alguien que amabas, ¿era tu esposa?

Él se detuvo y soltó un suspiro, pensé por un momento que no me contestaría la pregunta, sabía que se trataba de algo personal para él, pero desde que lo habíamos conocido no sabíamos quién era en verdad, en ocasiones sentía que él escondía un secreto.

—Bueno, hace años cuando tenía unos veinte conocí a una chica —comenzó hablar mientras seguíamos caminando—, nos enamoramos, pero lamentablemente falleció en un accidente. Intenté olvidarla, como dicen, un clavo saca a otro clavo, pero fue imposible, para serte sincero no funciona, es una vil mentira.

—Así que te quedaste solo.

—Puedo decir que sí, tuve otras relaciones con mujeres, de hecho, tuve un hijo, pero fue imposible estar con alguien más, no volví a sentir algo parecido con alguien más. En ocasiones me arrepiento.

—¿De qué te arrepientes?

—De haber tenido un hijo, él no se merecía tener que vivir sin un padre la mayor parte de su vida, sabía perfectamente que iba hacer complicado ser un buen padre al tener un compromiso como guardián.

—Entiendo, me imagino que tienes que estar prácticamente viajando a otros lados.

—Sí, es complicado, es por eso que no quiero que herede este trabajo, estas en constante peligro, además que te la pasas la mayoría del tiempo lejos de casa.

—¿Desde cuándo no ves a tu hijo?

—Desde un par de meses —soltó un suspiro antes de voltearme a ver y sonreírme—. Pero la vez que dure más tiempo en no verlo fue durante un año, pero sé que él está bien, y eso me alegra.

Después de caminar por otros quince minutos y de subir por una pequeña cascada, encontramos un conjunto de rocas, de las cuales según César de ahí brotaba el agua, pero no había nada del líquido.

—Andrei checa entre las rocas, en especial las de medio —dijo César apuntando al conjunto de rocas.

Me acerqué y metí la mano entre algunos huecos que se encontraba entre ellas, estaban seca, estaba a punto de sacar mi extremidad, pero me detuve al sentir una pequeña roca en medio. Al sacarla un líquido broto de ellas.

Por fin era el agua que tanto estábamos buscando, fue inevitable no sonreír de felicidad, una simple roca estaba interrumpiendo el flujo del líquido. Con mi mano derecha agarré un poco, era como si estuviera viendo oro y no agua. Pero ese momento de felicidad se fue cuando escucho como alguien le quitó el seguro a un arma a mi lado, dispuesto a disparar.




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