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ADVERTENCIA: ESTE CAPÍTULO TIENE ESCENAS FUERTES RELACIONAS CON EL SUICIDIO, PUEDEN DEJARLO EN CUALQUIER MOMENTO DE LEERLO
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Al salir de la cafetería había patrullas que iluminaba el lugar de color azul y rojo, la llovizna nos recibió mojando nuestro cabello al igual que la ropa. Me subieron en la parte trasera de una patrulla, antes de subir note que habían más de treinta oficiales, como si se tratara de atrapar a un asesino serial y no a un chico de diecisiete años.
Me senté en medio de la patrulla, ya que dos oficiales se pusieron a mis costados, posiblemente para evitar que intentara huir o algo parecido. Durante todo el camino solo se escuchaba la radio de la patrulla que hablaban entre claves.
Al llegar a la estación de policías, los dos oficiales se bajaron primero, uno de ellos me jalo bruscamente para que saliera del vehículo, algunas patrullas llegaban casi al mismo tiempo que nosotros, sabía que algunos de ellos eran de otros municipios, era notable porque en las patrullas estaban escrito de donde provenían, no tenía la menor idea del porque tanta movilización si solo se trataba de mí.
Tal vez se debía por ser el principal sospechoso de haber matado a la hija del jefe de policía.
—Yo me encargo —dijo José, antes de jalarme del brazo para que caminara.
Algunas personas se detenían a ver lo que ocurría, algunas con paraguas por la poca lluvia que caía, en especial aquellos que tenían niños disfrazados, escuché como algunas susurraban, era probable que todo el pueblo ya se había enterado de mi regreso.
La luz había regresado, así que al entrar pude ver a una mujer, a quien conocía bien, ella se acercó con pasos firmes, al estar cerca de mí no dudo en darme una bofetada con todas sus fuerzas, haciendo que moviera la cabeza a un costado por el impacto.
—Valeria —José le reprochó a su esposa.
—Eres un malagradecido —dijo la mujer, la volteo a ver, pude ver algunas lágrimas que recorrían por sus mejillas, eso me hizo sentir mal—, yo te cuidé como un hijo, te di lo que necesitabas, para que nos pagaras de esa forma.
—Perdón...
—No quiero escuchar tus disculpas —me interrumpió la mujer—, eso no va hacer que mi hija regrese.
Lo sé...
—Vamos —dijo José jalando mi brazo nuevamente—, te tengo que interrogar.
Caminamos por el pasillo hasta llegar a la sala de interrogación, la cual había estado cuando golpeé a Nazario. Me senté en una de las sillas que se encontraba enfrente de la mesa blanca.
—Voy por algunas cosas —dijo José al acercarse a la puerta—. Si intentas escapar, o hacer algo, estamos autorizados para disparar, y no quisiera hacer eso.
Al salir, cerró la puerta detrás de él. Me quede en silencio, solo se escuchaba el segundero del reloj, el cual marcaban las 11:10 de la noche, la lámpara en ocasiones parpadeaba, era común en el pueblo cuando llovía.
Algo llamo mi atención en la parte oscura de la habitación, volteo a ver lentamente, sentía como si alguien se encontraba ahí, y me observaba. Dos puntos blancos se hicieron presente, un escalofrió recorrió mi cuerpo, y mi respiración se volvió entrecortada.
La figura de un hombre salió de la oscuridad hasta llegar frente de mí, en ningún momento deje de ver sus movimientos, él fue el primero en hablar.
—Creo que ya sabes a que vengo —dijo Yoali mirándome a los ojos, trague saliva, eso hizo que el miedo se apoderada de mí. No conteste—. Estoy en duda, te dejo vivir un poco más, o ya me llevo tu alma.
—Hazlo, ganaste —dije con sinceridad, no quería vivir detrás de unas rejas el resto de mi vida—, llévate mi alma.
—Creo que esperare, esto apenas inicia. Aunque tu alma esta corrompida, puede que se corrompa más.
—Maldito.
Yoali sonrió ampliamente.
—Por algo soy un demonio, me gusta ver a las personas sufrir.
—Eres un desgraciado, hazlo de una vez, llévate mi alma...
Fui interrumpido por el sonido de la puerta abrirse. José volteo a ver en donde estaba Yoali y frunció el ceño.
—¿Con quién estás hablando Andrei? —Preguntó el hombre, traía algunas carpetas en las manos.
—Con... —volteo a ver al hombre y después en donde se encontraba Yoali, pero este ya había desaparecido, baje la mirada—. Con nadie.
Él hombre cerró la puerta y camino hasta llegar a la silla de enfrente, se sentó y puso las carpetas encima de la mesa. Saco una de ellas una hoja y la empezó a llenar, solo se podía escuchar el reloj y las gotas de lluvia que caían en el techo.
—Para la próxima semana vas a cumplir los dieciocho, te van a juzgar como adulto —dijo José sin despegar los ojos de las hojas—. ¿Sabes el motivo del porque estas detenido?
—Supongo —me encogí de hombros.
—Tienes derecho hablar antes con un abogado, o ¿quieres hacerlo ahora? —Preguntó el hombre mirándome fríamente.
—Yo no lo hice —dije mirando sus ojos, en espera de que me creyera, vi cómo se tensó—, yo no la mate.
—¿Entonces quien lo hizo?, ¿tu amigo imaginario? —Preguntó sarcásticamente, ¿sabía sobre Yoali? —. Saraí y Jesús declararon en tu contra —abrió una carpeta y saco una hoja y la empezó a leer—. Nos dijeron que semanas antes te comportabas extraño y agresivo, a Jesús le comentaste que habías visto un demonio y que posiblemente por eso... —se detuvo como si no pudiera pronunciar las siguientes palabras—. La mataste.