Nelly
Siete de noviembre, el día que le prometí a Andrei regresar para felicitarlo por su cumpleaños, mi abuela me acompaño, ya que era la única forma de poder regresar a esta línea paralela.
Acepto en acompañarme, así ella podía ir a saludar a su amiga, la cual para mi sorpresa era la abuela de Simón, creo que era de esperarse, Simón era un guardián, por lo tanto, su familia también se dedica a todo lo relacionado con los viajes a mundos paralelos y dimensiones.
Mis pasos se escuchan con cada pisar del camino de piedra, había unas cuantas personas en el lugar, pero se encontraba muy lejanas, era una ventaja, así nadie notaria mi presencia.
Mis nervios crecen al acercarme a él.
—¿Qué estás haciendo? —le pregunté al chico.
Él se sobresaltó, estaba tallando un trozo de madera con una pequeña roca.
—Hola Nelly.
Aquellos ojos cafés me recordaron todo lo que había pasado una semana antes
†
—Vamos Nelly —dijo Simón
—Sí —conteste, di la media vuelta, rodeé con mis manos el torso de Andrei, él me correspondió haciendo lo mismo—. Todo saldrá bien —le susurré en el oído.
Nos separamos y seguí a Simón, el cielo estaba gris, apunto de llover sobre nosotros, había muy pocas personas alrededor, posiblemente se estaban preparando para Halloween, a lo lejos se podían ver algunos niños con sus coloridos disfraces.
—¿Qué buscamos? —Pregunté al entrar al templo, me quité la capucha de la sudadera al notar que no se encontraba nadie.
—Unos cirios, se encuentran en el armario —dijo Simón.
Con cada paso se escuchaba el rechinar de la madera debajo de nuestros pies. Había una puerta a un lado del altar, Simón entro y yo lo seguí. Era un lugar amplio había algunos libreros y repisas con algunos frascos.
El chico abrió un armario y saco tres cirios, me los paso para tomarlos mientras que él buscaba otras cosas, las luces empezaron a parpadear, y de repente se apagaron, posiblemente se trataba por la lluvia, Simón prendió una para no quedar en la oscuridad.
—También necesito algo de sal —dijo el pelirrojo y camino a otro estante.
—¿Sal? —Pregunté un poco desconcertada.
—Sí, nos ayudara a protegernos.
Teniendo todo listo salimos del templo, algunas gotas golpeaban nuestro rostro, pero algo más llamo mi atención, el cielo ya se encontraba oscuro, como si la noche ya había llegado, pero no estaba segura si se debía por las nubes.
Todo estaba oscuro por la falta de luz, Simón al notar lo mismo que yo, miro el reloj de su muñeca.
—No puede ser —dijo sorprendido.
—¿Qué? —pregunté volteando a verlo.
—Son las 10:50.
¿Cómo sucedió si antes de entrar eran tan solo las siete?
—Alguien detuvo el tiempo mientras estábamos en el templo —dijo el chico, mientras tomaba los cirios—. Ve por Andrei los espero en el cementerio de las brujas.
Dijo antes de correr, hice lo que dijo, corrí hasta donde dejamos a Andrei, pero mi sorpresa fue otra. Él ya no se encontraba entre los árboles, las luces azules y rojas llamaron mi atención. Al caminar hacia ellas pude ver algunas patrullas, había llegado tarde.
Un oficial sacaba a Andrei con unas esposas en las muñecas, lo subieron a una patrulla junto con dos más, el vehículo este arranco, en pocos segundos desapareció de mi vista, mientras que algunos policías hablaban entre ellos. Mi atención se dirigió a un chico moreno, este se encontraba sobándose el cuello con una mano, mientras que hablaba con un oficial.
Alguien llamo al policía dejando a Jesús solo, al sentir mi mirada volteó a verme, sus ojos se abrieron al más no poder con la boca abierta, volteó a ver a su alrededor y de vuelta a mí. Hice una seña para que se acercara.
—¿Qué carajo? —dijo el chico al estar cerca de mí—. Se supone que estás muerta.
—No soy Neydi, soy de otro lugar —dije, el moreno se miró confundido—. Después te lo explico, ¿A dónde se llevaron a Andrei?
—Se lo acaban de llevar a la estación de policía.
—Mierda —dije en un susurro—. ¿Se llevaron su mochila?
—No lo creo —dijo Jesús pasando su mano por el cabello, todavía se veía confundido—. Voy por ella, espera.
El chico se dio la media vuelta y corrió a la cafetería, en menos de cinco minutos regreso con la mochila negra. Al ponerla en el suelo me hinqué y la esculqué, ahí se encontraba todo, la flor, las cenizas, la escama, el agua, y en especial la roca.
—¿Qué está sucediendo? —preguntó el moreno con el ceño fruncido.
—Me tengo que deshacer de la gema lo antes posibles, o si no Andrei va a morir.
El chico cambio su expresión a preocupación.
—¿Qué tenemos que hacer? —Peguntó Jesús en voz baja, sabía que él me podía ayudar.
—Tenemos que ir al cementerio de las brujas, para poder deshacernos de la gema.