Cosas que pasan...

Un recreo complicado

Los días martes teníamos taller: los varones iban a hacer huerta y las niñas cerámica. Teníamos que llevar una túnica blanca para no ensuciar nuestro uniforme.

Aprendimos a realizar muchas cosas. El profesor también era muy estricto, a la hora del recreo debíamos salir si o si del salón. Un día frio de invierno que estaba lloviendo, le preguntamos al profesor si podíamos quedarnos en el salón y seguir trabajando, pues afuera hacía mucho frío.

El profe accedió a nuestra petición, y se retiró del salón porque tenía una llamada telefónica. Seguimos trabajando en nuestra obra, cuando de pronto se abrió la puerta del salón. Era la adscripta, la que nos preguntó por qué estábamos en el salón. Todas nos miramos sin saber qué responderle, pues nuestro profesor sabía que estábamos ahí y que teníamos autorización.

De pronto, mi compañera Susana comienza a reirse de los nervios, por lo que la adscripta mal interpretó la risa y se enoja con nosotras. Manifiesta que vamos a tener una "observación grupal" por estar en el salón de clases sin permiso. Inmediatamente, todas comenzamos a decirle que era injusta porque teníamos permiso del profesor. Ella se retira enojada, a escribir la observación.

Al regresar el profesor a clases, le contamos lo ocurrido y nos dice que nos quedemos tranquilas que él va a hablar con ella. Pero la adscripta estaba muy enojada y no quiso escuchar ni al profesor, así que llegó a la clase a repartir nuestra observación, la que debía venir firmada por nuestros padres al otro día.

¡Qué sensación de impotencia sentíamos todas! porque no estábamos haciendo nada malo, nos quedamos trabajando en el salón a la hora del recreo con permiso del profesor. El hecho de llegar a nuestra clase con una observación que debía ser firmada por nuestros padres, significada algo muy serio. Y más teniendo en cuenta, que era totalmente injusta.

Al juntarnos con nuestros compañeros de clase varones y contarles lo sucedido, no podían creerlo: las niñas de la clase habían sido sancionadas en conducta, siendo que ellos eran más bandidos y siempre estaban inventando cosas divertidas para hacer.

Ese fue una larga jornada de clases, y más largo aún fue el regreso en ómnibus a mi casa, pues no dejaba de pensar cuál sería la reacción de mis padres al tener que firmar esa observación. ¿Acaso, creerían lo que les iba a contar acerca de lo sucedido? ¿Se enojarían? ¿Tendría una penitencia por ello?

¨Pues ninguna de esas opciones fue la válida. Mis padres leyeron la observación, les expliqué lo sucedido y me la firmaron. Dijeron que de haber sido así lo sucedido, era algo totalmente injusto y que debíamos pedir para hablar con la directora para contarle lo sucedido. Así se haría al otro día, organizarnos entre todos los compañeros para ir a hablar con la directora,

 




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