Cosas que pasan...

Hoy, hay clase de educación física

Realizar deportes nunca fue algo que me gustara hacer, por el simple placer. En el liceo, las clases de educación física eran obligatorias. Debíamos ir dos veces a la semana después del horario de clases.

Los dias que teníamos educación física, salíamos corriendo del liceo porque nos quedaba ocho cuadras llegar a la Plaza de Deportes. Allí teníamos diez minutos para cambiarnos e inmediatamente, presentarnos frente al profesor. El profesor pasaba la lista y nos mandaba a correr dos o tres vueltas alrededor de la Plaza de Deportes. La cantidad de vueltas a correr dependía del humor con que estuviera el profesor.

Algunos compañeros hacían trampas, pues corrían un poco y se escondían atrás del edificio que había en la plaza, esperando que llegaran los compañeros que estaban corriendo y se involucraban con ellos en la corrida. Es decir, si teníamos que dar tres vueltas, ellos daban dos.

Hacíamos de todo tipo de ejercicios, algunos fáciles y otros difíciles pero lo más importante era que todos poníamos de nuestra mejor voluntad para tener una buena calificación. El profesor era de apariencia seria pero sabía que todos lo apreciábamos y que estábamos haciendo todo lo mejor para que no tuviera que rezongar con nosotros.

¿Si era difícil? pues claro, para los que no nos gusta hacer deportes si era difícil. Hoy en día, entiendo que es muy importante hacer deportes, pero cuando niño u adolescente no comprendes lo que te dicen los mayores. Al finalizar la clase, debíamos tomar nuestra mochila y salir corriendo para la agencia de ómnibus, pues los días de educación física nos tenía que esperar por diez minutos. Por lo tanto, la corrida esos días era bastante, porque corríamos para llegar en hora a clases, durante la clase y para tomar el ómnibus. 




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