Cosas que pasan...

Ciliana

Un martes, cuando llegué a la escuela la jornada se presentaba de forma normal. Los niños iban llegando de a uno, saludando y dejando sus mochilas en el salón de clases. Algunos iban a jugar a los juegos de madera del patio, otros caminaban charlando por el patio y otros se acercaban a la orilla del tejido para ver pasar los vehículos frente a la escuela.

Cuando faltaban algunos minutos para que sonara el timbre, llegó Ciliana, una de mis alumnas que se distinguía por ser una niña chistosa y alegre. Pero, ese día no era la Ciliana de siempre. Ese día, llegó llorando; estaba muy triste. No saludó a nadie, entró al salón, dejó su mochila y se sentó en su banco. 

Me acerqué a ella y me senté a su lado. Al preguntarle, si necesitaba ayuda siguió llorando. La abracé y le dije que llorara, todo lo que quisiera. Sentí su angustia y dejé que  quitara su dolor. Intentaba hablar, pero era tal la angustia que no podía expresar palabras claras.

Al cabo de unos minutos, me dijo que se había peleado con su mamá. Ella no quería que el próximo fin de semana fuese a visitar a su papá, porque ellos estaban separados y disgustados. Escuché a Ciliana y le pedí permiso para hablar con su mamá y contarle la angustia que ella estaba sintiendo ante tal situación. Al principio, me dijo que no quería que hablara. 

Toda la jornada pasó triste y pensativa. Al acercarse la hora de salida, se acercó a mi y me dijo que si, que quería que hablara con su mamá. Fue así, como a la salida dialogué con la mamá de Ciliana acerca del comportamiento de la niña. La mamá se mostró muy preocupada, y asintió que ella le había mencionado que no pasaría el fin de semana con su padre.

Le expliqué que no me parecía correcto, que la niña no podía ser rehén de la situación conflictiva entre ellos. Las lágrimas de la madre no se hicieron esperar, y al ver a su hija con los ojos llorosos, la abrazó fuertemente y le pidió disculpas. Le aseguró que seguiría viendo a su padre, todas las veces que ella quisiera . 

Al retirarse, Ciliana me dio un gran abrazo y me dio las gracias. Ese día decidí, que el día que tuviera una hija se iba a llamar Ciliana. Y aquí estoy, escribiendo este texto frente a una de mis hijas, la cual se llama Ciliana. 




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.