—Gracias por acompañarme a tomar el té, Nicolás.
—Por favor, Umi, llamame Nick—Sonrió amablemente el muchacho—y de nada princesa. Siempre es lindo tener a alguien con quien tomar la merienda—Agarró su taza y sopló para enfriar la bebida—¿Cómo van los preparativos para la boda?
—Estarán listos en unos días. Ya deberían de estar listos, pero la comida y la música se han retrasado, la banda a tenido unos inconvenientes en su viaje y la comida no es lo suficientemente rica, según mi padre. Él quiere que todo sea espledidamente perfecto, dice que esta boda no se repetirá otra vez en la vida, así que debe de ser perfecta—Umiko cogió unas galletas glaseadas del plato y se las comió. Se limpió la boca con el pañuelo que tenía sobre sus piernas y se retiró de la mesa—. Gracias por otra vez por acompañarme. Ahora iré a mi recamara.
—Por supuesto, todos necesitamos nuestro momento de privacidad. Nuestro momento en soledad para pensar y reordenar las ideas.
—Exactamente, Nick. Nos vemos más tarde—Hizo una reverencia y se fue.
El príncipe es muy cortés, me agrada, aunque siento que no lo veo con amor. No es como que si mi corazón se acelerara cada que estoy con él, es raro. Esto no es perfecto, todo lo contrario. Yo debería de amarlo, eso es lo que mi padre desea o ¿verdaderamente no importa si lo amo o no? ¿Será que padre amaba a mi madre? Asumo que no, nunca quiere hablar de ella. Si yo amara a una persona hablaría y la tendría en mente siempre, eso no me pasa con Nick. Se parece a mí; tranquilo, sereno, educado, elegante. Pero ¿Dónde está la diversión en eso? Sé que he soñado toda mi vida con un chico que me respetara y fuera bueno conmigo, y Nicolás es así. Pero ahora que tengo un chico así en mi vida, es como si él no fuera quien yo quiero. Es difícil de explicar, pero me gustaría pasar mis días con alguien que me haga reír, que sea impredecible, que seamos diferentes pero que nos entendemos mutuamente, tal y como sucedió con...
—¡Hola princesa, buenas tardes! ¿Podría decirme cuál de estas alfombras le gusta más para su boda?
—Muy buenas, Edgar. Eso le tienes que preguntar a mi padre, él es el encargado de tomar esa decisión.
—Oh, disculpeme y gracias. Hasta luego, princesa.
—Hasta luego—Siguió su camino hasta llegar a su habitación.
Me senté en mi tocador y me ví en el espejo, acomodé mis joyas que llevaba puesta en la cabeza y abrí uno de los cajones para sacar un cepillo y hacerme otro peinado, pero cuando lo saqué ví una carta debajo. Era de ella, la respuesta a mi invitación de hace tres años. Dejé caer el cepillo aunque esté quedó flotando y cerré el cajón con fuerza. Me observé una vez más en el espejo.
—Ya pasó Umi, te vas a casar con Nicolás dentro de unos días. Basta de stupidités.
Me levanté y fui hacia mi biblioteca para coger un libro y sentarme en mi cama. Leí por unos minutos, pero momentos después llegó el aburrimiento y volví a la realidad. Cerré el libro y lo dejé sobre mis sábanas. Salí de mi cuarto para recorrer el castillo como lo había hecho años anteriores, hace mucho no lo hacía, aunque por más que el tiempo pasara yo seguía recordando exactamente todos los libros que tenía mi padre en su biblioteca personal, los olores que provenían de la cocina al pasar cerca, la música tranquila que se oía como se reproducía en el tocadiscos que había en la habitación del rey para descansar y dejar de pensar aunque sea por unos cinco minutos. Después de todo era donde yo vivía, conocía ese lugar tan bien, pero no tan bien como conocía a los empleados y ni siquiera a mi madre. Solo la conocía por los relatos que me contaba el personal desde pequeña ¿Mi madre era tan buena como decían? No tengo idea, pero me gustaría que estuviera aquí, acompañándome con este embrollo de la boda, tranquilizando a papá porque siempre está gruñón, haciendo que el castillo se sienta más como un hogar y no como el lugar en el que vivo. Sentía como estaba a punto de llorar, y sabía bien que nadie lo iba a notar, todos estaban ocupados con el tema del evento. Pero de igual manera quise esconderme, ir a un lugar para estar sola, mi cuarto no era lo suficientemente seguro para llorar en paz, por lo que bajé al sótano y mis lágrimas se desbordaron. Me senté en el suelo y abracé mi aleta, apretándola contra mi pecho.
—Mamá, te extraño—La voz de Umiko se quebró—. Como quisiera que estuvieras aquí conmigo, consolandome y limpiando las lágrimas de mi rostro.
Seguí llorando, hasta que algo llamó mi atención. Era una luz que provenía debajo de un mantel sucio. Saqué la tela para ver que había allí y era la bola mágica de mi tatarabuela. Mostraba una foto de mi mamá, sabía que era ella porque nos parecíamos.
—Me parezco a... Mi mamá—Umiko puso su mano sobre el objeto mágico y comenzó a llorar, pero esta vez de felicidad.
Paré de llorar y miré con más detalle la foto que me mostraba la bola, estaba rota, partida por la mitad. Pero, se podía ver un brazo... Un brazo con escamas...
Salí de allí lo más rápido que pude con la foto en mano, me dirige hacia mi recamara para escapar por la ventana, pero cuando estaba a punto de salir tocaron la puerta. No tuve más opción que abrirla y cancelar el plan de huida.
—Hola de nuevo, Umi.
—Buenas Nick. ¿Qué se te ofrece?
—Oh, solo quería invitarte a salir a nadar, a tomar brisa fresca. ¿Te apetece?
Miré a la ventana mientras sostenía la puerta con una mano y con la otra la foto. Le respondí la pregunta al príncipe.
—Si me apetece. Muchas gracias por tan linda oferta—Umiko cogió su bolso y colocó la foto allí adentro
Salimos del castillo, no muchas veces salía de mi casa. Pero ahora que Nicolás estaba conmigo mi padre me dejaba salir más seguido. Me gusta recorrer los bosques de corales y ver todos los peces que habían por esa zona.
—Umi.
—Dime.
—¿Cómo te sientes con todo el tema de la boda?
Wow, ¿era esto en serio? El príncipe me estaba preguntando como me sentía. ¿Cuándo fue la última vez que escuche una pregunta así dirigida hacia mí?