JETT MORRISON
Puedo decir que en dos meses han pasado muchas cosas.
Punto número uno: La chica que me encanta resulta que no quiere saber absolutamente nada de mí y, en vez de hacer lo posible por acercarme a ella, me alejó porque pienso que es lo mejor para no sentirla presionada ni incómoda. Me dicen el inteligente.
Punto número dos: Últimamente me he estado haciendo más unido a Lisa. Parece ser una chica muy muy tímida y reservada, pero entre más convives con ella, más te das cuenta de que es una persona muy tranquila y alegre. Tal vez no es como yo, en el sentido de que habla con todos y es social, pero es ella a su manera y cada vez tiene más confianza para abrirse a los demás.
Punto número tres: Elía va a la misma escuela que yo.
Punto número cuatro: Me siento el hermano más orgulloso del mundo al ver crecer a mi hermana Sara como persona y al ver que es cada vez más segura de sí misma. Por favor, estoy tan orgulloso que podría hacerle una fiesta entera con dos mil invitados.
Pero ya volviendo al presente, la noche anterior me había desvelado con Dylan para hacer la supuesta tarea de diseño gráfico. Confirmó que a veces los hombres éramos unos jodidos mentirosos, pero mi mentira era inocente: no le hacía daño a nadie, así que... En mi defensa, yo sí podía mentir solo si no involucraba a personas.
Volviendo al tema, después de desvelarme, estaba sumamente cansado, así que me dormí. Mínimo unas seis horas dormí, pero me despertó el tono de llamada de mi celular. ¿A quién se le ocurriría marcar a las 8:00 a.m.? Uno también duerme.
Revisé mi celular para ver quién carajos estaba jodiendo mi precioso sueño y vi que era Elía. Juro por mi vida que me emocioné como un niño pequeño, pero tenía que disimular, así que, en cuestión, debo decir que Elía es la única persona en el mundo que puede interrumpir mi sueño.
Conteste la llamada.
—¿Bueno…? —contesté con mi voz de recién levantado.
—Amm.. Buenos días, Jett. —Hablo Elía de manera distinta, debo decir.
—¿Elia? ¿Está todo bien? —Bostece mientras me rascaba la cabeza.
—Amm, no del todo. Necesito pedirte unas cosas… Primero, hablar contigo; segundo, pedirte un favor; tercero, que no me odies; y cuarto, que me pases tu dirección.
Elía iba a venir a mi casa...
¡Elía iba a venir a mi casa!
Ay no. Elía iba a venir a mi casa.
—Ah si.. Sì, sì. Claro, bueno, ya te la mandó. —Respondí nervioso mientras intentaba quitarme las sábanas de encima, pero no pude, lo que me hizo caer de la cama por los nervios.—¡Mierda!
Estúpidos nervios
—¿Estas bien? —preguntó
—Sí, solo...solo.. Solo que así me levantó yo. —Respondí nervioso mientras me sobaba la cabeza. —Eh... Aquí te espero. —Colgué enseguida.
Me puse más cómodo. Bueno, con cómodo me refiero a que me puse algo menos ridículo para verla. No me podía ver con mi pijama de lobo. Era una pijama completa que me había dado mi abuela para el frío, pero caracterizada de un lobo, y la verdad es que me encantaba, pero no iba a dejar que ella me viera así; me tenía que ver tal vez no guapo, pero sí presentable.
Bueno... Guapo ya estaba, pero al menos no podía verme ridículo.
Bajé las escaleras rápido y vi que la casa estaba hecha un desastre: había ropa en el sofá. La cocina era un asco, así que antes de que ella llegara me puse a ordenar todo. Puse chocolate caliente mientras ordenaba todo. Admití que estaba muy nervioso por ver a Elía, al menos en mi casa.
Luego de unos minutos, escuché que tocaban el timbre, pero no me quería ver tan urgido de verla, así que esperé un momento y luego le abrí. Estaba ella ahí con una blusa negra y unos jeans que se le pegaban perfectamente a sus piernas. Traía una coleta atada y una mirada algo tímida.
Wow... Hasta sencilla se ve bonita.
—Hola.. Jett. —Dijo de manera nerviosa sin verme a los ojos.
Okey.... Tranquilo Jett... Tranquilo… solo actúa natural y nada malo te va a pasar.
—Hola, Elía —me hice a un lado para que pudieran pasar. —Pasen, bueno, si gustan, claro —sonreí.
—¡Ay, yo sí! —Entró una chica acompañada de Elía. —Gracias, eres un amor; con razón le gustas.
Ah... ¿Todavía le gusto? Interesante.
—¡Rachel! —regañó a su amiga y vi cómo se sonrojaba. —Perdónala; no sabe qué dice esta ignorante. —Dijo la mentirosa.
Ajá.
Sonreí de manera divertida y, con la cabeza, le di la señal de que pasara, a lo que ella asintió, nerviosa; claro que, en el fondo, también intentaba no matar a su amiga.
—No te preocupes. Entiendo.
Entró a mi casa y su lindo aroma llegó a mis narices, yo cerré la puerta y cuando fui a la sala, su amiga y Elía estaban sentadas en mi sofá, la verdad es que nunca he sido buen anfitrión y se supone que ella venía a hablar conmigo así que lo único que pensé fue ponerme de brazos cruzados viéndolas con curiosidad, me daba intriga que era lo que me iban a decir o más bien que me iba a decir ella.
Hubo un gran silencio entre los tres y la verdad sí se sintió un tanto incómodo pero intenté no demostrarlo
—Bueno... Amm Jett. —Se puso nerviosa. —Ayer... Tuve un percance en mi casa y tuve que irme a la casa de Rachel. —Su amiga levantó la mano,sonriendo, seguía hablando. —Pero su mamá es alérgica a los gatos y... No tengo quién me cuide a Cooky unos días o semanas. Quería ver si tú podías o... Querías cuidarlo. —Bajo la voz.
No sé por qué tenía el presentimiento de que el hecho de que yo cuidara a su gato tenía que ver con su papá y no era algo que me agradara mucho. Había oído hablar varias veces de él por parte de Elía y siempre me sonó como un idiota.
—Okey, a ver si entendí. ¿Quieres que te cuide a Cooky hasta que encuentres una solución? ¿No es así? —Conteste reafirmando todo.
Ella asintió con la cabeza y yo me puse serio. Claro que lo iba a cuidar, pero el problema era que mis padres no sabían si lo aceptarían. Al final de cuentas, esta era su casa. Pero si era por ayudarla, no importaba; lo iba a hacer aunque eso significara rogarles a mis papás durante días.