JETT MORRISON
Era de noche; las nubes opacaban la Luna, que brillaba con gran intensidad, mientras sonaba con fuerza la música de aquella fiesta en la que estaba con Dylan y Kelly. Era sábado y un amigo de Dylan nos había invitado a ir. Yo invité a Kelly, a lo cual ella aceptó felizmente. Mientras ella bailaba con un grupo de chicas nuevas, Dylan y yo estábamos en la barra tomando unas cervezas.
—¿Entonces estás muy enamorado? —Me burlo tomando un trago de mi cerveza.
—Pero si no soy el único—dijo riéndose. —Oye, ¿cómo conociste a esa chica?
La realidad es que no le había comentado a nadie sobre Elía, salvo a mi familia y a mi mejor amiga. Decidí contarle todo y él puso toda su atención hasta que nos sobresaltamos al escuchar un vidrio romperse con fuerza y ver cómo la gente hacía un círculo, gritando «¡Pelea, pelea». Dylan se levantó y me miró con curiosidad por lo que estaba pasando, mientras yo buscaba a mi mejor amiga para que no saliera involucrada.
Me levanté de la banca de la barra para buscar a mi mejor amiga y ella también estaba buscándome. Al verme, se acercó y me tomó del brazo, un poco sobresaltada. Dylan se nos acercó y me tomó del hombro, mirándome con seriedad.
—Mejor hay que irnos; no creo que sea buena idea quedarnos aquí.—Asentimos con la cabeza y nos fuimos hacia la salida, donde me percaté de que Dylan se quedó parado mirando algo mientras mi mejor amiga salía de la fiesta. Me acerqué a él y lo miré con confusión. Él habló: —¿Ese de ahí no es Lalo?
¿Lalo? ¿Qué hacía aquí? Me paré al lado de mi mejor amigo y me asomé para asegurarme de que era él. Dylan no se equivocaba: Lalo estaba peleándose con alguien mientras llegaba la seguridad, que los separaba para llevárselos por separado.
Dylan y yo nos miramos y salimos de la fiesta alarmados, a pesar de que Lalo no era tan amigo nuestro, nos daba curiosidad qué era lo que había pasado, además de que se lo estaba llevando la policía. Al salir, vimos a Kelly buscarnos mientras metían a Lalo y al chico en una patrulla.
—¿Vamos?—sugirió Dylan, cruzándose de brazos con diversión.
—¿Para qué? Además, dijimos que era mejor no involucrarnos. —Metí mis manos en mis bolsillos, mirándolo con detenimiento.
—Vamos, Jett, será divertido ver un poco de chisme. Además… después de esta fiesta no tenemos que hacer nada. Andale.
La verdad, no tenía buena espina al ir a ver a Lalo, encarcelado unas 24 horas solo porque se peleó y causó daños menores. Pero era cierto: no teníamos nada que hacer y, al final, solo iríamos a ver, así que no le vi tanto problema y accedí sin antes preguntarle a Kelly si quería ir. Ella confirmó que sí y los tres nos dirigimos a la comisaría más cercana.
ELÍA DONSON.
Durante la noche, a mi madre querida se le ocurrió la cosa más estúpida del mundo: ir a visitar a mi papá en la comisaría, donde aún estaba detenido, mientras llegaba el juicio. Mi madre y yo, después de que fui a dejar a Cooky con Jett, nos dirigimos a declarar y denunciar a mi papá por sus actos; además, como testigo, estaba mi mejor amiga. Después de declarar mi padre al vernos, igual negó todo.
Vaya idiota.
Después de irnos a declarar y de que nos confirmaron, días después, que habría un juicio, mamá, muy en el fondo, aún quería a mi papá y quería visitarlo, por lo cual insistió en ir con ella. Yo no quería ir a ver a ese que compartía sangre conmigo, pero al final cedí por mi mamá. No sé por qué fuimos de noche, pero fuimos.
Al llegar a la comisaría mi madre se acercó a la policía para pedir una visita a mi padre mientras yo solo estaba parada con los brazos cruzados y con unas ganas grandes de irme. Claro, no faltaba mi cara tan molesta por estar acá. De pronto vi cómo unos policías entraron con dos chicos que los llevaban a una celda cercana, y los chicos gritaban que querían salir; no le di tanta importancia. Aunque era más interesante que estar acá con papá.
Minutos después, a mi mamá le dijeron que podíamos ver a mi padre al menos durante unos minutos. Al ir a ver a mi papá, estaba sentado en la cama de la celda, con las piernas separadas, mirando el suelo y cruzando las manos, sin prestarnos atención, hasta que escuchó el ruido de la celda abrirse.
Mi padre tenía ojeras y una mirada de odio intenso. Al vernos, me tensé; tenía miedo de que aprovechara para hacernos algo, pero no creo que fuera tan estúpido. Así que mi mamá, al verlo, se cubrió la boca, sorprendida, y papá se levantó al instante.
—¿Qué hacen acá? Quiero que se vayan. —Dijo molestándose.
¿Todavía se molesta de que nos acordemos de él? Por eso digo... Vaya imbécil.
Lo miré con molestia y, la verdad, no me importaba si lo notaba o no. Solo me bastaba con que no nos hiciera ningún daño.
—Venimos a verte… —dijo mi mamá viéndolo con lástima.
La miré y me crucé de brazos recargándome en las barras de la celda.
Más bien, ella vino a verte; yo la estoy acompañando. Por mí, pudrete acá.
—¿Ah Enserio? ¿Después de mandarme acá? —Mencionó, ofendido.
—Nadie te mandó acá, papá. —Lo miré a los ojos. —Tú solito te metiste acá cuando se te ocurrió ponerle la mano encima a mi mamá. —Dije molesta, aún cruzada de brazos.
Se acercó a mí mientras mi mamá intentaba detenerlo con calma.
—Que no se te olvide que sigo siendo tu padre, te guste o no.
—Lástima que sea así. —Dije sin dejar de verlo a los ojos. —Por qué tú no llegas a padre ni de cuarta.
—Elía—dijo mi madre autoritaria. —Por favor.. No quiero más peleas… —bajo la voz.
—Me tienes harto, Elía—me habló enojado, ignorando a mi mamá—. Desde el momento en que naciste, deseé que desaparecieras, que te fueras de nuestras vidas. ¿Sabes por qué?
Mi mamá intervino y lo miró a los ojos, como si le dijera que intentara calmarse y evitara decirme algo.
Mi padre la apartó sin lastimarla, acercándose más a mí con expresión dura; mi cuerpo se tensaba aún más mientras una parte de mí tenía curiosidad por lo que me iba a decir y otra parte decía que no quería oír nada.