JETT MORRISON
Me ponía nervioso llevar a Elia a mi casa, no porque no quisiera tenerla cerca de mí. Eso jamás sería el problema.
El problema era mi familia. No tendría ni idea de cómo explicar que se quedaría a dormir. Mis padres probablemente no dirían nada, pero aun así sentía que los estaría aprovechando demasiado. Después de todo, no era mi casa. Lo que más me preocupaba eran:
Lucy y Sara.
Son las mejores hermanas del mundo, pero tienen la cabeza más sucia que he visto en mi existencia. Lucy era demasiado directa y Sara... bueno, ella era peor.
Traté de no pensar en eso; lo importante no era eso. Yo seguía preocupado por el estado de ánimo de Elia; además, tenía curiosidad sobre lo que había pasado. Mientras caminaba, desvié mi mirada para verla; estaba caminando a mi lado con la cabeza baja. Parecía muy pensativa. Como si no estuviera realmente aquí.
Miré al frente y me tensé al ver que ya estábamos a una calle de llegar a mi casa. Esperaba que TODOS estuvieran dormidos. Porque entonces no sabría qué decir. Afortunadamente para mí, les dije a mis padres que llegaría tarde. Saco mi celular y veo la hora: son las dos de la mañana.
Volteo de nuevo a ver a Elia, mientras guardo mi celular en mi pantalón.
—¿Estás bien, Elia? Estás muy callada.
Pareció que volvía a la realidad porque me miró con sorpresa para luego aclarar su garganta.
—Ah, sí, es solo que estoy pensando. —Camino un poco más lento para volver a mirarme. —Gracias por recibirme en tu casa y… perdóname que haya sido tan imprudente para pedirte algo así.
—No, no, no hay problema. —Sonrió incómodo. —Está bien, te dije que siempre te ayudaría. Bueno, yo cumplo mis promesas.
Sonrió y ella también me corresponde con la sonrisa. Después de unos minutos, llegamos a casa. Las luces estaban apagadas; eso era buena señal. Mis padres y mis hermanas estaban dormidos.
Abrí la puerta con lentitud y Elia entró cautelosamente. Yo también cerré la puerta con delicadeza; trataba de no hacer ruido. No me preocupaba hacer ruido por mis padres o Sara, sino por Lucy. Esa mujer tiene un súper oído.
Tiene el sueño más ligero del mundo. Me acuerdo de que de niña era difícil que durmiera; con cualquier cosa se despertaba. Mire a Elia y con mis manos le di la señal de subir con suavidad. Y si el universo hoy me quiere, sucederá un milagro de que mi hermana no abra el ojo.
Elia subió finalmente y la miré, puse una mano sobre su hombro y la dirigí con paso lento a mi cuarto, ya adentro, me tranquilizaba un poco más. Cerré mi puerta con un suave y despacio clic.
—Creo que fue mala idea venir. —Dijo con inseguridad en su voz. —No quiero causarte problemas.
—Ni, está bien. —dije con tranquilidad mientras en mi armario buscaba algo para que ella durmiera más cómoda. —Mis padres no me preocupan.
—¿Seguro?
—Seguro. —Afirme sacando una playera blanca mía y unos pantalones deportivos de color gris.
Me volteé para verla, que estaba parada en mi cuarto, viéndome con timidez.
Vaya… sí que era linda.
Me acerqué a ella y le di la ropa en sus manos.
—Ten, cámbiate. Yo saldré de mi habitación para que tengas más libertad.
Ella me vio apenada y negó con la cabeza.
—No, Jett, gracias, pero como estoy vestida, me basta. Gracias.
¿Dejarla así? Ni de chiste. Nadie podría dormir bien vestida así. No es que quisiera ofender su atuendo, pero cuando alguien duerme, la comodidad es importante.
—Elia, ponte la ropa. De verdad. Voy a salir para tu comodidad.
Pues de hecho me imaginaba algo así:
Salí de mi habitación con cautela para darle privacidad para cambiarse; además, tenía sed, así que caminé hacia las escaleras y, en el pasillo, sí, un susto enorme al ver la silueta negra que había en el pasillo.
Mierda, Diosito ya me va a llevar.
La silueta camina hacia mí y la ventana logra darle luz para ver a mi hermana. Lucy de brazos cruzados, con un pijama medio ridículo, viéndome con seriedad. Como de costumbre, porque otra cara no tiene. En secreto le digo, doña amargada.
Al verla, admito que me puse un poco nervioso, pues a unos metros de mí, estaba Elia poniéndose mi ropa. Así que era mejor que bajara las escaleras; eso hice para notar que Lucy iba detrás de mí.
¿Por qué?
Entré a la cocina para ir a la escena y agarrar un vaso. Tenía que actuar con naturalidad, ya que yo esperaba que me saliera bien. Estaba tenso; sentía mis hombros, mis manos temblar.
Ni cuando tuve exámenes me puse así.
—¿Qué te pasa? —Escuché la voz de Lucy. Curiosa y baja, mientras se apoya en el marco de la puerta viéndome fijamente.
—¿A mí? Nada. Nada. ¿Por qué me tendría que pasar algo? —Sonrió nervioso agradeciendo que fuera de noche.
—Jett, no me trates como tonta. ¿Qué tienes? —Enciende la luz de la cocina y me mira fijamente a los ojos.
Mierda.
—Nada, Lucy. Nada, andamos bien. —di un bostezo falso. —Solo tengo sueño. ¿Y tú, mi querida hermana?
¿En serio se me ocurrió decir esa estupidez? O me estoy volviendo cada vez más idiota o simplemente la idea de que Elia sea descubierta me pone más nervioso e idiota.
Lucy alza una ceja con expresión confusa; no me sorprendió. Que yo le dijera «querida». Era de por sí muy sospechoso; por lo usual, le doy apodos no muy cariñosos.
—¿Querida? Algo tienes. Tú, JAMÁS, en la vida me dirías querida. ¿Qué ocultas? —Entrecerró los ojos para escanearme completamente.
¿Por qué en este momento se le tienen que activar sus neuronas? Lo que temía, ya sospechaba, pero todavía tenía oportunidad de que pensara lo contrario.
—¿Yo? ¿Ocultar algo? Jamás. Es...que...mañana tengo exámenes. —mentí.
Ni yo mismo me creía; siempre fui bueno en los exámenes. Bueno, solo dos veces reprobé y solo porque me confié, aunque eso no importa justo ahora.
De repente escuchamos los dos como si algo se cayera en la parte de arriba. Y esperaba que no hubiera sido Elia. Giré para ver rápido a mi hermana y ella miraba el techo con muchas más sospechas.