Creer en ti

Capítulo 2

Pedro estaba mirando el escaparate de una de las tiendas del centro comercial en donde se exhibían varios modelos de celulares. Sabía que había sido malcriado con su padre, no debió haberle exigido un celular y menos despreciado el que le dio, pero sabía que ni Papá Noel, ni los renos ni nada de eso existía. Él había visto como un señor gordo que pensó que era Papá Noel había estado bebiendo en un restaurante, cuando salió con sus abuelos maternos.

La actitud de ese hombre fue horrible y chocante para el pobre niño de casi siete años, se molestó mucho porque su abuelo le dijo que no existía y que solo eran hombres disfrazados para la fecha. A su vez, su abuela se había molestado con su abuelo por decirle eso, pero en el fondo siempre supo que su abuelo tenía razón. Así que ¿por qué molestarse en creer que alguien le llevaría un regalo en navidad?

—Pedrito, vamos cariño —le reprendió amorosamente Amelia su abuela paterna— pensé que ibas a mi lado.

Le tomó la mano y el niño se dejó llevar por entre el genio que corría de un lado a otro en busca del regalo perfecto. Faltaba a solo dos días de nochebuena y parecía que cada día había más gente. En esa semana, Pedro había venido al centro comercial más veces que en todo el año y siempre parecía que aumentaba más y más las personas que iban y venían.

Cuando llegaron a la tienda de caballeros, Pedro miró a su abuela que titubeaba si entrar o no. Sabía que ella quería comprarle un regalo a su papá y pensaba que el chico no era lo suficientemente capaz de guardar un secreto. Si supiera cuentos secretos guardaba, ella seguro se caería espantada.

 

«Era de noche y Pedro había tenido una pesadilla. Se despertó asustado y se levantó de su cama, prendió su lámpara de noche y miró su reloj digital donde le decían que solo había pasado media hora desde que se durmió, es decir eran las diez de la noche.

Cuando estuvo más lúcido y concentrado en su entorno, escuchó murmullos que venían de la sala. Pedro se levantó y muy despacio, abrió su puerta saliendo de su habitación en silencio. Al salir sin zapatos, sus pisadas pasaban desapercibido en el pequeño corredor de su casa. Camino despacio y llegó hasta la sala, allí encontró a su papá y Ricardo abrazados hablando en voz baja, por alguna razón Pedro se quedó quieto y se escondió tras la cortina que separaba el corredor de la sala y los comenzó a espiar.

 ¿Mario, vamos a bailar este sábado?

Mmm… me parece bien respondió con una voz extraña y suave—, mi madre me pidió quedarse con Pedro y tengo la noche para ti.

Ambos hombres sonrieron y se dieron un beso en los labios mientras que con sus manos se acariciaban despacio, Pedro frunció el ceño, pero no dijo nada y siguió observando.

Entonces esa noche te tendré para mí solo…

El resto de la oración no pudo escucharla ya que Ricardo se la dijo al oído de su padre. Debía haber sido algo gracioso ya que este se rio y lo palmeó en el trasero con fuerza, cuando este se había levantado, así como cuando lo hacía con Pedro por hacer alguna travesura, solo que Pedro no sonreía como Ricardo lo hacía, sino que a él sí le dolía.

Después de otro beso un poco más largo, Mario y Ricardo salieron a la puerta lo que le indicó a Pedro que tenía que regresar a la cama. Así lo hizo, y corrió hacia su habitación, cerró la puerta tras él, abrazó su peluche de cachorro de oso polar y se quedó expectante a que su padre fuera a su cuarto a mirarlo antes de irse a dormir como siempre lo hacía.

No pasó mucho hasta que la puerta se abrió y él cerró los ojos fuerte para simular que estaba durmiendo.

A mí no me engañas lo retó cariñosamente su padre sé que estás despierto ¿qué pasó? No tienes sueño Pedro soltó una fuerte risa, debido a que su padre comenzó a hacerle cosquillas y luego de rendirse a su padre ambos se quedaron mirándose alegres.

Tuve pesadilla.

Bueno ya estoy aquí ¿quieres que me quede en tu sofá a dormir?

Pedro miró hacia un gran sofá que estaba a un lado de la habitación en donde algunas veces se quedaba a dormir su padre, ya sea porque estaba enfermo o porque tenía alguna pesadilla. Él lo miró y sonrió, movió la cabeza negativamente y se acurrucó aún más en su cama a modo de decirle que estaría bien y ya se dormiría.



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Editado: 06.10.2018

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