Benjamín siempre creyó que amar era exponerse a perder.
Que confiar significaba dar un paso al vacío sin saber si alguien estaría ahí para sostenerte.
Aprendió eso demasiado pronto, cuando nadie volvió por él, cuando esperar dejó de ser una opción y cerrarse fue la única forma de sobrevivir. Desde entonces, creer se convirtió en un riesgo que no estaba dispuesto a correr.
Ángel, en cambio, creció rodeada de certezas.
De abrazos que no se retiraban.
De promesas que se cumplían.
Para ella, confiar nunca fue una debilidad, sino algo tan natural como respirar.
Se conocieron cuando aún eran niños, unidos por familias que eligieron amarse sin condiciones. Durante años compartieron silencios, miradas y una cercanía que parecía inofensiva. Pero el tiempo hizo lo que siempre hace: cambió todo.
Cuando la vida volvió a cruzarlos, ya no eran los mismos.
Benjamín cargaba con un pasado que seguía pesando.
Ángel llevaba un sentimiento que no sabía cómo callar.
El vínculo entre ellos comenzó a transformarse en algo más profundo, más intenso… y más peligroso. Porque Ángel estaba dispuesta a luchar por lo que sentía, mientras Benjamín temía perder el control si se permitía amar.
Con el tiempo, Benjamín comprendió algo que nunca nadie le había enseñado:
el amor no borra las heridas, pero puede enseñar a convivir con ellas.
Que creer no siempre es volar… a veces es caer y descubrir que no estás solo.
Porque el amor no le prometió seguridad.
Le ofreció algo mejor: alguien que no se fue.
Y por primera vez, creer no fue una debilidad.
Fue una elección.
#4922 en Novela romántica
#314 en Joven Adulto
amor, drama amistad dolor tristeza y perdida, romance corazn roto
Editado: 29.01.2026