Creer es caer

SONIDOS, RECUERDOS

El olor a aceite y metal caliente me envuelve apenas cruzo el umbral del taller.

Es un aroma que no se olvida, que no se reemplaza.
Que vive agazapado en la memoria, esperando el momento justo para despertar.

Mi tío Lucas está inclinado sobre la moto de carrera, con las manos hundidas en sus entrañas como un cirujano preciso y paciente. La máquina descansa sobre el caballete, abierta, expuesta, vulnerable.

Exactamente como alguien que conozco demasiado bien.

—Llegás justo —dice sin mirarme—. Pasame la llave diez.

Sonrío.

No necesito preguntar dónde está nada. Mis pies recuerdan el camino. Mis manos también. Siempre estuve rodeada de herramientas, tornillos, grasa negra bajo las uñas y ese sonido inconfundible que hace vibrar el pecho.

Le alcanzo la llave y me quedo observando.

El motor arranca de pronto.

El rugido corta el aire y se me clava en el pecho como un latido violento. Cierro los ojos un segundo. El sonido se mete en los huesos, despierta algo primitivo. Familiar.

—Sigue sonando hermosa —murmuro.

—Siempre lo fue —respondió Lucas, apagando el motor—. Tu padre decía que ese ruido era una forma de lenguaje.

Una sonrisa nostálgica me cruza los labios.

—Y tenía razón.

Lucas se limpia las manos con un trapo y me observa con atención.

—Él también me contó otra cosa —agrega—. Los dolores de cabeza que le diste antes de entrar a la universidad.

Lo miro, sorprendida.

—¿Qué dolores de cabeza?

—Las carreras clandestinas —dice, sin rodeos—. Me dijo que lo traías loco. Que corrías como si no le tuvieras miedo a nada. Que manejas mejor de lo que él estaba dispuesto a admitir.

Siento el calor subir a mis mejillas.

—Era joven —me defiendo, aunque sonrío—. Y bastante inconsciente.

—No —niega Lucas—. Era la sangre. Eso no se aprende. Se lleva adentro.

Me apoyo en la mesa de trabajo.

La nostalgia se instala lenta, insistente. Estar acá, ayudarlo, pasarle herramientas… me devuelve a una parte de mí que creí enterrada bajo los años y la distancia.

Lucas deja el trapo a un lado.

Su expresión cambia, se vuelve más seria, más profunda.

—Ángel —dice despacio—. Sé que algo está pasando entre tu y Benjamín.

El pecho se me tensa, no respondo enseguida.

—No te lo digo como reproche —continúa—. Te lo digo porque lo veo. Porque lo conozco. Y porque siempre fui malo fingiendo que no noto las cosas importantes.

Trago saliva.

—Es complicado —admito al fin.

—Siempre lo fue con él —responde, con suavidad.

Asiento.

—Benjamín no es frío —dice entonces—. Es un chico que aprendió demasiado pronto que apegarse dolía. Que quedarse significaba perder. Y cuando uno crece así… amar se vuelve un riesgo enorme.

Cada palabra se me clava.

—Cuando lo encontramos en aquel banco… —baja la voz— no era solo un niño triste. Estaba asustado. Vacío. Roto.

Mis ojos arden.

—Karen lo vio primero —continúa—. Y supe que algo había cambiado cuando vi caer una sola lágrima por su mejilla. Silenciosa. En ese instante ella lo sintió suyo.

El pecho me aprieta.

—Pasamos años entre terapias, médicos, noches en vela —dice—. No fue fácil. Nada lo fue. Pero cuando empezó a decirnos “papá” y “mamá”… entendimos que todo tenía sentido. Que él había decidido quedarse con nosotros, sin decir nada más.

Lucas me mira fijo.

—Y ahora que volviste… está enojado. No contigo. Con él mismo. Porque siente que vuelve a asomarse a un abismo del que le costó mucho salir.

Aprieto los dedos contra la mesa.

—Él te quiere, Ángel —dice sin rodeos—. Siempre lo hizo. A su manera. A su ritmo. Pero ahora tiene miedo. Miedo de perderte otra vez… o peor, de necesitarte.

Levanto la mirada.

Los ojos húmedos, la voz firme.

—Quiero quedarme a su lado —digo—. Para siempre.

Lucas sonríe apenas, cansado, sincero.

—Eso quería escuchar.

El taller vuelve a llenarse de ruido, de metal, de vida.

Y yo me quedo ahí.

Con el corazón apretado… pero más decidida que nunca.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.