Creí en ti

Capitulo 15

Eriberto
Parece que llevo años buscando quiénes fueron los responsables del atentado, pero se ha convertido en una tarea difícil. No dejaron ningún rastro que indique por dónde investigar. Usé todos mis contactos: Policía Provincial, Policía Federal, Gendarmería, Ejército Argentino, Grupo Halcón, Grupo Alacrán y GEI, por si alguien que estaba en la cárcel operaba desde allí.

Agoté todos mis recursos.

Mi topo en la policía dice que ellos no fueron. Mis enemigos afirman que tampoco fueron ellos.
Hasta pagué a un investigador privado, pero no encuentro nada. Es como si jamás hubiera sucedido, como si solo hubiera sido una pesadilla, y esto me está volviendo loco.

Debo hacerlos pagar por lo que le hicieron a mi niña.
Pero ese no es el límite de mis preocupaciones. Estoy seguro de que, al no conseguir su cometido, volverán. Por eso tengo que estar atento y preparado, pero no sé cómo hacerlo. No sé contra qué enemigo estoy luchando. Además, la mejor estrategia es el ataque, pero no sé dónde atacar. No sé qué armas usar. Cada enemigo tiene su punto débil.

Después del atentado todo se había salido de control. Pensé que sería algo temporal, pero el caos no ha hecho más que crecer.

Y eso no es todo. Ahora está el maldito periodista que metió las narices donde no lo llaman. El sujeto resultó más astuto de lo que esperaba. Expuso en las noticias lo ocurrido con Kayla, dejando una advertencia muy clara: «Estoy dispuesto a sacar todo a la luz». Eso nos obliga a hacer todo de manera legal.

Por el momento.

Espero que Kayla haga uso de sus estudios para frenar a los medios. Sé que solo es cuestión de tiempo para que otra noticia aparezca y reemplace esta, pero la reputación de nuestro apellido y de la empresa está en juego. Y si llegara a filtrarse algo que ponga en duda el nombre de la empresa, los grandes empresarios dejarán de invertir y de hacer negocios con nosotros.

Pero hay algo que me preocupa todavía más. Las empresas que tenemos en el exterior están siendo socavadas.

Ramón tuvo que viajar varias veces y yo no he podido acompañarlo porque no quiero dejar sola a Kayla. No la siento preparada. La siento todavía afectada y, aunque he hecho todo lo posible por su recuperación —terapia, defensa personal para que vuelva a sentirse segura y recupere la confianza—, no está bien. No la siento al cien por ciento. Todavía la veo como un pollito mojado.

Es muy irónica la vida.

Y ahora esto...

No puedo quedarme aquí con los brazos cruzados mientras el negocio en Madrid se está desmoronando. Debo viajar. Debo volver a tomar las riendas de la empresa.

Ramón no tiene el liderazgo necesario para enfrentar una situación como esta.

Son las nueve de la mañana y ya me duele la cabeza.
Estoy en la empresa mirando a través de las paredes de vidrio cómo los empleados trabajan con calma, mientras mi cabeza es un completo caos.
El teléfono no deja de sonar. Lo miro dudando en atender porque, seguramente, serán malas noticias. Últimamente es todo lo que recibo. Pero eso es inútil. Los problemas no desaparecerán por más que me niegue a escucharlos.

—¿Eriberto?.

Apenas atiendo, sin decir una sola palabra, la voz de Ramón suena alterada, como si un edificio estuviera a punto de derrumbarse sobre su cabeza.

—Ramón —respondo con una calma que no poseo.
Escucho del otro lado un resoplido de alivio.

—Esto está muy complicado, hermano. Esto es serio. La...

—Esta no es una línea segura —lo interrumpo, apretando la mandíbula para impedir que siga hablando.

—Lo sé, pero te he llamado sin parar y no respondes. Sé que te preocupa mi sobrina, y a mí también, pero te necesito aquí —Inhalo profundo para no explotar.

Esta es una empresa familiar, pero yo soy el jefe. Ramón no es implacable en los negocios. Hay estrategias que él no domina y que yo sí. Cuando todo se pone difícil, mi presencia es indispensable.

—Lo sé. Iré —suelto.

—¿De verdad? —su voz suena aliviada.

—Sí. Ya es tiempo de que ella enfrente sus miedos.

—¿Eso significa que la harás parte de los negocios familiares?.

—Aún no. Lucio no la cree preparada. Dice que la criamos demasiado ingenua. Veamos cómo actúa con el caso del periodista y después decidiremos.

—Estoy de acuerdo. Mi pequeña tiene un alma noble.

—Te advertí que esa amiga ingenua no la ayudaría.

—Creo que Angélica es la mejor compañía para ella. Nos ve como sus dioses y salvadores. Además, su madre nos debe mucho. Están agradecidas.

—Es cierto —paso los dedos por la sien.

—Hablamos luego. Confírmame el día de llegada.
Antes de cortar escucho que un empleado le hace una pregunta y él le responde. Se oyen movimientos desprolijos al otro lado de la línea, confirmando que realmente me necesitan allí.

Miré de nuevo a través del cristal. Otra vez vi a los empleados deambulando por el piso, haciendo el trabajo que les asigné. Están tranquilos, sin percatarse del caos que llevo por dentro. Es bueno saber que algo funciona, que algo sigue en orden.

Le había pedido a Kayla que viniera a mi oficina. Ella abrió la puerta, asomó el rostro y, en cuanto me vio, esbozó una hermosa sonrisa genuina. Se la veía relajada, y así es como quiero verla. Siempre daría lo que fuera por mantener esa sonrisa.

—Hola, papá —dice entrando por completo—. Escuché que me extrañas —Sonríe aún más.

—Por supuesto que sí. Ven aquí —Le abro los brazos y ella corre hacia mí, fundiéndose en un abrazo.

—Mmm... Esto no sucede siempre —su voz sale amortiguada porque tiene la cabeza apoyada en mi pecho.

—Pues aprovéchalo.

—Lo hago, lo hago —suelta una carcajada.

—Dime, ¿cómo ha estado todo?.

—Todo en orden. Yo me siento bien. El periodista está cumpliendo con su parte.

—¿Y las clases de entrenamiento? —Se levanta de mi regazo y toma asiento frente a mi escritorio.




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