Mi cuerpo no dejaba de reaccionar a su toque. Los vellos de mi piel seguían erizados. Todavía podía sentir su respiración rozando mi oído, su brazo rodeando mi cintura y la forma en que mi cuerpo había reaccionado.
Era absurdo y me sentía una tonta.
Había pasado un día entero.
Después de que Angélica interrumpiera el entrenamiento, Jorge regresó y continuó con la rutina. Nath, en cambio, desapareció.
Cuando entré a casa no lo vi ni en la cocina ni en la sala. Tampoco tuve oportunidad de decirle que había una habitación para él en la planta baja.
Al día siguiente me desperté temprano. Me cambié y dudé un poco antes de bajar a preparar el desayuno. Era muy temprano y debíamos pasar a buscar a Angélica antes de ir a la empresa, pero solo pensar en volver a verlo hacía que mi cuerpo reaccionara.
Cuando abrí la puerta de la cocina, mis pasos se detuvieron un instante.
Nath estaba sentado a la mesa con una taza de café entre las manos.
Bastó verlo para que todas las sensaciones del día anterior regresaran de golpe.
Era absurdo reaccionar de esa manera mientras que, para él, aquello no había significado absolutamente nada.
Inspiré hondo.
No podía quedarme parada ahí.
—Buenos días —saludé mientras caminaba directamente hacia la cafetera.
—El café está recién hecho —comentó.
—Gracias —busqué un vaso térmico y me serví una taza. Tardé más de la cuenta. No quería darme vuelta.
—Hoy tenemos que salir temprano —dije sin dejar de mirar el café—. Pasaremos por Angélica y de allí iremos a la empresa.
—De acuerdo. Tomás ya me lo informó.
Era tan correcto, tan contenido... Apenas hablaba y, aun así, conseguía desordenarme por completo. Ni siquiera habíamos mantenido una conversación de verdad.
«Quizá porque me salvó la vida», me recordé.
Tomé un sorbo de café y, antes de arrepentirme, hablé.
—Por cierto... hay una habitación para ti en la planta baja —dije mirando fijamente la taza.
—No es necesario —Giré apenas el cuerpo para mirarlo.
—Sí lo es —Él no respondió —. No es necesario que pases toda la noche en vela. Allí hay cámaras de seguridad; además, la casa cuenta con guardias, sensores... La puerta principal es prácticamente imposible de vulnerar. Tu trabajo es intervenir si ocurre algo, no permanecer despierto toda la noche. Además, esa habitación tiene acceso al sistema de vigilancia. Desde allí puedes monitorear toda la casa.
Había hablado tan rápido que terminé sin aire.
Nath dio un último sorbo al café, dejó la taza sobre la mesa y me sostuvo la mirada con la misma serenidad de siempre.
—Prefiero permanecer aquí —Fruncí el ceño.
—Pero no tiene sentido. Estarías haciendo exactamente el mismo trabajo.
—No —Lo dijo con la tranquilidad de siempre, como si aquella única palabra bastara para cerrar la conversación.
Abrí la boca para insistir. Estaba molesta. Este hombre no podía ser tan obcecado.
—Buenos días, señorita Kayla —La voz de Flora nos interrumpió y mi rabia disminuyó un poco.
Me giré hacia ella.
—Buenos días, Flora —dije con voz calmada, aunque por dentro era un volcán.
—El desayuno estará listo en unos minutos —mencionó poniendo la tetera en el fuego.
—No te preocupes, Flora —dije levantando el vaso que tenía en mis manos—. Desayunaré con Angélica en la empresa.
Cuando volví la vista hacia Nath, comprendí que la conversación había terminado... al menos por ahora.
Angélica abrió la puerta del auto.
—Buenos días... aunque no sé para quién. Levantarse a esta hora debería ser ilegal —Se dejó caer en el asiento con un suspiro dramático.
—Buenos días —respondí sin hacerle caso. Era una dramática.
—¿A dónde me llevan? Espero que al menos haya desayuno de por medio —Rodé los ojos.
—A trabajar —Angélica suspiró exageradamente.
—La esclavitud ha comenzado —Miró alrededor del auto.
—¿Y las facturas?.
—No hay facturas.
—¿Cómo que no hay facturas? —preguntó con indignación—. ¿A dónde me llevan entonces? Espero que haya desayuno porque... —Se interrumpió al levantar la vista —. ¡Eh! ¿Y Tomás?.
—Su horario todavía no empezó.
—Por fin alguien que sí sabe cómo funciona la vida: primero dormir, luego dormir un poco más, después el desayuno y, si queda tiempo, trabajar —Rodé los ojos.
Una sonrisa traviesa comenzó a dibujarse en su rostro. Ya sabía lo que significaba esa sonrisa. Antes de que pudiera detenerla, habló.
—Nath.
—¿Sí? —respondió él con calma.
—Una duda.
—Dime.
—¿Kayla ronca? —Él tardó apenas un instante en responder. Yo mantuve la respiración.
¿Qué estaba haciendo?.
—No lo sé —Angélica arqueó una ceja.
—¿No? —Hizo una pausa, como si realmente estuviera sorprendida —. Con lo juntitos que estaban ayer, pensé que ya lo habrías averiguado.
—¡Angélica! —exclamé, sintiendo cómo el calor subía hasta mi rostro.
Ella levantó las manos con inocencia.
—¿Qué? Solo era una pregunta —La fulminé con la mirada y, al parecer, entendió el mensaje.
El resto del camino transcurrió en un incómodo silencio.
Si decía una sola palabra más, no sería para decirle algo bonito a Angélica, y ella parecía saberlo.
Cuando llegamos, vimos a Tomás esperando en la entrada.
Me apresuré a salir del vehículo y, antes de avanzar, giré apenas hacia Nath. Sin mirarlo, dije:
—Perdón por Angélica —Nath me miró.
—¿Por qué?.
—A veces habla antes de pensar.
—No tiene que disculparse —Asentí.
Caminé sin esperar a mi ahora ex amiga.
Tomás dio unos pasos hacia nosotras. En cuanto me vio, frunció el ceño. No quería ni imaginar la expresión que debía tener mi rostro.
Al pasar a su lado, fingí una sonrisa.
—Hola.
Él respondió con un leve asentimiento.
Detrás de mí, mi ex amiga caminaba como si nada hubiera pasado.
Vi a Tomás acercarse a Nath. Intercambiaron unas palabras en voz baja, pero no alcancé a escucharlos. Estaba demasiado ocupada intentando esconderme de Nath... y evitando cometer un homicidio.