Creí en ti

Capitulo 22

La espera pareció interminable. Sentía la mirada de Nath quemándome la piel.
Fingí que no me daba cuenta. Mantuve la mirada fija en la pantalla del televisor, como si mi vida dependiera de eso.

El sonido del televisor llenaba la cocina mientras Flora terminaba de acomodar unas tazas sobre la mesa. Angélica, sentada a mi lado, hojeaba distraídamente una revista.
Agudicé el oído cuando una voz conocida apareció y el rostro del periodista ocupó la pantalla. Sentí un nudo en el estómago.

—Durante meses hemos investigado las actividades de una de las empresas más poderosas del país. Lo que comenzó como una investigación por evasión fiscal terminó destapando una estructura mucho más compleja.

No aparté la vista del televisor.

—Hemos encontrado indicios de lavado de dinero, empresas fantasma, contratos obtenidos mediante sobornos, desvío de fondos y operaciones financieras diseñadas para ocultar el origen de millones. Todo apunta a una organización que lleva años actuando bajo la apariencia de una empresa intachable.

Mi respiración se volvió más lenta. Eso era imposible.
¿De dónde había inventado tanta información? ¿Desde cuándo los periodistas hablaban con tanta impunidad? ¿Acaso no sabían que podían destruir negocios?.

Si bien no había mencionado el nombre de la empresa ni el de mi padre, no hacía falta. Sabía perfectamente de quién estaba hablando.
Me advirtió que esto no terminaría así. ¿De estos tratos sucios hablaba? ¿De sembrar dudas?.

—¿Y eso es todo? —preguntó el conductor —El periodista negó con la cabeza.

—Ojalá lo fuera. Mientras seguíamos el rastro del dinero, encontramos documentos que no deberían haber aparecido en una investigación financiera. Denuncias, nombres que se repiten y personas que, por alguna razón, dejaron de aparecer en los registros. Todavía no podemos establecer una conexión, pero sería irresponsable ignorarlo—Un escalofrío me recorrió la espalda.

—¿Hay informantes?.

—Sabemos que hay una investigación paralela. No puedo revelar quién la lleva adelante, pero, si las autoridades hacen bien su trabajo, pronto habrá movimientos que nadie espera.

—Danos nombres.

—No voy a afirmar algo que todavía no puedo demostrar. Pero cuando una organización invierte tanto esfuerzo en ocultar personas como en ocultar dinero, deja de ser una simple investigación por corrupción —El estudio quedó en silencio antes de que el conductor agradeciera su presencia y la transmisión pasara a una pausa comercial.

—Es una locura —soltó Angélica con indignación—. Hoy cualquiera sale en televisión a decir lo que se le ocurre con tal de hacerse famoso —Asentí sin dejar de mirar la pantalla, que mostraba una publicidad de no sé que producto —. No entiendo cómo consiguió tanta información... pero todo eso es mentira.

Un leve ruido me hizo girar la cabeza.
Flora permanecía inmóvil junto a la mesa, con el repasador entre las manos. Apenas fue un instante. Luego continuó acomodando las tazas como si nada hubiera ocurrido.

Desvié la vista hacia Nath. No decía una sola palabra. Su atención ya no estaba en el televisor. Recorrió con la mirada a Flora, después, a Angélica y finalmente, sus ojos se detuvieron en mí durante un breve instante, con la misma expresión imperturbable de siempre.
Era imposible saber qué estaba pensando.
El silencio que quedó en la sala tras la entrevista resultó insoportable.

Mi teléfono comenzó a vibrar sobre la mesa, haciéndome exaltar. No quería mirar la pantalla. Mucho menos contestar. Dejé que sonara hasta que se detuvo. Respiré hondo. Volvió a sonar. Cerré los ojos un instante antes de tomarlo.

Era papá.

No podía creerlo. Si él llamaba, era porque la noticia había corrido demasiado rápido. Tuve el impulso de no atender. Era la primera vez que no me emocionaba escuchar su voz.

Angélica me miró con los ojos muy abiertos, preocupada. Deslicé el dedo sobre la pantalla.

—Hola, papá...

—¿Qué fue lo que te pedí, Kayla? —Su voz era tan fría que sentí un nudo en el estómago.
No respondí. Estaba furioso.

—...

—Confié en ti porque creí que ibas a solucionar este asunto. ¿Y qué hiciste? Absolutamente nada —siguio gritando.

—Papá, yo... —me interrumpió.

—¡No! Ahora me escucharás tú a mí —Apreté el teléfono con fuerza —. Ese periodista hizo exactamente lo que dijo que iba a hacer. Salió en televisión y habló de la empresa delante de todo el país —Bajé la mirada.

—Pero hablé con él, le puse un bozal... —quise explicar.

—Y no fue suficiente —dijo entre dientes.
Jamás lo había escuchado así, tan enojado y decepcionado a la vez.
Sus palabras cayeron como un golpe.

—Confié en tu criterio. Pensé que entenderías la importancia de detener esto antes de que fuera demasiado tarde —Sentí un nudo en la garganta.

—Perdón —dije con sinceridad.

—Las disculpas no solucionan los problemas, Kayla. Lo único que lograste fue darle la publicidad que estaba buscando —Guardé silencio —. Quiero que lo soluciones, ¡ahora! —elevó la voz.
Mis dedos temblaban alrededor del teléfono.

—Sí, papá —apenas dije en un susurro, con la voz entrecortada.
Hubo unos segundos de silencio.

—Espero que esto no vuelva a repetirse. No me decepciones —La llamada terminó.
Jamás me había hablado así.

Aparté lentamente el teléfono de mi oído. No levanté la vista enseguida. Necesité unos segundos para recuperar la compostura. Los ojos me picaban. No quería llorar.

El lugar se sentía pesado. Cuando por fin logré contenerme, levanté la vista y encontré a Angélica observándome con preocupación. A unos pasos de ella, Flora permanecía inmóvil. Y un poco más atrás, Nath seguía de pie. Ninguno había dicho una sola palabra. El teléfono aún continuaba en mis manos.
Angélica me observaba en silencio. En su expresión había algo parecido a la compasión.

—¿Estás bien? —preguntó con suavidad.
Asentí, aunque ni yo misma me lo creía.
El silencio volvió a instalarse entre nosotras.




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