Creí en ti

Capitulo 24

El silencio era ensordecedor. Mi corazón golpeaba mis costillas. Mi garganta estaba seca. El oxígeno escaseaba. Parecía como si el tiempo se hubiera detenido o pasara demasiado rápido. No sé cuánto tiempo permanecimos así, mirándonos. Pero ya no podía retroceder. La pregunta ya había salido y no podía vivir con esta incertidumbre. Debía poner un límite.
La espera comenzó a ponerme nerviosa. Había sido yo quien quiso hablar, quien había decidido preguntar, pero ahora sentía que ya no era tan valiente.

—Olvídalo —murmuré, bajando la mirada, lista para irme.

—No quiero olvidarlo —soltó, y levanté los ojos.
Mi corazón dio un vuelco. Él dio un paso hacia mí. Solo uno. Pero fue suficiente para que mi respiración cambiara.

—¿Qué quieres saber, Kayla? —soltó. Tragué saliva. Necesitaba una respuesta.

—Si lo de anoche significó algo para ti.
Sus ojos recorrieron mi rostro antes de volver a encontrarse con los míos.

—¿Y para ti? —La pregunta me tomó por sorpresa.
Nath levantó una mano y apartó suavemente un mechón de cabello de mi rostro. Su expresión cambió levemente. Ya no era el sujeto frío y distante; había calidez en sus ojos. El simple contacto hizo que se me acelerara el corazón —. No me fui de ti, Kayla —continuó sin esperar a que respondiera. Mi corazón dio un vuelco. No supe qué responder. Nath deslizó los dedos por mi mejilla y sostuvo mi mirada —. Solo tuve que salir de la habitación —Su voz era baja, casi un susurro —. Pero no quería irme de ti —Sentí una alegría inmensa. Y entonces entendí que había estado equivocada —. Nadie puede enterarse, Kayla. A tu padre no le agradaría saberlo.

—¿Te preocupa lo que piense mi padre? —Nath negó lentamente.

—Me preocupa lo que pueda hacer. —Lo miré desconcertada, continuó —. No soy la clase de hombre que él quisiera para ti. No soy exitoso ni empresario. Sé que se opondrá.

Era cierto. Mi padre me había exigido una sola cosa: que el hombre que eligiera como esposo fuera exitoso y tuviera el mismo estatus que él. Jamás me permitiría casarme con alguien como él.

—Pero yo quiero estar contigo —susurré. Sus dedos rozaron mi mejilla una última vez.

—Yo también quiero intentarlo. Por eso, delante de los demás, nada cambia —Lo miré.

—¿Y cuando estemos solos? —Nath sostuvo mi mirada y elevó apenas la comisura de sus labios.

—Cuando estemos solos... no quiero fingir contigo —Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo nada.

Solo nos miramos.

Esta vez no había dudas.

Nath acercó lentamente su rostro al mío. Sentí que el corazón comenzaba a golpearme con fuerza contra el pecho, pero no me aparté. Cerré los ojos justo cuando sus labios rozaron los míos.
Sus labios encontraron los míos con una intensidad que me tomó por sorpresa. No fue como nuestros besos anteriores. Esta vez no hubo dudas ni miedo. Solo esa necesidad de acercarnos que llevábamos demasiado tiempo intentando ignorar. Mis manos se aferraron suavemente a su camisa mientras él me rodeaba con los brazos y me acercaba más a su cuerpo.

El corazón me latía desbocado. Las mariposas revoloteaban en mi estómago y un calor agradable me recorrió de pies a cabeza.
Cuando sus labios se separaron de los míos apenas un instante, abrí los ojos.
Nath me miraba como si quisiera decirme algo, pero no necesitaba hacerlo.
Volvió a besarme. Por unos segundos olvidé todo lo demás. Solo existíamos él y yo.

Fuimos a mi habitación por si Flora, por alguna razón, se levantaba y, allí, entre besos y caricias, sin llegar más allá, me quedé dormida en su pecho, sintiendo su calor, porque desde que lo conocí, Nath me hacía sentir protegida.

Al día siguiente, otra vez, él no estaba en mi cama, pero yo ya no sentía la incertidumbre. Entendí que solo debíamos ser precavidos.

Me levanté de buen humor. Flora estaba en la cocina preparando el desayuno. Guardé la compostura.

—Buenos días —Mi ama de llaves levantó la vista y me observó, frunciendo el ceño.

—Buenos días —dijo sin dejar de mirarme—. Hoy la veo más animada de lo habitual —Mi sonrisa amagó con desaparecer, pero, si lo hacía, sospecharía algo, así que la mantuve.

—Sí, bueno, estuve hablando con Angélica ayer y solucionamos las cosas. También hablé con el periodista. Así que sí, estoy más animada —No tenía que darle explicaciones, pero no quería delatarme.
No me creyó. Su rostro seguía intrigado.

—¿Pudo hablar con su padre? Hoy me llamó temprano y me dijo que anoche la estuvo llamando y usted no le respondió.

Mi mente se quedó en blanco. No había escuchado las llamadas de mi padre. Tampoco había intentado comunicarme con él.

—Me quedé sin batería ayer. No lo oí —me excusé con menos humor.

Había pensado mucho en la discusión con mi padre. Había sido una discusión fuerte y entendí que no era del todo mi culpa. Si bien no había revisado el correo, sí había hecho mi trabajo. El periodista había encontrado la forma de salirse con la suya. ¿Podía haberlo previsto? Sí, por supuesto que sí, pero si él no hubiera dejado muchísimo trabajo y si no hubiéramos perdido tanto tiempo con las claves y los documentos encriptados, habría estado más atenta. No me estaba excusando, pero era cierto.

No quería hablar con él aún.

—Lo escuché un poco preocupado —mencionó Flora.

—Sí, bueno. Ya solucionaré el problema.

—Señorita, él...

—No hablemos de él ahora —la corté y miré la hora—. Debo irme a trabajar.

—Pero no desayunó —me recordó señalando la mesa preparada.

—Lo haré en la empresa.

Salí de la cocina rápidamente. Ella quería que las cosas entre mi padre y yo estuvieran bien, y yo también lo quería, pero él no me había dado la oportunidad de explicarle nada.

Nath me encontró en el pasillo.
—¿Estás bien? —su voz sonó neutra, pero dejó entrever su preocupación.

—Sí —Me limpié una lágrima rápidamente y mantuve la vista en un punto, queriendo ocultar cómo me sentía.




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