Creí en ti

Capitulo 25

Dos días habían pasado desde que pasé por la peor crisis de amistad, callé a un periodista y Nath y yo empezamos a dormir juntos. Solo dormíamos, nos besábamos y acariciábamos, y luego me quedaba dormida sobre su pecho.

Hoy era la noche perfecta. Flora tenía la noche libre. Había planeado esta noche en mi mente desde que me enteré. Necesitaba descansar y pasar la noche tranquila con Nath.
No esperaba ir más allá, pero tenía cierta incertidumbre sobre lo que podría llegar a pasar.
Él me gustaba mucho. Bajaba la guardia cuando estaba con él. Sentía que era el indicado. Me ponía nerviosa pensar en cómo terminaría la noche.

Cuando regresamos de la empresa, Jorge nos estaba esperando. Tuvimos un entrenamiento exhaustivo. Mencionó que ya habíamos descansado lo suficiente y que era momento de sudar, y vaya que cumplió su palabra. Terminamos exhaustas.
Angélica se estaba comportando de una manera muy madura, y eso la hacía aún más extraña, tanto que hasta Tomás le preguntó varias veces si se encontraba bien. Incluso a mí me preguntó, preocupado.

—Entonces… cualquier cosita me llaman. Estaré atenta al teléfono —explicó Flora, preparándose para salir.

—Por supuesto —interrumpió Angélica—. Entonces puedo llamarte si necesito un bocadillo nocturno, de esos que tú haces y que son exquisitos.
Solté una carcajada, mientras Flora, sin una pizca de gracia, negaba con la cabeza.

Angélica sería nuestra coartada. Le habíamos dicho a Flora que ella se quedaría conmigo. De lo contrario, no se iría. Había traído una mochila con sus cosas y luego una llamada improvisada la haría regresar a su casa.
Por supuesto, Nath no sabía nada. No sabía si estaría de acuerdo.

—Me refiero a un atentado o algo así —aclaró la ama de llaves.

—Preferiría llamar a los guardaespaldas. Me parecen mejor preparados que una viejecita, pero, si piensas que con tus cuchillas puedes parar las balas, te llamaremos —comentó con seriedad, como si dijera algo de suma importancia.

—Viejos los trapos —interrumpió Flora, pegándole con el repasador.
Angélica automáticamente levantó las manos e hizo una cara muy graciosa de terror.

—¿Está segura, señorita Kayla, de que estará bien?.

—Sí, Flora, ve tranquila. Debes descansar y ver tu casa —desde el atentado de hace meses que se quedaba por las noches—. Planeamos una noche de chicas. Además, los guardaespaldas nos cuidarán —la tranquilice.

—Usted cuide bien de la señorita —le indicó a Angélica, apuntándola con un dedo.

—Quédese tranquila. Los entrenamientos están dando sus buenos frutos —levantó los bíceps como si eso significara algo.

—No hagas eso —negué—. Siguen siendo escuálidos —me burlé, y ella me miró ofendida.

—Cuando te aparezca un maleante vas a necesitar a estos escuálidos —los besó.

Flora tomó sus cosas con calma, mientras nosotras sentíamos una carga enorme sobre los hombros. Y cuando por fin dejó la casa, exhalamos.

—¡Pensé que nunca se iría! —exclamó mi amiga, limpiándose el sudor de la frente.

—Por un momento pensé que sospechaba algo —exhalé con alivio.

—Bueno, ¿preparada para perder tu vir…? —Le tapé la boca. Sabía que saldría con eso.

—¡Ya cállate! —exigí—. Sabías que ibas a salir con algo así.

—¿Qué? ¿No me digas que no pensaste en esa posibilidad?.

Me quedé callada. Por supuesto que lo había hecho. Mis mejillas se enrojecieron al instante. No era fácil decidir eso. Pero tampoco quería preocuparme demasiado. Si se daba con naturalidad, sería especial. Él había demostrado ser un caballero, pero eso no quitaba que sintiera cierto temor.
Ella percibió mi disyuntiva.

—¿Qué te parece si comemos algo? No me iré sin cenar —cambió de tema, dejándome con mis cavilaciones.

..........

Ya había terminado el turno de Tomás y Nath tomó su lugar.
El aire se sentía tenso. Angélica fingía no saber nada, pero cada vez que él aparecía y nos daba la espalda, ella hacía muecas insinuantes, mientras yo me mantenía rígida, pensando que él la vería.
Angélica seguía siendo Angélica, solo que un poco más precavida. Igual agradecía que me apoyara y me animara a dar el siguiente paso.

En la habitación, pasadas las once de la noche, me mordisqueaba las uñas.

—Relájate, sí —advirtió mi amiga, como si todo fuera lo más normal del mundo.

Ella estaba sentada en la cama, con las piernas enrolladas. Ya se había colocado el pijama y se estaba limando las uñas.

—Estoy relajada —mentí.

No podía dejar de pensar en lo que estaría pensando él al saber que Flora tendría su noche libre. No sabía si estaría decepcionado de que hubiera invitado a mi amiga a pasar la noche o si esperaba que pasáramos una noche los dos solos.

La última interacción había sido cuando Tomás se fue. Antes de irse, nos dijo que nos dejaba en buenas manos. Luego, Nath solo apareció breves instantes, asegurándose de que todo estuviese en orden.

Golpearon la puerta de la habitación y, luego de dar el pase, se asomó por la puerta.

—¿Todavía despiertas?

—Ya estábamos por irnos a la cama —respondió Angélica.
Nath asintió y me miró.

—¿Necesitas algo? —Angélica levantó la vista de sus manos y, como si acabara de notar algo completamente normal, comentó:

—No te preocupes, Nath. Yo me quedo con ella. Aunque supongo que tú ya estás acostumbrado a saber cuándo necesita algo.
Contuve el impulso de mirarla y asesinarla con la mirada, pero él se daría cuenta de que le había contestado sobre lo nuestro.

—Es mi trabajo.

—Por supuesto, y lo haces muy bien —su tono tuvo un leve sarcasmo, ese que ella usaba cuando hablaba con doble sentido.

—Está todo bien, Nath —respondí, casi sin mirarlo.

—Ok. Estaré atento por cualquier cosa.
Escuché la puerta cerrarse y levanté la vista.
Mi amiga me miraba seria, levantando una ceja con la lima en el aire.

—¿Qué? —pregunté, confundida.




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