Creo que siempre fue por Ti

Capítulo 3

Eien -On the Nature of Daylight, Max Richter

—¡Eien... despierta...!

No podía distinguir de quién era la voz, todo lo escuchaba lejano y apenas podía entender qué decían.

—Cuántas veces te lo tendré que repetir, Kori... teníamos que hacerlo suave, aún no despierta y ya han pasado 2 horas.

—Es que pienso que a veces eres un poco suave con cosas que no lo son...

—¿Te das cuenta de que ahora solo podría volver a su mundo si acepta tener poderes? Que ella pueda tener una vida normal ya no es posible...

—Lo sé, lo sé... pero piensa en esto, Mizu. Si despierta y acepta, podrá volver con su familia. ¿No es eso mejor que desvanecerse aquí?

—No podemos manipularla hacia una decisión...

—No es manipulación, es... mostrarle las posibilidades. Además, necesitamos un nuevo portador. Han pasado décadas desde el último.

—Eso no es razón suficiente para presionarla.

—Ya... perdón, supongo.

—Voy a intentar despertarla ahora.

Sus pasos hacían que el suelo vibrara levemente. Su cercanía la sentía con un cosquilleo en todo mi cuerpo, parecía que estaba agachada. No podía ver, no podía abrir los ojos, solo podía escuchar.

Sentí una mano fría posarse sobre mi frente. El contacto se sintió como una sensación suave que recorrió todo mi cuerpo.

—Eien —la voz de Mizu sonaba cerca, justo sobre mí—. Sé que puedes escucharme. Sé que estás ahí dentro, procesando todo esto.

Intenté mover los dedos, abrir los ojos, cualquier cosa. Pero mi cuerpo no respondía. Era como estar atrapada dentro de mí misma.

—Su corazón sigue latiendo —observó Kori desde algún lugar más lejano—. Eso es una buena señal, ¿verdad?

Sonaba raramente preocupada y empática.

—O podría significar que se está aferrando al limbo —respondió Mizu con un tono preocupado—. Que no quiere despertar para no tener que enfrentar la realidad.

Un silencio pesado se instaló entre ellas.

—¿Y si no despierta? —preguntó Kori—. ¿Cuánto tiempo tiene?

—No lo sé —admitió Mizu—. Cada persona es diferente. Algunos despiertan en minutos, otros tardan días.

—Pero su cuerpo allá afuera ya murió —recordó Kori—. Los paramédicos se rindieron hace una hora. La declararon al llegar al hospital. Su familia ya fue notificada.

¿Qué pasará? ¿Mi familia qué hará? ¿Los problemas del pasado tendrán poder aún al día de hoy? Necesitaba decirles que estaba consciente.

La mano de Mizu se deslizó de mi frente a mi pecho, justo donde mi corazón latía visible y expuesto.

—Tu corazón está latiendo cada vez más lento, Eien —dijo suavemente—. Incluso aquí, incluso en el limbo, tu corazón sabe que el tiempo se agota.

Lo sé, pensé desesperadamente. Lo sé, lo siento en mi ser.

—Mizu, tenemos que decirle la verdad completa cuando despierte —dijo Kori—. Sobre el deseo. Sobre lo que realmente puede llegar a hacer si acepta.

—No quiero que acepte solo por eso...

—Pero es su decisión —insistió Kori—. Si sabe que puede conseguir lo que quiera al final, que puede arreglar las cosas con su familia, cambiar su vida... eso podría motivarla.

—O podría hacer que acepte por las razones equivocadas.

—¿Y cuáles son las razones correctas? —desafió Kori—. ¿Heroísmo? ¿Sentido del deber? Ella no le debe nada a nadie. Si acepta, que sea porque quiere algo. Eso es más honesto.

Mizu no respondió de inmediato. Sentí cómo su mano se apartaba de mi pecho.

—Tienes razón —admitió finalmente—. Merece saber todo. Las consecuencias y las... recompensas...

—Exacto —dijo Kori—. Y piénsalo, Mizu. Ella podrá volver con su familia. Podrá tener una segunda oportunidad real. ¿No es eso lo que todos queremos, Mizu? ¿Una oportunidad de arreglar nuestros errores? ¿Que podamos tener la posibilidad de volver a donde pertenecemos?

—Kori... siento que esto te lo estás tomando personal, nunca te vi tan preocupada por alguien que acabas de conocer.

Parece que Mizu se había parado.

—¿Y qué importaría si me lo estuviera tomando personal? Ella va a morir aquí igual. Sabes que después de esto no hay nada más.

Sentí algo moverse dentro de mí. Una pequeña chispa. Un despertar.

—Eien —habló Mizu de nuevo, su voz más firme ahora—. Si puedes escucharme, necesitas saber esto: la piedra que llevas no es solo un objeto mágico. Es la llave a algo más grande. Si la aceptas, obtendrás el poder del agua.

¿Ese sería el precio a pagar?

—Pero eso es solo el comienzo —continuó Kori—. Existen más piedras. Una para cada carácter natural. Fuego, lava, agua, roca, viento, luz, oscuridad, rayo, planta, animales. Cada una otorga el control sobre su carácter.

—Hay otras tres... esas no se consiguen de forma "natural", por algo las llaman las piedras madres. Y son de: dolor, felicidad y amor. Y cuenta la larga historia familiar que el único que ha podido juntar todas descubrió que al juntarlas se forma la piedra Jikan. Se desconoce su poder...

—Y quien reúna todas las piedras —dijo Kori rápidamente—, quien logre portarlas todas, se le concede un deseo. Un solo deseo. Cualquier cosa que quieras.

Mi corazón se aceleró. ¿Cualquier cosa?

—Podría volver el tiempo atrás —siguió Kori, como si leyera mis pensamientos—. Podría cambiar las decisiones que tomaste. Podría arreglar tu relación con tu familia. Podría... hacer lo que quisieras...

—Pero no es fácil —advirtió Mizu—. Encontrar las piedras toma tiempo. Décadas, a veces siglos. Y cada piedra tiene su propio guardián, sus propias pruebas. No es como recogerlas del suelo.

—Pero es posible —insistió Kori—. Y ella tendría tiempo. La piedra del agua te da longevidad. No inmortalidad completa, pero... vivirás lo suficiente para completar la primera búsqueda.

—Si eso es lo que eliges hacer —agregó Mizu—. No estás obligada a buscar las otras piedras. Podrías simplemente vivir con el poder del agua y nada más. Esa también es una opción válida.




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