Eien Wake up. NF
Tic-tac
Tic-tac
Tic-tac
Estaba sonando mi despertador para ir a trabajar. Tenía los ojos pegados del sueño, me senté lentamente y froté mis ojos para despertar más rápido. Con un golpe, apagué el despertador y entré en sí.
¿Estoy en mi casa?
Mis ojos eran platos de lo abiertos que estaban viendo a mi alrededor. Vi rápidamente mi piel, asegurándome si tenía todo mi cuerpo con piel y si no me faltaba nada.
—¿Hola? —me di cuenta de que mi voz era normal nuevamente—. Wow, esto parece un sueño. ¿Cómo habré llegado aquí?
Me paro rápidamente de mi cama y voy a mi sala de estar. No había nadie, solo una nota en la mesa del comedor. La tomé y me dispuse a leerla.
Eien, gracias a Dios no moriste. Los doctores dijeron que fue un milagro, que nunca habían visto algo así antes. Cuando tus signos vitales volvieron no te despertaste, pero estabas viva. Nosotros nunca te vimos antes del accidente, no sabíamos qué tan herida estabas. Pasaron las horas después de que reviviste y no despertabas, entonces te mandaron para tu casa. Te llevaron en una ambulancia y yo me quedé lo que más pude, por si preguntabas cómo habías llegado a tu casa. Te cuidé y te dejé comida hecha en tu refrigerador, para que no tuvieras que cocinar.
Te ama, tu mamá.
Dejé caer la nota sobre la mesa, sintiendo un nudo formarse en mi garganta.
Mi mamá había estado aquí.
Después de años de apenas hablarnos, de todas las peleas, de que yo decidiera vivir sola para “escapar” de todo.
Ella había estado aquí. Cuidándome.
Doblé la nota con cuidado y la guardé en el bolsillo de mi pijama. No sé por qué, pero sentía que necesitaba conservarla.
Caminé hacia el espejo del pasillo, casi con miedo de lo que vería.
Y ahí estaba.
Mi reflejo me devolvió la mirada, pero algo era definitivamente diferente.
Mi ojo izquierdo brillaba con un intenso color turquesa, como si tuviera luz propia. No era un azul normal. Era luminoso, antinatural, imposible de ignorar.
—Carajo —susurré, tocando suavemente el párpado—. ¿Cómo voy a explicar esto?
—No tienes que explicarlo —la voz de Mizu resonó suavemente detrás de mí.
Me giré bruscamente. Ahí estaba ella, flotando a medio metro del suelo. Su forma era traslúcida, como hecha de agua cristalina. Podía ver a través de ella, pero al mismo tiempo era perfectamente visible. Contrario a su cuerpo físico que tenía en el limbo.
—¡Dios! —di un paso atrás, chocando contra la pared y el espejo, balanceándolo un poco—. Me vas a matar del susto.
—Técnicamente ya moriste una vez —apareció Kori al lado de Mizu, con los brazos cruzados y una sonrisa burlona.
—¿Ustedes van a aparecer así de la nada todo el tiempo? —pregunté, con el corazón todavía acelerado.
—Solo cuando nos necesites —respondió Mizu con calma—. O cuando tengamos algo importante que decirte. Puedes llamarnos cuando quieras, solo piensa en nosotras.
—Genial —murmuré, volviendo a mirar mi ojo en el espejo—. ¿Y esto? ¿Qué le digo a la gente?
—Lentes de contacto —sugirió Kori mientras se apoyaba en una pared y se miraba los pies—. O que es una condición médica extraña del accidente. La gente creerá cualquier cosa si suenas lo suficientemente convincente.
—Eso es mentir.
—Bienvenida a ser portadora, Eien… —Kori se encogió de hombros—. Mentirás mucho. Acostúmbrate.
Mizu le lanzó una mirada de reproche antes de volverse hacia mí.
—Eien, sé que esto es abrumador. Pero tienes que entender algo importante: tu vida cambió. Ya no eres completamente humana. Y con eso vienen secretos que tendrás que guardar.
—¿Por cuánto tiempo? —pregunté, sintiendo el peso de esas palabras.
—Tanto como portes la piedra —respondió Mizu—. Que podría ser... mucho tiempo.
Cerré los ojos, respirando profundo.
Un paso a la vez, me dije. Un paso a la vez.
—Está bien —dije finalmente—. Entonces... ¿qué hago ahora? ¿Empiezo a buscar las otras piedras? ¿Cómo funciona esto?
—Primero —dijo Mizu—, necesitas aprender a controlar tu poder. El agua responde a tus emociones ahora y siempre. Si estás enojada, triste, asustada... puede reaccionar de formas inesperadas.
—¿Inesperadas cómo?
Como si respondiera a mi pregunta, el grifo de la cocina se rompió solo con eso. El agua salía descontroladamente, con fuerza, salpicando por todas partes.
—¡¿Qué?! —corrí hacia la cocina, tratando de tapar con un trapo el lugar de donde salía el agua, pero no bastaba.
—Estás asustada —dijo Mizu con calma—. Y el agua lo siente. Respira. Cálmate. Pídele que pare.
—¿Pedirle? ¡Es agua!
—Es tu agua ahora —insistió Mizu—. Habla con ella. No con palabras, con tu mente.
Extendí mis manos hacia el grifo. Intenté sentir el agua, como Mizu decía.
Y entonces... la sentí.
No era solo “agua” cayendo. Era algo totalmente nuevo, algo que respondía a mí. Podía sentir cada gota, cada molécula, como si fueran extensiones de mi propio cuerpo. Me imaginaba un cuerpo de agua en mi cabeza y se movía como yo quería.
Para, pensé.
El agua se detuvo instantáneamente. No solo dejó de salir. Se detuvo en el aire, formando una columna líquida perfectamente inmóvil.
—Yo... yo hice eso.
—Sí —Mizu sonrió—. Lo hiciste.
Moví mi mano lentamente, y el agua siguió el movimiento, girando en el aire como una serpiente translúcida. Era hermoso y aterrador al mismo tiempo.
—Impresionante —admitió Kori—. La mayoría de los nuevos portadores tardan semanas en lograr eso. Tienes talento natural.
Una leve voz agradable salió brevemente de la boca de Kori al decir aquello.
Dejé caer mi mano y el agua cayó de vuelta al fregadero con un splash.
—Esto es... surrealista —murmuré.
—Sí —concordó Mizu—. Pero es real. Y ahora tienes que decidir qué hacer con este poder.
Me apoyé contra el mostrador de la cocina, procesando todo.