Crimen Escarlata

4. Entre la vida y la muerte

LUNES 27 DE OCTUBRE-. 12:15 hrs. - HAMISH

—No logro entender si Kiera no siente miedo o tiene una increíble capacidad para ocultarlo, ¿no crees? —murmuré deleitado—. Cualquier humano estaría aterrado de saber que intenté salvarle la vida a un cuerpo poseído. ¡Y a un demonio real, además! No… realmente fascinante esa mujer.

La puerta del ascensor se abrió y caminé tras Joshua por un largo y moderno pasillo. Él simplemente rodó los ojos ante mi comentario.

—Deberías dejarla en paz, debe estar en shock. Fue demasiada la información que le dimos hoy. Tienes un retorcido afán por la detective Hart y eso siempre nubla tu juicio.

Resoplé molesto; no era la primera vez que me criticaba por la detective. Como si él nunca se hubiese sentido atraído por alguna humana.

—Mi interés por ella no afecta mi trabajo —me defendí.

Joshua abrió la puerta de vidrio que estaba frente a nosotros.

—No dudo de tu trabajo, sino de tu juicio. Estoy seguro de que cada vez que la ves calculas todas las formas en que podrías saborearla… literalmente.

—¿Y a quién quiere devorar con tanta pasión mi súbdito?

Me detuve de golpe.

Hijo de puta.

¿Tenía que escoger ese momento para soltar esas palabras? Seguro lo hizo apropósito.

Tras la puerta, un enorme y lujoso estudio nos dio la bienvenida. Al fondo, unos amplios ventanales daban a una terraza con una vista privilegiada de la ciudad desde el piso veinte. A la izquierda, una estantería de cristal resguardaba una colección de licores cuyo contenido variaba entre lo exquisito y lo prohibido. A la derecha, una mesa de pool se robaba la atención y junto a ella, imponente como una sombra que parecía engullir la luz del sol, estaba él: Malik.

Alto y de espalda ancha, llenaba la habitación con su sola presencia. Su cabello castaño oscuro estaba despeinado y su barba perfilada hacía que su expresión se viera más severa. Sostenía un taco de billar de manera relajada, pero yo sabía que en él nada era casual. A simple vista, parecía un humano atractivo, pero estaba lejos de serlo: era la mismísima representación de la Muerte en el mundo terrenal.

Incliné la cabeza, evitando su mirada en señal de respeto.

—Mi señor, su emisario le presenta sus respetos.

—Deja a tu pobre emisario en paz, Malik —dijo una voz—. ¿Por qué te regocijas en su incomodidad?

Aquel tono burlón cortó la tensión. La figura ligera de otro hombre apareció entre las habitaciones; su presencia era igual de perturbadora, aunque de una forma distinta. Su cabello casi blanco brilló contra la oscuridad de Malik y su rostro cargaba esa sonrisa usual que siempre me generaba desconfianza. Sostenía un vaso con un licor preciado.

Era Salem, la encarnación de la Vida en la Tierra. Siempre me había cuestionado por qué ambos poderes tan opuestos habían decidido instalarse en Wrefit Point, pero ¿quién era yo para cuestionarlo?

—Mi señor, su emisario presenta sus respetos —fue Joshua quién se inclinó esta vez.

—Mi querida emisario, ¿cuántas veces te he dicho que puedes llamarme por mi nombre?

—Lo lamento mi señor… Señor Salem —titubeó.

Como si de verdad un mero emisario fuera a hacer algo así.

Salem negó con la cabeza con una sonrisa divertida, aunque dudé que fuera real.

—Yo sigo esperando una respuesta —la voz de Malik, profunda y cortante como una guillotina desvaneció la ligereza que había aparecido en el ambiente—. ¿A quién tienes en mente, Hamish?

Le lancé una mirada de odio a Joshua, quién me regaló una mueca de satisfacción. Realmente es un hijo de puta.

—El emisario de la Vida está exagerando —quise explicar rápidamente—. Yo…

—¿Dices que exagera? —mi frase quedó a medias cuando Salem soltó una risa sarcástica—. Joshua no se destaca por inventar cosas.

Apreté los puños. La vergüenza y la humillación me apretaron el cuello y tuve que controlar las ganas de cubrirme el rostro.

—Es solo una mujer… —murmuré.

—¿Te rebajaste a sentir algo por una humana? —escupió Malik con desprecio.

—¡No! Yo no…

—Carnalmente entonces —interrumpió Salem con una sonrisa venenosa.

—Está obsesionado con ella —agregó Joshua con malévola satisfacción.

Cerré los ojos, controlando mi respiración. Qué ironía que el mismísimo emisario de la Muerte deseara que la muerte me llevara lejos de aquí.

Malik resopló, indiferente.

—No está prohibido que los emisarios mantengan relaciones con humanos, Hamish —dijo con un tono plano, como si citara una norma irrelevante—. Siempre que sean vínculos puramente… carnales.

Subrayó la última palabra con una seriedad implacable, dejando claro que cualquier otra implicancia no sería tolerada.

—¿Y cómo conociste a la humana? —inquirió Salem con curiosidad.

—Es una detective del departamento de policía —se adelantó Joshua.

—Vaya, vaya.... —susurró la vida.

Malik negó con la cabeza, dejando claro lo poco que le importaban nuestros temas personales. Salem parecía genuinamente interesado, pero su sonrisa desapareció y su tono cambió drásticamente.

—Hablemos de cosas relevantes, emisarios. ¿Tienen novedades?

Joshua y yo asentimos.

—Hemos confirmado que el humano asesinado estuvo poseído por un demonio real —señaló el emisario de la Vida—. Tenemos un testigo que confirmó el color de ojos, el cual coincide con la sangre escarlata.

Vida y muerte se observaron en un tenso silencio.

—¿Es el testigo de fiar? —nos cuestionó Salem.

—Si señor —afirme con firmeza.

Malik entrecerró los ojos.

—¿Cómo están tan seguros?

—La detective que encontró el cuerpo nos lo confirmó; tuvo contacto con la víctima cuando intentó, vanamente, salvarle la vida.

Salem abrió los ojos, desconcertado.

—¿Disculpa? ¿Intentó salvarle la vida a un demonio? ¿La misma detective que Hamish quiere devorar?

—Sí, la misma —confirmó Joshua—; la mujer no sabía que el cuerpo estaba poseído.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.