Crimen Escarlata

17. Más que un simple interés

VIERNES 31 DE OCTUBRE-. 22:45 hrs.

—Gracias por las cervezas, motoboy. La verdad es que saben mucho mejor después de una gran victoria —dijo Kiera con una mueca burlona y se levantó de la barra.

Bebí un largo trago de mi vaso y gruñí en repuesta, sin intención de disimular mi molestia. La maldita humana me había ganado y por una diferencia abismal.

—Bueno, ya va siendo hora que me retira. Buenas noches, Dylan —se despidió del barman con una confianza irritante que me hizo rechinar los dientes, para luego golpear suavemente mi hombro —. Hasta la próxima.

Estudié la forma en que alejó, con los pasos más arrogantes que hubiera visto en mucho tiempo. Ni siquiera le pregunté el nombre y ese hecho me irritó más de lo que quise admitir.

Me había confiado. Pensé que iba a ser una partida rápida, sin mucha importancia. Sin embargo ella tomó la delantera con eficiencia y, para el momento en que reacciones, ya tenía el juego perdido.

Nunca me había sentido tan humillado en algo tan banal.

—Suele venir casi todos los jueves después del trabajo —señaló Dylan desde el otro lado de la barra.

Giré el rostro hacia él y alcé una ceja-

—¿Estás haciendo de casamentero ahora?

El barman soltó una carcajada y limpió un vaso con más entusiasmo del necesario.

—Para nada y ella no lo necesita. Solo quiero ver cómo te da otra paliza.

Para mi asombro, me reí. Fue un sonido áspero, pero salió más fácil de lo normal.

Tuve que admitir que hacía tiempo que no disfrutaba de algo tan estúpidamente ordinario, pero eso no era todo. Una chispa de interés brotó en mí, aunque no tenía solo que ver con la derrota.

No fue solo su habilidad jugando pool, ni su actitud desafiante que parecía no tener fin. Fue el simple hecho de que aquella humana había logrado romper la monotonía.

—Tal vez venga el jueves a darme una vuelta —murmuré, dejando el vaso vacío sobre la barra.

Después de todo, no todos los días la muerte perdía en una partida de pool.

VIERNES 31 DE OCTUBRE-. 23:32 hrs. - RAZAEL

—La detective llegó a su hogar sana y salva, señor. Ozuel se quedará vigilando esta noche—. La voz de Sazamón resonó en la habitación.

Asentí sin apartar la vista de los papeles esparcidos frente a mí.

Me encontraba en la suite de uno de los hoteles más exclusivos de la ciudad, rodeado de lujos que, personalmente, no significaban nada. Toda mi atención estaba centrada en los documentos y fotografías que había recopilado sobre Kiera Hart.

Tomé una de las imágenes entre mis dedos, donde se capturó el rostro serio y la mirada penetrante de la detective que parecía desafiar al mundo. No era solo su atractivo físico lo que me llamaba la atención, sino la fuerza y determinación que irradiaba incluso una foto de ella. Era difícil quitarle los ojos de encima a esta humana.

Revisé página tras página, foto tras foto, absorbiendo cada detalle de su vida.

Kiera nació y se crio en esta ciudad, pero el primer hecho que me sorprendió fue que quedó huérfana siendo apenas una niña de cinco años. Fue acogida por el orfanato de la iglesia local, sin embargo nunca fue adoptada.

¿Por qué nadie habría adoptado a una niña con un historial impecable?

Algo no cuadraba.

Aun así, ese detalle no detuvo la detuvo y continuó su vida. Obtuvo logros destacados en la escuela, graduándose con honores y eligió un camino que pocos optarían: la ley. Ingresó a la academia de policía, tuvo un ascenso rápido junto a una reputación impecable. Todo daba la señal de que era una mujer que no aceptaba el fracaso, o bien era demasiado exigente consigo misma. Ambas opciones me calzaron con la imagen que me había hecho de Kiera.

Sin embargo, su vida personal era otro asunto, o mejor dicho un tema bastante ausente.

Vivía sola, sin muchos vínculos cercanos o relaciones significativas. La soledad parecía ser su usual compañía, pero había notado la complicidad y amistad que profesaba con su compañero Dante. Sin embargo, lo que vi en ella no era pura soledad, sino una referente de lo que es la auténtica independencia. No necesitaba a nadie y aquello era fascinante.

—¿Necesita algo más, mi señor?— la voz de Sazamón interrumpió mis pensamientos.

Me recosté en el sillón y una de forma lenta una sonrisa se formó en mis labios.

—No, con la información que obtuviste estaré bien.

Él asintió, pero no me pasó por alto la tensión en su rostro, al fin y al cabo, pocas cosas escapaban de mi percepción.

—Te parece extraño mi actuar, ¿no es así? —pregunté, con un destello de diversión en mi voz.

Sazamón, como buen subdito, mantuvo el semblante como piedra.

—¿Tengo autorización para expresarme con sinceridad mi señor?

Me abstuve de reir.

Como si no hubiera hecho anteriormente.

Esto, por el simple hecho que existían pocos de mis súbditos que tenían mi absoluta confianza y él, estaba entre uno de ellos. Sazamón tenía claro que podía hablar con franqueza, sin embargo jamás lo haría sin que yo se lo permitiera.

Podía ser un súbdito de confianza, pero yo seguía siendo el príncipe y futuro rey de los demonios.

—Habla.

—Es poco habitual el interés que le profesa a la humana, mi señor. Jamás había visto que le prestara atención a alguna hembra en particular, sin embargo...

Alcé una ceja, curioso, pero Sazamón espero mi señal para seguir. Le hice un gesto con la mano para que continuara.

—Sin embargo, la detectiva demuestra un temple bastante respetable para ser solo una humana.

Solté una carcajada.

—Confieso que es más que solo su temple lo que me intriga. ¿No me vas a preguntar el por qué?

—No soy quién para cuestionar sus decisiones mi señor —respondió con tranquilidad el demonio y no dejó duda alguna que habló con absoluta verdad.

Ello no significaba que no tuviera curiosidad.




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