Crimen Escarlata

18.Regalos inesperados

LUNES 3 DE NOVIEMBRE-. 07:25 hrs.

Cuando salí de mi casa, un auto bastante lujoso me esperaba en la entrada. A su lado, firme como una estatua, se encontraba Sazamón.

Es demasiado temprano para tener que lidiar con esto.

— Buenos días detective —saludó cuando me acerqué con cara de pocos amigos.

Si notó el desprecio en mis facciones, lo ignoró olímpicamente. Pese a eso, traté de no ser tan cortante.

—Buenos días. ¿Qué haces aquí?

—Vengo a escoltarla al trabajo —respondió como si fuera lo más normal del mundo.

—No es necesario, y no recuerdo habértelo pedido —repliqué, ya irritada.

—No irá a dejarme aquí, ¿o sí? Estaba esperándola para poder partir —señaló con falsa inocencia.

— Si te digo que te vayas solo, ¿lo harías?

— No.

Maldito hombre sincero.

Suspiré.

— Asumo que esto no fue tu idea.

— Tan perceptiva como siempre — replicó Sazamón con una sonrisa.

Chasqué la lengua, derrotada.

—Solo por esta vez me podrás llevar, ¿quedó claro?

Él simplemente me sonrió con malicia al haber ganado y me abrió la puerta en respuesta.

Dentro del auto, encontré un regalo modesto en un envoltorio negro con cinta plateada. Lo dejé a un costado para no aplastarlo.

—El obsequio es para usted, señorita Hart —dijo Sazamón tras subirse.

Lo dejé a un costado para no aplastarlo.

— Eso es para usted señorita — dijo Sazamón tras subirse.

— ¿Me estás jodiendo?

Clavé mis ojos en el espejo retrovisor para cruzar mirada con él, pero Sazamón contuvo una sonrisa y me ignoró. El resto del viaje fue de un silencio largo, pero sorpresivamente no tan incómodo como pensé.

Cuando llegamos no quise dejar que me abriera la puerta, pero los segundos antes de que tomara la manilla habló.

— No olvide su regalo.

— No lo quiero.

Esta vez, fue él quien suspiró.

—Detective, si no se lo lleva seré yo quien tenga problemas. Además, estoy seguro que le sorprenderá. Puedo dejarlo en su puesto si quiere.

¿Y que los demás te vean? Ni en tus putos sueños.

Resignada y aceptando el hecho de que él era el simple mensajero, tomé el paquete y me bajé.

—No necesitas acarrearme más.

Él me estudió con una mirada penetrante y apoyó su enorme brazo en el marco de la ventana.

—Yo solo sigo ordenes, señorita Hart. Y le recomendaría no botar el regalo a la basura, mi jefe lo sabrá. Si le doy un consejo, ábralo cuando esté sola.

Alcé una ceja.

—¿Por qué estarás en problemas si lo boto o porque serás tú quién me eche al agua? —bufé con ironía.

—Lo segundo, por supuesto — y me guiñó un ojo.

Bufé y le di la espalda para no ver la sonrisa burlona que imaginé tendría su cara. Me dirigí rápidamente a mi usual cafetería.

Hoy claramente necesitaba, con más urgencia, un maldito café.

LUNES 3 DE NOVIEMBRE-. 08:05 hrs. - SALEM

Observé la puerta con expectación, porque sabía que debería ingresar en cualquier momento.
A los pocos segundos, divisé a la detective Hart bajar de un lujoso auto. Me llamó la atención el hecho; no era lo que esperaba.

Sin embargo, la sorpresa se convirtió en ira absoluta cuando vi que ella mantuvo una breve conversación con nada menos que el demonio de la guardia real de Razael.

¿Qué mierda hacíaa él cerca de la humana?

Noté las muecas de frustración de Kiera al alejarse y dirigirse a la cafetería, parecía que la situación no le acomodaba, pero tampoco podía estar seguro.

A los pocos minutos, levanté una mano a modo de saludo cuando crucé mirada con la detective y coloqué una amplia sonrisa en mi rostro, ocultando mi malestar.

En el momento en que notó mi presencia, la humana no pudo ocultar su sorpresa, pero la reemplazó por una mirada cautelosa a medida que se acercó a mi mesa.

—¡Buenos días, detective Hart! —dije entusiasmado—. Me tomé la molestia de pedirte un café, lo mismo que la vez anterior.

Aceptó el café que le di, pero su cautela me dejó en claro que no confiaba en mí.

Curioso: mi sola presencia suele ser siempre bien recibida entre los humanos.

—Buenos días, Salem, y gracias —respondió ella, tomando asiento sin quitarme la vista de encima.

—¿Qué tal estuvo tu noche de Halloween? —pregunté, en un intento por iniciar una conversación más amistosa.

Se tomó un momento para responder, como si estuviera pensando. Su postura se relajó un poco, y una pequeña mueca de alegría se asomó en sus labios.

—Diferente, pero divertida. ¿Y la tuya? — se limitó a decir, sin dar más detalles.

—Un poco... solitaria —respondí con una risilla—. Sabes, he estado pensando en el caso del asesinato del callejón que me mencionó Hamish. ¿Tú estás a cargo de la investigación?

Noté cómo sus facciones se tensaron, aunque lo disimuló bien, la detective era buena controlando sus emociones, pero no lo suficiente para engañarme.

Seguro se debía estar preguntando por qué el emisario compartiría información de casos privados con una persona como yo.

—Estuve presente, pero el caso lo han tomado mis superiores —respondió con sutileza.

Profesional, sin duda. Me quedó claro que no iba a revelar información de su trabajo, menos sobre casos sin resolver.

—¿Han dado con el asesino?

—No —respondió con un largo suspiro—. Todavía estamos trabajando en ello.

Percibí cómo sus expresiones se endurecieron ligeramente. Decidí no presionar demasiado, pues sentía que por lo menos hablaba con la verdad.

—Espero que encuentren a la persona responsable —añadí con suavidad.

—Lo haremos —respondió. Su voz sonó tan fría y decidida como el hielo—. Cada vida merece justicia, sin importar las circunstancias.

No pude evitar sentir una pequeña conexión con la humana. Su deseo de justicia era genuino, y se ganó un poco de mi respeto.

—Estoy de acuerdo, detective. Es nuestro deber asegurarnos de que se haga justicia para todas las vidas en esta tierra.




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