LUNES 3 DE NOVIEMBRE-. 08:35 hrs.
El bullicio de la comisaria se apaciguó apenas ingresé a la sala de reuniones.
No tuve necesidad de buscar con la mirada a Razael, ya estaba ahí sentado justo en el medio con una postura segura y esa diversión en sus esculpidos labios que parecían burlarse de mí. Como también me llamaron poderosamente.
¿Desde cuándo me atraen tanto los labios de un hombre?
No supe que me irritaba más, si su actitud de ganador o el hecho de que a pesar de todo, se veía insoportablemente atractivo al actuar así..
—¡Buenos días Razael! —Dante lo saludó con tanto entusiasmo que quise golpearlo. Él debió haberme leído la mente, porque acto seguido me lanzó una mirada burlona. Estaba claro que estaba disfrutando con esta situación.
—Buenos días detective —respondió Razael, pero ni siquiera le dedicó un atisbo de atención porque sus ojos estaban fijos en mí.
Intenté concentrarme en el motivo principal por el que estábamos reunidos en la sala, pero inevitablemente no pude dejar de pensar en el estúpido regalo. Habían sido los mejores chocolates que había probado en la vida. Sin embargo, ¿qué buscaba ganar con esa acción?
Personalmente, odiaba estar en esta situación, ya que lo mínimo era darle las gracias ¿o no? ¿O debía simplemente ignorarlo?
Mi lado más terco, propuso la idea de hacer como si nunca hubiese recibido dichos regalos, fingir absoluta demencia, pero yo bien sabía que la cortesía era una buena forma de mantener la situación actual lo más neutral posible.
Después de todo, lo cortés no quita lo valiente y tampoco iba a dejar que él pensara que sus acciones me afectaban. Aun cuando si lo hacían.
—Buenos días, detective Hart.
La suavidad de tu tono, fue como una caricia seductora que me sacó de mis pensamientos.
Joder. No Kiera. ¡No te va a ganar con una simple caja de chocolates!
—Buenos días —murmuré con seriedad, y después de una pausa incomoda añadí—. Gracias por...
No logre terminar la frase, cuando repentinamente el capitán Simmons irrumpió en la oficina con sus facciones endurecidas y un expediente en su mano.
—Detectives, tenemos un nuevo caso. Ocurrió un robo en el centro de la ciudad, necesito que se encarguen de eso —anunció con tono autoritario y le extendió la carpeta a Dante.
Agradecí el repentino cambio de planes, pensando que con esto podía salir victoria y escapar de la presencia de Razael, pero el intervino.
—Buenos días capitán. Si bien puedo entender su urgencia, le recuerdo que también necesito del apoyo de los detectives para investigar la pista que les brindé ayer —señaló con una tranquilidad que me erizó el pelo. Sus palabras fueron firmes, sin dar paso a ninguna replica, pero no se quedó ahí—. ¿Por qué no permite que la detective Harty yo continuemos con nuestra labor? Podemos manejarlo sin problemas, mientras el detective Pearce se encarga del robo. Escuché que es el especialista en este tipo de casos.
Quise fulminarlo con la mirada. ¿De verdad creía que se iba a salir con la suya?
Simmons frunció el ceño, claramente molesto por la supuesta sugerencia. Sin embargo, no podía negar la verdad: Dante era el mejor en casos de robos.
Tras unos largos segundos, finalmente el capitán asintió.
—Está bien. Pero Hart, quiero un informe detallado al final del día.
—Lo tendrá, señor —respondí rápidamente, aunque por dentro maldije cada palabra. Eso significa más trabajo para mí.
Razael asintió y cruzó los brazos en señal triunfante, como si hubiera sabido que iba a salirse con la suya de cualquier forma. Esa acción, me hizo entender que el muy bastardo iba a disfrutar de esta situación.
Me limité a respirar hondo, intentando controlar los nervios que empezaron a instalarse en mi estómago.
Tras las palabras del capitán, todos salimos de la sala y me despedía de Dante, quien me dedicó una mirada divertida y me guiñó un ojo.
Insoportable.
Caminé por el pasillo junto a Razael y me concentré en mantener la compostura. Nuestros pasos resonaron en el pulido suelo, como un recordatorio de que tenía un largo día por delante.
—¿Sazamon traerá el auto? —pregunté, fingiendo interés. Ni que importara quién conducía, pero el silencio me estaba poniendo cada vez más nerviosa.
Razael negó con la cabeza y me regaló una de esas sonrisas que podrían derretir a cualquiera... menos a mí. O eso traté de convencerme.
—Esta vez iremos solo los dos, detective.
Su voz brotó de sus labios nuevamente con ese tono seductor, casi como una promesa oculta. Tragué en seco, nerviosa.
—Perfecto —respondí, con una frialdad que esperé fuera suficiente para poner distancia.
Pero no lo fue. Noté como me estudió por el rabillo de sus ojos, con una atención que me aceleró el pulso.
Al llegar a la salida, me adelante para abrir la puerta, en un intento por separarme un poco de él y controlar el palpitar de mi corazón.
Mientras sostenía la puerta, Razael se inclinó levemente hacia mí y su voz fue un susurro que acarició mi mejilla.
—Ah, y detective... Espero que los chocolates hayan estado a la altura de sus expectativas.
Me congelé por un segundo y clavé mis orbes en los suyos. Sus ojos parecían arder en un fuego que no supe si buscaba solo advertirme o consumirme.
—Agradezco el gesto, pero una caja de chocolates no va a cambiar nuestra relación profesional. No soy tan fácil de sorprender.
Él solo inclinó la cabeza con aire travieso, como si mi respuesta fuera exactamente lo que esperaba escuchar.
—Oh, detective... —susurró con una oscuridad que me erizó la piel—. Es exactamente eso lo que despierta mi interés.
LUNES 3 DE NOVIEMBRE-. 09:00 hrs. RAZAEL
El sol brilló intensamente cuando detuve el Mercedes-Benz frente a la entrada de la comisaría. Tamborileé los dedos sobre el volante mientras mis ojos se posaron en la inconfundible figura de Kiera.
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Editado: 02.02.2026