Luego del estresante acontecimiento ocurrido minutos atrás, y habiendo preguntado primero en la recepción del hotel, las chicas junto a los misteriosos jóvenes, se dirigen por las calles del pueblo en busca de una veterinaria que estuviera abierta a esas horas. Ignorando completamente la negativa de Cassandra.
—Aún no sé como agradecerte todo lo que has hecho… —Masculla Sandu, sintiéndose apenado por todos los problemas ocasionados a la rubia.
—Dejándonos en paz. —Sentencia Cassy antes de que Amy pudiera hablar, ganándose una vez más una mirada desaprobatoria de esta.
Suspirando un tanto contrariada por la actitud ofensiva de su acompañante, desvió su mirada hacia el pelirrojo, quien caminaba cerca de ella sin apartar la mirada del cachorro. Se sentía intrigada, y bastante preocupada, por su comportamiento errático, despertando en ella la necesidad de entenderle, y de ayudarle.
Al llegar, y con total dominio de la situación Amy le explica, a grandes rasgos, lo sucedido con el cachorro al prominente encargado. Omitiendo algunas partes de la historia que podrían malinterpretarse, y terminando con un llamado urgente a la policía.
—En efecto el cachorro sufre de inanición y deshidratación, no ha bebido ni consumido alimento en más de 24 horas, fue bueno que lo trajeran de inmediato —Explica el veterinario de aparente 30 años con piel bronceada, incluso más que Sandu, al tiempo que tomaba en una coleta su cabello negro que llegaba hasta la mitad de su espalda alta.
Llegó luego de hacerle los exámenes correspondientes al cachorro, internándose luego en una jaula con suero.
—Pero… es extraño. —Comenta luego de unos segundos de reflexión, en los cuales la rubia no le quitaba la mirada de encima.
—¿Qué es extraño? —Cuestiona Amy, saliendo de su ensimismamiento para mirar de reojo a Sandu mientras el pelirrojo observaba a su alrededor con curiosidad, siendo un tanto ajeno a la charla.
—Se supone que este cachorro tiene, cómo mucho, 5 días de nacido… pero su tamaño es el de un cachorro de 2 meses… ¿dónde lo encontraron?
—En la basura —clama bajo la pelinegra sin demasiada importancia, manteniéndose sentada en la sala de espera mientras leía una revista.
Amy rodó sus ojos con cierta molestia, pero resignada decide asentir.
—La verdad, yo lo encontré… Luego nos topamos con las señoritas. —Corrige el trigueño, esbozando una pequeña sonrisa, volviendo a su semblante calmado.
—Cierto, sólo los ayudamos con lo básico… y los guiamos hasta aquí. —Escuchando a Amy, el veterinario solo se dedica a mirarla con sus ojos encapuchados color avellana, con la comisura de sus labios elevándose en una casi imperceptible sonrisa.
—Entonces ¿Tú le diste rcp? ¿Tienes conocimientos de veterinaria?
—Oh no, mi papá es Doctor, así que… me obligó a traer un manual luego de explicarme lo básico y… tuve suerte. —Explica con una orgullosa sonrisa en su rostro.
—No solo suerte… fue un milagro, aún no se como agradecerte —Clama Sandu, sin dejar de sentirse agradecido y aliviado.
—Exacto… —Comenta el veterinario antes que Amy pueda abrir la boca para responder a Sandu con cortesía, dejando visible la sonrisa que hace unos segundo estaba ocultando— No cualquiera puede hacer algo así, señorita.
Con cierta incomodidad por tener a ambos hombres atractivos observándola con tanta admiración, aclara su garganta y se dirige al doctor.
—Disculpe ¿podría utilizar el baño un momento?
Con un leve asentimiento, el hombre la guía tras el mostrador, quedando en la sala de espera sólo Casandra, Sandu y el pelirrojo.
Es en ese momento donde la pelinegra decide, al fin, intervenir.
—Ahora. Explicate. —Ruge volviendo a su hostilidad habitual, levantándose de su asiento. Al escuchar el suspiro del alto, se apresura a agregar— ¿Qué carajo es eso? —Cuestiona señalando hacia el interior de la clínica donde se encontraba recuperándose el cachorro— y ¿Cómo conoces a mi padre?
—Hablas como si la existencia de tu padre fuese un secreto… —Comenta Sandu sin dejarse espantar por la actitud poco amistosa de la pelinegra. Incluso esbozando una pequeña sonrisa.
—La existencia de mi padre no debería ser conocida en otro continente. —Sentencia Cassandra acercándose de manera amenazadora— Dime que mierda quieres antes de enojarme.
—Entonces ¿no has estado enojada todo el día? —Cuestiona honestamente sorprendido.
En el baño de empleados, ajena a toda la tensión que se desarrollaba en el frontis de la clínica, Amy enjuagaba su rostro con agua fría incontables veces, intentando con eso al fin relajarse. Siempre ha sido una persona muy positiva y animada, incluso en esos días de escuela donde tanto sus compañeros como los profesores le molestaban y aislaban por el color inusual de sus ojos, pero el presenciar la posible muerte de un pequeño cachorro casi le cuesta un paro cardiaco.
—Ah… —Suspira apartando unos cabellos de su rostro— No… en definitiva no puedo estudiar medicina…
Saliendo del cuarto de baño, es capaz de escuchar la voz de Cassandra discutiendo acaloradamente con el trigueño de cabellos como la nieve, o al menos una muy molesta Cassandra gritándole improperios mientras el otro simplemente le miraba inexpresivo, aunque podría jurar que el hombre estaba sonriendo levemente.
—¡RESPÓNDEME DE UNA JODIDA VEZ, MALDITO IMBECIL!
—Dijiste que no querías que te hablara…
—¡SOLO CUANDO NO TRATE DE MI PAPÁ!
—Quien soy no tiene que ver con tu padre.
La discusión infantil entre ambos adultos sólo provoca en la rubia la necesidad de soltar un suspiro aún más largo que el anterior, cargado de cansancio y frustración. Junto a ella, habiendo acabado las rondas en las jaulas con los animales internados de la semana, el veterinario observa la escena con genuina curiosidad y desconcierto.
—¿De quién habrá sacado ese carácter…? —Cuestiona en un susurro, no queriendo convertirse en el siguiente objetivo de la furia de la pelinegra.