“—¡Cassandra lo hizo otra vez! —Gritó un niño de no más de diez años, corriendo por un pasillo hacia donde se encontraba la directora del establecimiento.
La mujer, una anciana de setenta y cinco años, ya habiendo visto y soportado los problemas que acarrea sobre su espalda la violenta niña de ojos extraños, soltó un suspiro cargado de agotamiento y sacó su teléfono para marcar a la única persona que parecía encontrarle un lado dulce a esa aterradora criatura.
Mientras, escondida en el baño de niñas, una joven Cassandra de 9 años, cubierta de lodo y con una mirada penumbrosa en sus orbes heterocromáticas, se abrazaba a sus piernas, sintiendo como la rabia aún navegaba en su infantil corazón.
Se sobresaltó cuando escuchó unos ligeros golpes en la puerta, poniéndose alerta en caso de tener que volver a pelear con alguno de sus estúpidos compañeros de clase. Pero todo ese instinto agresivo desapareció al escuchar esa dulce y gentil voz.
—¿Cassy? —preguntó con cuidado la niña rubia mientras abría la puerta del baño, temiendo asustar a la pelinegra— ¿Estás bien? Caleb viene en camino… la directora lo llamó. —agregó con pesar al ver la expresión amarga de la niña.
—Genial… —Masculló molesta, una vez más decepcionará a su padre, la única persona en el mundo junto a Amy que no pensaban que era una causa perdida, que no pensaba que era un error. Un monstruo.
Ese simple pensamiento provocó que sus ojos, si bien seguían expresando molestia, se llenaran de cálidas y molestas lágrimas.
—No llores… —Amy se arrodillo frente a la pelinegra, brindándole un reconfortante abrazo— Él no se enojara contigo… lo sabes, él nunca se enoja con ninguna de las dos.
—Pero le prometí que no volvería a pelear… y lo hice. —Jadeaba entre un desconsolado llanto, correspondiendo el abrazo de la rubia.
—Entonces… —Se escuchó una voz masculina, suave, pero ligeramente grave, desde el umbral de aquel cuarto cubierto de loza blanca, provocando un agradable eco. Ambas jóvenes se voltearon a verle con sorpresa, la pelinegra con vergüenza, sin embargo éste sólo les miraba con una afable sonrisa iluminando su rostro— ¿Por qué golpeaste a ese niño?
—Porque… —Comenzó sin ser capaz de mantener la mirada del hombre, su infinita amabilidad sólo le hacía sentir más culpable. Observo los violáceos ojos de su hermana, cuando esta le tomó gentilmente la mano, brindándole un poco más de valentía para continuar— empujo a Amy… comenzó a decirle fenómeno y a molestarla… me enoje y… y… le pegue en la cara.
—Le rompiste la nariz, de hecho —Comentó el hombre con aspecto demasiado joven para su edad acercándose a paso lento a las pequeñas. Se incó frente a éstas y acarició sus cabellos con suavidad mientras ambas le miraban con arrepentimiento— Tranquila, yo me encargaré desde aquí.
—¿No estás enojado? —Cuestiono la rubia mirando al hombre de cabello liso, castaño oscuro y largo hasta los hombros, ojos miel y piel ligeramente bronceada, esperanzada de que no regañara a Cassandra por su culpa.
—¿Por qué lo estaría? —Responde con otra pregunta, risueño, volteando a ver luego a la pelinegra— Lo hiciste para defender a nuestra querida princesa ¿verdad? —Ante los frenéticos asentimientos de la pelinegra, no pudo hacer más que reír con ternura— Entonces, no me enojaré contigo si me prometes algo… y esta vez no quiero que la rompas ¿de acuerdo?
—¡Si! Lo que sea, cumpliré lo que me pidas. —No decepcionará a su padre otra vez, él era la luz de su vida, así como ellas lo eran para él.
Satisfecho con la actitud de su pequeña luchadora, y acariciando la mejilla de esta, cubierta por lágrimas secas, pide.
—Siempre protege a tu hermana.”
—Jamas… —Sentencia la pelinegra con sus ojos brillantes por la ira y la aversión de que aquella criatura haya tenido la osadía de intentar lastimar a una de las personas más importantes en su vida— Toques… a mi hermana.
En el momento exacto que Sandu llega donde Amy y el lobo pelirrojo, Cassandra, dominada por la furia, brinda un fuerte golpe con su puño disponible en la mandíbula entreabierta del lobo gris, estampando su cuerpo en la corteza de un árbol cercano. El impacto fue tan fuerte que el árbol crujió, amenazando con partirse en dos en cualquier momento. Pero la criatura fue lo suficientemente ágil como para esquivar el siguiente golpe.
—¿Está herida? —cuestiona Sandu a Amy, sin prestar demasiada atención a cómo la pelinegra intentaba propinarle golpes a diestra y siniestra a ese escurridizo licántropo, sin permitirle en ningún momento acercarse a la rubia.
—E.Estoy bien… pero… está sangrando mucho… —A pesar del terror, y de sus manos temblorosas, no dejó de presionar la herida en el cuello del canino, intentando detener la hemorragia sin resultado alguno.
Aquel lobo le había salvado la vida, no permitía que muriera ahí. Y por alguna razón, aquel pelaje le recordaba a alguien. Cierto ¿donde estaba...?
—Rayos… —Masculló al ver el cuerpo desmayado del lobo. Reemplaza las manos de la chica con las propias, otorgándole aún más confusión cuando de sus dedos comenzaron a crecer unas garras blanquecinas, al igual que la piel de sus antebrazos se torna escamosa y dura cómo la de un cocodrilo. Estaba por gritar de horror en el momento que nota como la sangre dejaba de salir a gorgones del cuerpo del lobo, deteniéndose en el acto por el estupor. Con una voz un poco más rasposa de la normal, Sandu saca a la chica de sus pensamientos— ¿y el cachorro? ¿el cachorro está bien?
Amy sólo asintió al tiempo que se desabotonó su chaqueta para enseñarle al pequeño, sollozando por el frío que comenzó a sentir de pronto, y aferrándose aún más al pecho de su protectora. El suspiro de alivio de Sandu fue cortado por el rugido bestial a sus espaldas.