Capítulo 8
Últimamente he estado evitando lo más posible a Cristian…
—No deberías hacerlo… —me dice Kalila. Tomamos te, en la sala de estar. Lo tengo prohibido, pero me es imposible no tomarlo.
—Pero es que no quiero que piense cosas equivocadas… —me defiendo—. Yo no estoy para hombres en este momento, parece que no recuerdas lo que te conté… sí, de eso, mi esposo. O ex… no tengo idea de que somos.
Kalila levanta una ceja.
—Sara… tú esposo está casado.
Sonrío.
—Con mi ex mejor amiga… que bien. —Suelto un suspiro y miro a otro lado menos a los ojos de Kalila.
Sé que me está mirando con curiosidad. Y también sé lo que me quiere preguntar…
—Pregunta —le doy permiso.
—¿Sigues enamorada de él? —sabía que preguntaría eso…
—En toda mi vida jamás me había enamorado, así como lo estuve de él… ¿Qué me duele? Sí, mucho. —De pronto estoy llorando—. Kalila ese hombre me juró amar… tantas veces, que en serio le creí. Oh… le he dado una hija. Me duele aun después de la muerte, es doloroso… Yo no quiero a ese hombre, yo lo quiero es matar. Que no quedé nada de él, deseo que el último rostro que miré sea el mío…
Me he desahogado…
—Yo no es por decir que mi vida ha sido peor… no. Imposible, pero tenemos una similitud; el hombre por el cual estuve enamorada desde niña, terminó casándose conmigo y tres mujeres más. Tantas veces lloré por eso, porque yo lo quería solo para mí. Él en ciertas ocasiones me mostró que tal vez sí podía llegar a amarme… yo como una tonta esperé… esperé y esperé. Ya al final me separé con su hijo en mi vientre.
Las dos nos miramos y sonreímos.
—Somos de lo peor en el amor… —ella asiente riendo.
—Así es Sari… así es. —Kalila sigue mirándome condescendiente—. Junior es una buena persona, es como un cristal, se puede ver dentro de él… Ojalá yo tuviera un científico así de guapo enamorado de mí. Seria… Ahhhhh.
Las dos reímos, intento no hacerlo tan fuerte, porque puede dolerme…
—No lo sé… —respondo—. Es que no puedo confiar.
—Solo inténtalo, él no te va asesinar, no después de haber sacrificado su trabajo para mantenerte a salvo. Además, sé que te atrae. Ya no hay excusa, ustedes dos son la pareja perfecta.
Quien sabe… tal vez le presté un poco de atención. Solo un poco.
………….
Ya casi es la hora de mi chequeo antes de dormir. No entiendo porque me he puesto perfume y un pijama más corto; no es como que esté pensando en eso… claro que no.
Salgo de mi habitación y bajó las escaleras, descalza. La puerta del laboratorio esta abierta por lo que supongo que Cristian me espera. Llego al final y lo veo vestido con su usual bata blanca, preparando todo para mi consulta.
—H-hola…
¿Por qué me siento nerviosa? Hash, no es como si fuera a hacer algo malo. Que cochinadas pienso. Ay, siento mis manos frías, uy, ¿qué me pasa? No, Sara, contrólate ahora…
—¿Te pasa algo? —pregunta sonriendo…
¡¿Por qué tiene que sonreír?! Jamás había notado lo sexi que le queda esa bata blanca, no sé, es… ¡No Sara! Echa fuera esos pensamientos…
—Nada… —creo que estoy sudando—. Está haciendo calor…
—Yo tengo frio, tal vez eres tú.
—¿Yo? —rio falsamente, nerviosa a la vez—. No lo sé, tal vez se me bajó la tensión.
—Bueno, si eso pasó, pronto lo sabremos… —se dirige hasta mí y el corazón se me acelera. Esto es culpa de Kalila… la mataré y ahora sí estaremos iguales. —. Recuéstate, ahora veamos como esta tu corazón… Mmm, palpita mucho. Te he dicho que no puedes tomar cafeína, no haces caso… A ver, tocaré con mi mano y veré si es tan fuerte como para sentirlo. Oh, se ha acelerado. ¿Qué pasa? Estas sudando mucho y tu corazón palpita más de lo usual. Me preocupas…
Lo miró a sus ojos, y él mira a los míos.
“Creo que me he perdido en ellos, y ahora no tengo idea de cómo salir”
—Bésame Cristian —pido… lo he hecho al fin.
Por un momento se me queda viendo dudoso, buscando la mentira. Entonces procedo a acercar sus labios, a los míos, estirando mi mano y atrayéndolos. Cuando ellos hacen contacto, oh…
Se separa un momento y contempla mis comisuras…
—¿Estás segura?
Asiento, decidida. Ahora en este momento, no puedo detenerme… Cristian es tan guapo, deseo sentirlo; creo que esto se va a convertir en una agonía, si ese hombre no me toma y me hace trizas.
—No preguntes, solo hazlo. Me matas Cristian…
—Yo no quiero matarte… quiero que estés bien.
—Entonces tómame.
Sonríe y vuelve a mis labios, me quita los cables de encima, y yo le quito su bata. Tengo semanas pensado en cómo se ve sin ella, su musculatura, quiero todo eso para mí. Lo deseo, mucho.
Jadeo cuando siento que sus manos pasan por mi espalda y luego el frio del aire acondicionado impacta en mi piel cuando Cristian me deja sin pijama. Estoy completamente desnuda delante de él… incluso, no me puse brasier, en el fondo sabía que esto pasaría.
Él se acerca a mis partes intimas y suspira su aroma, toma la tela de mis pantis y la baja.
—Ahhh… —jadeo con su toque tan cerca de mi sensibilidad.
Me besa allí... Sus labios, están ahí donde mi cuerpo no recibe luz solar.
—Ahora sí vas a revivir Sara… —lo dice con voz ronca.
—Hazme tuya Felipe, reclama a tu bella durmiente…
Arqueo mi espalda recibiendo aquellos placeres carnales…
Agarro su cabello y lo halo…
Vuelve a levantarse y suelto una bocanada de aire, que llevaba aguantándome desde hace un momento. Mi cuerpo odia que se haya apartado… A mi vista comienza a quitarse toda su ropa hasta quedar completamente desnudo.
—Me ha dejado sorprendida, príncipe Felipe… —aquello no está nada mal. Él lo sabe y se sonroja, es tan lindo… —. Ahora déjame a mí despertar al bello durmiente…