Capítulo 13
Llevo puesto un vestido morado, ajustado a mi cintura y escotado… A mi lado Cristian en traje, bajamos las escaleras de la mansión para encontrarnos con los policías del FBI que irán tras nosotros en la vía. Ya algunos de ellos, se encuentran en la fiesta, en mi antiguo hogar. Siento como si fuese ayer la última vez que use uno de estos tacones de aguja. Debo admitir que esta noche me veo radiante, no es por presumir o ser egocéntrica, simplemente no miento con mi apariencia.
El oficial Jonas me observa de pie a cabeza y luce asombrado. Él lleva puesto un traje azul marino, tengo que admitir que le queda perfecto. Sería imposible no darse cuenta que tiene esa belleza masculina que a cualquier mujer hará salir volando. Pero eso es todo, una simple atracción siento por él, nada de otro mundo. A quien en verdad deseo va de mi lado, mientras el policía irá encubierto como mi guardaespaldas.
—Luce hermosa esta noche, señora.
Miro a Cristian debido al coqueteo amable, del oficial, pero parece que no le importa. Y lo entiendo, su amiga ha fallecido, él debería estar descansando, pero ha decidido acompañarme. Aunque no parezca, porque mentalmente sigue con ella reviviendo ese momento, una y otra vez.
Vuelvo la vista al oficial y con una sonrisa respondo:
—Gracias oficial. Debo admitir que luce usted bien esta noche.
El rubio asiente.
Hay una fila de hombres con trajes purpuras oscuro, ellos son mis panteras. Desde siempre nuestra familia ha contado con estos hombres que se encargan de nuestra protección.
—Buenas noches, mi señora —dicen todos al unísono. Observo que algunos de los policías visten como ellos.
—Panteras… —Flores me comentó que mis padres les dejaron ordenes claras, de que cuando llegase el momento de un nuevo amo, debían estar preparados. Estos son una nueva generación, cada cierto año buscamos jóvenes capaces de sacrificar su vida por este trabajo, ellos son míos desde que firman el contrato—. Ustedes lucharan junto a mí en esta venganza. Tienen todo el derecho de acabar con él, si pone mi vida o la de Cristian en riesgo.
—No me hace falta.
—No pueden matar a nadie sin orden de la policía.
Todos se miran a la cara. Claro, a ellos les han enseñado que nadie puede discrepar mis órdenes. Uno de ellos saca el arma y apunta al oficial Jonas a la cabeza. Los demás policías también la sacan en autodefensa y así todas las panteras también lo hacen apuntándose entre panteras y oficiales.
—Debo admitir que será una noche larga… —Cristian me pide disculpas, con su mirada. Solo asiento, como un sí—. Bajen las armas ahora o me voy sola. Usted oficial Jonas, que sea la última vez que revoca una de mis ordenes, frente a mis hombres.
Las panteras bajan las armas sin importar que los oficiales sigan apuntándolos. Han recibido una orden y sin importar cuan peligrosa es, aceptan.
—No puede matar a ese hombre. Debí decírselo desde un principio… —vuelve a decir Jonas—. Mientras no se demuestre su culpabilidad en…
Cristian pone en puño su mano.
—Él asesino a Sara… Así que, por favor, cállate o simplemente vete a la mierda.
Quienes no sabían eso, pues se han enterado. Uno de ellos es el oficial Jonas.
—Yo… yo creí que usted había vuelto a la vida y buscaba vengar que su marido se fue con otra. Claramente no le has contado esto a la policía.
—Y no lo haré. Quien lo haga de esta casa no sale vivo…
—¿Esto es una amenaza?
—Véalo como usted desee.
Jonas se viene hacia mí con el ceño fruncido y dice:
—Le contaré una cosa: yo odio tanto a ese hombre como usted. Y que más no quisiera verlo bajo tierra, pero ahora eso no va a ser. ¿Por qué? Fácilmente, la policía sabría que fue usted, y créame cuando le digo que todos, incluso su novio, irían tras las rejas.
—Bien… De igual forma Cesar morirá —le digo—. Y ese día al fin seré libre. Pero primero lo destruiré en vida, haré que me pida perdón de rodillas. Yo no sé que haya pasado entre ustedes, tampoco me interesa saberlo, así que, por favor, póngase de mi lado y ayudémonos mutuamente.
El oficial en silencio acepta.
—Que sea la última vez que te comportas de esta manera con Sara. A este punto de mi vida no me interesa meterme en problemas con la policía. Panteras, el coche por favor.
No te reconozco Cristian. Tus ojos… ¿Dónde están que no, conmigo? ¿Y tú sonrisa? ¿Qué ha pasado con ella? Que esto no apague la luz de tus ojos y el brillo de tu sonrisa… por favor.
………….
Hemos llegado a mi antigua casa… Siento un dolor en mi pecho, aquí empezó todo. Recuerdo a mi familia venir a visitarme, Cesar y yo hacíamos parrilladas, estaba embarazada, casada con el hombre más hermoso del mundo. Corrección: el más monstruoso del mundo.
En la entrada se encuentran muchos automóviles que a simple vista se ven bastante caros. Mucho alrededor de la casa, nuestro auto hace el intento de pasar y el guardia de seguridad nos detiene.
—¿Están en la lista? Dentro se encuentran varios gobernadores, por esto la seguridad es primordial esta noche. Necesito sus identificaciones.
Se me revuelve el estómago, porque conozco esa voz como la palma de mi mano. Es Franklin, nuestro guardia de seguridad desde que comenzamos a vivir por primera vez en la mansión. Ahora del gobernador.
—Tú ayudaste a cagar el cuerpo de una dama hace unos años… ella iba agonizante, pedía ayuda, desprendiendo la misma sangre que seguramente tú mismo limpiaste del coche. ¿Recuerdas eso?
La forma en la que Cristian lo ha dicho me ha dejado sorprendida. Se le escuchó tan tosco, firme, sin temor a ninguna de esas palabras, que para mí son atroces, eso solo me ha hecho recordar ese día... Pero ahora debo ser fuerte, yo misma le conté esto a Cristian para que lo dijera, ya sabíamos a quien nos encontraríamos de guardia.