Capítulo 16
En mi frente tengo al hombre que un día juró amarme…
—Te ves… hermosa —me dan nauseas sus palabras.
Nos encontramos los tres reunidos en la mesa del comedor. Mi hija y Cesar se encuentran sentados juntos, las panteras y los oficiales encubiertos nos observan desde lejos.
—¿Cómo se encuentra él? —dirijo la mirada a ella.
—Se recupera.
Ella gacha la cabeza.
—No debes sentirte culpable —dice mi exesposo—. Tú solo me defendiste, yo pude haber muerto.
Ojalá.
—Dime a que has venido Cesar —me encuentro indiferente a los dos, tal vez Vanessa no tenga del todo la culpa, pero me da coraje que le crea a él, y no a mí.
—Quiero que le expliques a nuestra hija todo lo que ocurrió esa noche. Quiero que desmientas lo que dijiste… —¿Cómo se ha atrevido? Es un imbécil.
—¿Por qué lo haría? Ella merece saber la verdad.
—Ella no merece saber mentiras.
—Yo soy la prueba de lo que has hecho Cesar —digo—. Justo ahora dentro de mí palpita un corazón que no es con el que nací.
Uno que siento que me esta corrompiendo el alma…
—Tienes que saber que lo que te pasó no fue mi culpa… yo te amé con toda mi alma —se levanta y me mira con sus ojos cristalizados—. Esto fue un atentado contra nosotros, en contra de nuestro amor…
Me harto.
—Me arrastrabas por toda la casa con la herida de una navaja en mi vientre… recuerdo la sangre manchar la cerámica y ver a tus cómplices limpiarla con asco —el solo recordarlo hace que mis ojos se cristalicen—. Vanessa… ¿crees que te mentiría con algo así?
Ella dura unos segundos pensando.
—Yo no te conozco… sé que eres mi madre porque mi padre me lo ha confirmado. Pero, ¿cómo creerle a un muerto?
—Yo estoy viva… —de pronto la sala se torna tenue y un escalofrío pasa por todo mi cuerpo—. Mírame, estoy aquí.
Vanessa se levanta medio asustada.
—Tú me asustas… me das miedo. Ahora tengo miedo, tú quieres vengarte de mi padre por algo que él no hizo. ¡Mientes! —se pone histérica y me mira con desprecio. Les mentiría si les digo que siento algo por eso, en verdad no sé que me esta pasando, pero cada día me siento más distinta, como si algo estuviera cambiando en mí.
—Sara… si dices la verdad, nuestra hija te perdonará y tal vez puedan llegar a conocerse y formar una relación, madre e hija… —a eso vino… a chantajearme con Vanessa. Como si eso fuera a funcionar.
Me levanto de la mesa y con voz autoritaria les hablo a los dos.
—Salgan de mi vista y no vuelvan más…
Cesar se levanta de su asiento y me mira sin poder creer lo que le estoy diciendo.
—Sara… tienes que reaccionar. ¡Ella es tu hija!
Ella intentó asesinar a Cristian.
Siento mi mente comenzar a cambiar… ¿qué me pasa?
—Lo siento, Vanessa. Espero algún día me perdones, pero tu papá morirá en cualquier momento. Y yo seré la culpable de eso —ella me mira horrorizada.
—Tú no eres mi madre… no esa de la que me contaron, me dijeron que eras una mujer dulce. Pero esto…
—Lo era… —asiento—. Pero comienzo a darme cuenta que la muerte cambia a las personas.
Cesar quiere matarme con la mirada.
—Te arrepentirás de esto.
Sonrío.
—No, yo no… —abre los ojos como plato—. Tú lo harás.
………….
Me encuentro dentro de un castillo, camino hasta encontrarme con muchas personas que llevan puestos uniformes, es como una escuela. Continuo hasta llegar a un comedor, allí se encuentra una chica con la mirada perdida, creo que ciega. Se encuentra sola, intento acercarme para preguntar dónde me encuentro, entonces me mira y esos ojos completamente blancos me dejan paralizada…
—Tú no deberías estar aquí…
—¿Dónde? —pregunto, mirando el inmenso lugar con toques antiguos.
—En Holdertown… —dice ella—. Tú no perteneces aquí. ¿Quién te ha traído? Tu alma se encuentra borrosa, apenas visible.
—No entiendo…
Ella grita y aquello hace que mis oídos comiencen a sangrar... Entonces, despierto con un fuerte dolor de cabeza. Por inercia toco mis oídos y están sangrando.
¿Holdertown?