Capítulo 18
Segunda parte de la historia.
Narrado en tercera persona.
UniversoAren.
Sara había despertado con un propósito que era vengarse de su exesposo el gobernador de Miami florida. Cuando sus planes se vieron afectados por la realidad del asunto, que era más complicado de lo que ella pensaba; decidió unirse a la policía que también buscaba encerrar a Cesar tras las rejas.
Ahora había vuelto después de haber pasado un tiempo entrenado como agente encubierto. Un día de esos antes de comenzar los planes que tenían preparado, ella y el oficial Jonas fueron a la playa, mal por Sara que encontró a su hija y el hombre que dijo quererla juntos, con un hijo.
Los días comenzaron a pasar y Sara se convenció de que no le importaba lo que había visto. Día tras día lo pasaba entrenado en el gimnasio que se encontraba en la mansión donde ahora vivía.
—Miss Sara. —Habló el oficial Jonas llegando ese día por la mañana.
Sara dejó la máquina de correr y fue hasta Jonas para saludarlo con un beso en la mejilla.
—Hola, Mr. Jonas. —tomó de una mesita una botella con agua y la bebió—. Llegas temprano hoy. ¿Pasó algo?
Él asintió.
—De hecho, sí. Quería informarte que ya nos han dado la orden de continuar con el plan.
Sara no evitó emocionarse.
—Estupendo —aplaudió—. Al fin Cesar caerá… ya lo verás.
—Así será Miss Sara… Pero, antes, quería preguntarte si te gustaría salir hoy a comer.
Sara enarcó una ceja.
—¿Es una cita?
Jonas se sonrojó.
—Puede ser…
Desde la primera vez Jonas quiso una cita con ella. Él no era hombre de estas cosas, pero ahora que eran más cercanos y estaban trabajando juntos se atrevió a preguntarle.
—Puedes decirme que no. Digo, no es una obligación que aceptes.
Sara sonrió.
—¿Cómo le negaría a mi superior una cita? No, no quiero que me levanten una falta —le guiñó el ojo.
Jonas y ella rieron. Era una bonita relación, el rubio era un hombre respetuoso, con carácter y además de guapo inteligente. Mientras Sara estuvo en New York con él fue testigo de su inteligencia, Jonas resolvía casos con astucia en aquella ciudad tan enorme.
—Entonces quedamos para hoy.
Cuando la noche llegó Sara se había puesto un hermoso vestido rojo que cubría sus piernas, era escorado y muy sensual, ajustado a su cuerpo. Jonás la observó y sus ojos quedaron maravillados con la belleza de Sara.
—Te ves… guao —tragó saliva.
—Hermosa Jonas. Me veo hermosa.
—Supe que eras egocéntrica desde la primera vez.
Sara bufó y rodó los ojos.
—Ah, ¿sí? ¿Y que más supiste?
—Que me gustaba una mujer reanimada.
Las mejillas de Sara combinaron con su vestido.
—Jonas…
—No digas nada Sara —se acercó a ella y junto su mano con la de ella para que siguieran al auto que los llevaría a un restaurante—. Solo vivamos.
Sara suspiró.
Cenaron y fue maravilloso. Sara se dijo que jamás había visto reír a Jonas como esa noche con ella.
—Mañana será un gran comienzo —dijo.
Jonas le dio la razón.
—Así Sara. Mañana será el primer golpe —a Jonas se le ocurrió preguntarle—: ¿Qué harás después de vengarte de ese hombre?
—Mmm bueno, no lo he pensado… Tal vez al fin pueda descansar.
—Eso queremos todos Sara… descansar.
—Ahora que estamos con las preguntas… me gustaría saber que fue lo que te hizo mi exesposo.
Jonas paró de comer.
—Tú lo sabes.
—¿Cómo? —inquirió.
—No sé como te vayas a tomar esto, pero, supongo que debía decírtelo de un momento a otro —Sara temió—. Una niña rubia… ella una vez fue a tu casa y tocó tu piano. A ella le gustaba. ¿Recuerdas que una vez le enseñaste un poco?
Sara duró un momento pensando hasta que al fin dio con ese recuerdo. Era la niña de una de las compañeras de trabajo de su exesposo. Oh…
—Lo recuerdo… ¿Quién era en verdad esa niña?
A Jonas se le cristalizaron los ojos.
—Mi sobrina e hija de tu exesposo. Cuando él vio que mi hermana y su hija eran un problema con su matrimonio contigo, las desapareció.
Sara dejó la copa de vino sobre la mesa.
—Ese hombre es vil. —Miró a Jonas a los ojos y se levantó para abrazarlo—. Te prometo, que llegaremos hasta lo último de esto.
—Tenemos el mismo sentimiento de acabar con ese hombre Sara. Y eso no hace la pareja de oficiales perfecta.
Sin duda tenía la razón.