Capítulo 19
Cristian ahora estaba junto a Vanessa quien fue su exnovia antes de conocer o más bien, reanimar a Sara. Su vida cambió desde el momento en donde la miró por primera vez congelada en una capsula. Sacrifico muchas cosas, incluido su vida cotidiana. Pero ahora, la había perdido. Ella de un día a otro con la escusa de que no quería verlo herido por su culpa, terminó lo que ambos sentían.
—No puedes acabar esto así Sara.
—Esto es por tu bien Junior —por primera vez en mucho tiempo, lo llamó por su primer nombre.
—No puedes ser egoísta… no después que te he dicho que quiero estar contigo. Tú misma me pediste que no te abandonará. Sara…
—Pero ahora es diferente. Por favor Cristian no me hagas esto más difícil.
—Bien.
Cristian se alejó de ella con dolor en el alma. Ahora estaba solo. Volvió a casa de su padre sabiendo que él lo sermonearía por haber hecho lo que hizo. Y así mismo fue. Días después recibió un correo de los directivos de los laboratorios, pidiendo hablar con él. Lo pensó mucho antes de hacerlo, sí. Al final accedió a ir, cuando entró a esos familiares pasillos no evitó recordar a su amiga Eliana y que había sido su culpa de él, que ella estaba muerta.
—Hola, Amigo —era Francisco que lo esperaba en la puerta de su oficina—. Por favor adelante.
Cristian cansado pasó a la oficina y por orden de Francisco tomó asiento frente a su escritorio.
—Aquí estoy de nuevo… —dijo Cristian.
—Gracias por venir Cristian. ¿Cómo has estado? Lamento lo de Eliana, sé que eran buenos amigos.
Cristian quiso romperle la cara. Él pensaba que era culpa de los científicos la muerte de Eliana.
—¿Por qué me han llamado? ¿Van a hacerme pagar por llevarme a Sara? —inquirió.
Francisco negó.
—Quiero informarte que los de arriba dejaron sus puestos por orden de hombres mayores a ellos. La NASA ha comprado nuestra empresa, y quiere que seas tú quien la dirija —Cristian se quedó sin habla.
—¿Cómo?
—Así como lo escuchas. Pero eso no es todo, queremos aclararte que no tuvimos que ver con la muerte de Eliana. Si ella esta muerta es por culpa de alguien más. ¿Quién? No tenemos idea.
—¿Qué quieres que diga? Ustedes son los que nos buscaban.
—Pero no fuimos nosotros los responsables de su muerte.
—¿La NASA? —quiso Cristian continuar con lo que le estaban ofreciendo, pensando que discutir sobre Eliana sería una perdida de tiempo.
—Bueno con respecto a eso, quiero decir que felicidades. Ahora puedes pertenecer a los de arriba; conocer a hombres importantes e incluso podrías ir a las instalaciones prohibidas.
Las instalaciones prohibidas en los laboratorios que no eran para el acceso de cualquier empleado. Pocos han ascendido a este punto, preguntándose Cristian que tenía planeado aquellos nuevos dueños, para contratarlo a él de jefe de algún área.
—Ya no tengo nada que perder —en verdad tomaba esta decisión pensando en la muerte de su amiga—. ¿Dónde firmo?
Francisco en bata blanca se dirigió a una casilla de ahí sacó unos documentos. Cristian se hizo la pregunta de si estaba haciendo un trato con el mismo diablo.
—firma todos esos documentos, puedes leer cada clausula. —la mayoría de las cláusulas pedían discreción a guardar bajo juramento todo lo que él vería a continuación. También en letras mayúsculas le prohibían llevarse cualquier objeto o persona que estuviera dentro de la empresa sin el consentimiento de los superiores. Y entre otro montón de cosas.
Firmó. Por la muerte de Eliana firmó.
—Felicidades Cristian. Ahora que has firmado prepara tus maletas porque irás a chicago donde estarás un tiempo estudiando lo que se te otorgará.
Cristian en todo ese tiempo que estuvo rodeado de científicos grandes comprendió que tal vez el rompimiento con Sara fue bueno. Ahora estaba con los grandes aprendiendo de ellos, en chicago muchos científicos se acercaron a él y lo felicitaron por el paso grande que le hizo a la humanidad reanimando a un ser humano. Más tarde le dieron a Cristian una medalla y un reconocimiento en papel por su destreza.
Un día estando celebrando que su carrera lo estaba llevando a la cima llegó un hombre vestido de negro. Él estaba solo en ese bar, sus compañeros estaban ocupados y no los quiso molestar. Además, que la soledad se había hecho amiga de él.
—Hola Junior. Mi nombre Alfonso. Sé quien mató a tu amiga.
—¿De que hablas? —Cristian no comprendía como ese desconocido en chicago sabía de él—. ¿Cómo sabes eso?
El hombre miró a todas partes antes de pasarle un documento.
—Allí están todas las respuestas…
El hombre se marchó sin dejar rastros de que alguna vez estuvo a su lado. Cuando Cristian llegó a su departamento abrió el documento y supo que el responsable era Cesar. Esa noche cayó de rodillas al suelo y dijo:
—Oh Cesar, no sabes lo que has hecho.