Capítulo 20
Cristian despertó entre las rejas de una prisión. ¿Cómo había llegado allí? No tenía idea. Solo recordaba haber recibido un golpe en la cabeza que lo dejó inconsciente.
—¿Sara?
—Aquí estoy Cristian —se escuchaba triste.
—¿Qué pasó?
—¿No lo recuerdas?
Claro que lo recordaba: estaban junto al gobernador en una campaña cuando todo se salió de control y Vanessa recibió el disparo que iba para su padre. Oh no… ella ahora estaba muerta. ¿Qué se supone que pasaría ahora? Debía salir de allí y buscar una solución.
Su hijo… ¿Dónde estaba? ¿Cuánto tiempo llevaba encerrado? Muchos pensamientos pasaban por la cabeza de Cristian.
—La mataste… Sara, ¿qué has hecho? —Cristian lloraba—. ¿Cómo has llegado a esto? Tú no eres así… o eso creía.
Sara respondió de la misma manera:
—Fue un error… se suponía que haríamos un golpe de estado —llorando—. Ella no debía meterse en medio. No ella no…
—Ella lo amaba Sara. Era su hija… ¿Qué creías que pasaría? ¡Te lo dije Sara! Te dije que dejaras atrás esta maldita venganza y trataras de recuperar a tu hija… ahora ya ha muerto y ha sido por tu culpa.
—¡Lo acepto Cristian! Acepto que me equivoqué… —de ahí en adelante Sara no pudo seguir con la conversación.
Días después al fin Cristian pudo ver la luz del día cuando lo sacaron de la prisión y lo llevaron a una oficina.
—No pueden mantenerme más aquí; tengo derechos. ¡Suéltenme! —los oficiales lo sentaron aun con esposas frente a un escritorio donde un hombre estaba sentado mirando como él peleaba por sus derechos.
—Señor Junior tranquilícese —dijo el hombre.
—¿Qué me tranquilice? ¿Cómo mierdas le dices a un hombre que lleva días encerrado sin saber de su hijo que se tranquilice? Son la policía de pacotillas que mataron a mi mujer.
El hombre se levantó enojado y le dijo:
—Pues revívala y todos nos ahorraremos problema.
Cristian no podía creer lo que ese hombre estaba diciendo. ¿Se había vuelto loco? No reviviría a nadie después de lo que vio en su investigación. No le haría eso por más que quisiera intentar tráela de vuelta.
—¿Crees que devolverle la vida a alguien es como un truco falso de magia? ¿Te estas escuchando?
—Si la oficial Sara esta con nosotros es porque eso es como un truco de magia. Así que envés de estar aquí discutiendo conmigo debería estar reanimando a su esposa.
—NO.
—Pues tendrá que hacerlo. El gobierno se enteró de esto y nos tienen en la mira. Mi puesto y la vida de la oficial Sara esta a su en sus manos.
—¿A qué se refiere con la vida de la oficial Sara? —inquirió.
El hombre suspiró.
—Ella era la encarga de este operativo fallido…
—¿Y…?
—Que ella pagará las consecuencias si esto no se resuelve.
—Esto no tiene sentido…
—Oh lo tiene. Porque mató a la hija del gobernador. Y el maldito ese consiguió salir de la prisión donde lo metimos. Ahora sabe que el FBI esta involucrado y nos quiere acabar, comenzando por su exesposa. Esto Junior… es el comienzo del infierno que se aproxima para Sara. Ella en este momento se encuentra también en prisión esperando una sentencia o un milagro. Todos sabemos cual es ese milagro.
—¿Por qué Cesar no me ha buscado? —indagó Cristian. Su suegro sabe que él puede hacer el intentó de devolverla. Debería haberlo buscado.
—Lo ha hecho. Solo que te tenemos bien escondido. Llegamos a un acuerdo con él. Si te entregamos y revives a su hija, él nos dejará en paz y soltaran a Sara.
Ahora Cristian estaba entre la espada y la pared.
…………..
Dave el mejor amigo de Cristian silenciosamente después de un largo tiempo, donde tuvo que retirarse al extranjero debido a lo que acontecía al lado de su mejor amigo, que, por cierto, fue el que le pidió que se fuera; regresó y estaba moviendo todas sus influencias para liberar a Cristian de las rejas. Ahora en ese momento, hablaba con un juez que le debía un favor.
—Usted puede ayudarme —dijo—. Esos corruptos tienen a mi amigo, tanto Cesar como el FBI son unas escorias, que lo único que hacen es aprovecharse de él.
—Dave, no deberías decir esas cosas delante de mí —el joven abogado, bufó—. No quiero meterme en asuntos internos, no entiendo como sabes de esto.
—Es mi mejor amigo el que tiene días encerrado —replicó—. Por favor, solo dame la orden para que lo dejen… hazlo por los viejos tiempos.
El juez pareció dudar antes de decir:
—Está bien, pero cualquier cosa que me reclamen caerá en ti.
Ya no importaba que cosas cayeran sobre Dave, suficiente injusticia dejó pasar si se suponía que él era su abogado. Ya no iba a seguir permitiendo que hicieran lo que quisieran con Cristian que apenas sabía sus derechos, pero que para eso tenía a su mejor amigo.