Cristal Perdido [libro 2.5 - Saga Cristal]

Prólogo

Prólogo

 

Lugar desconocido.
Cuatro semanas antes del Inicio del Fin.

 

¿Hasta dónde eres capaz de llegar cuando de quienes amas se trata? ¿Qué límites cruzarías sin temor a las consecuencias?

Cóndor lo tenía muy claro: Iría hasta donde los límites terminaban y volvían a empezar.

Es por eso que no le importaba gastar el resto de sus días buscando a quien seguía creyendo que sería capaz de ocultarse de él; no le importaba, si cada vez que lo encontrara lograba causarle el mismo sentimiento de pérdida, vacío y desesperanza que él sintió cuando le fueron arrebatadas los dos únicos rayos de luz de su vida.

Cada vez que lograba hallarle notaba en él un cambio, quizás debido a los años entre una vez y otra y ciertamente era lógico que eso sucediese, pero ninguno de ellos fue mayor al que tuvo cuando lo encontró la vez anterior: al fin se había enamorado.

Había encontrado a una chica que, según las palabras que él mismo usó al definirle su relación a un amigo, le brindó alegría, causaba miles de emociones dentro de él incluso sin siquiera intentarlo y que significaba para él un rayo de esperanza.

Y era allí donde Cóndor había querido llegar, al núcleo de su profunda felicidad, porque al golpearle allí, experimentaría exactamente lo que él había vivido: la injusticia de perder lo que tanto le había costado hallar.

 Pero como aún era joven, Cóndor creyó cuando el muchacho se alejó de esa chica y volvió a huir y a esconderse como si no le costase nada dejarla atrás, además de que empezó a salir con tres chicas al mismo tiempo en su nueva localización.

En principio no se interesó en ir por las tres chicas, que resultaban ser amigas de su hermana, porque si podía salir con todas al mismo tiempo, entonces ninguna significaba nada importante, pero no descartó la probabilidad de obtener algo de ellas.

Y ese día, luego de tres meses de perseguirlos y observarlos, le indicó que se había equivocado con respecto a Isobell: no debió creer que ya no significaba nada para él.

—¿Lo confirma? —preguntó a su hombre en campo a través del celular.

—Lo confirmo —respondió —, el objetivo está siguiendo a la chica, se mantiene a treinta metros de distancia.

—¡Sí, sí, sí!  —exclamó victorioso alzando las manos —¡Lo tenemos!  Miles, ¡lo tenemos!  

Sacudió a uno de sus hackers con euforia.

—Felicidades, señor.

—¡Vamos, un poco más de ánimo, aplausos!

Sus seguidores hicieron lo que él pidió, el entusiasmo inundaba el lugar, al fin tenían algo con lo que trabajar.

Cóndor observó los monitores frente a él, en uno de ellos pudo observar a la chica número dos.

—Chica número dos, no sabes el gran error que cometiste, pero gracias por ello — le lanzó un beso emocionado.

La joven había salido sola y apagado las luces de su apartamento, apenas quince minutos después que el chico se suponía había llegado, lo que le levantó sospechas a Cóndor y a su hombre en campo, John.

Cóndor le dio la orden de entrar a revisar y fue cuando notó que el lugar estaba vacío y había una salida que no habían notado antes, por lo que tuvieron tiempo de buscar por todos los medios y notar que su muchacho se encontraba a unas pocas calles de allí.

Luego notaron que estaba saliendo de la ciudad, y finalmente, lo descubrieron todo.

— ¿Alguno puede encontrarme pruebas de que la chica número uno y la tres también nos engañaban haciéndonos creer que él estaba en sus casas? — dejó salir una carcajada — Es que no puedo creerlo, nos hizo pensar todo este tiempo que estaba con las tres, cuando en realidad las usaba para distraernos e ir a visitar a su querida Isobell.

 —Si contamos las veces a la semana que él iba a la casa de sus chicas —propuso Dana —, eso significa que él iba a ver a Isobell tres veces a la semana, lo que explicaría por qué tardaba toda una tarde en cada casa, pues llegar de Bellymena a Lisburn le toma alrededor de cuarenta minutos.

Cóndor no pudo evitar saltar de la emoción.

—¡Esto es cada vez mejor! ¡Nuestro muchacho no ha logrado dejarla ir, y por visitarla, nos ha dado su ubicación exacta!

—He encontrado algo más, señor —indicó William alzando su mano al final de la línea de monitores.

Cóndor se acercó rápidamente.

—Dime que es algo mejor aún —no podía disimular la energía que lo recorría en ese momento.

—Supongo que sí — respondió —. Creo que puedo encontrar más, pero esta es una grabación de una cámara de vigilancia de la universidad a la que dijeron que ella asiste — colocó el video en pantalla —. Podemos verlo aquí —lo señaló — observando hacia acá —cambió la imagen —, si no me equivoco, esa es Isobell. Él se queda en ese lugar por alrededor de veinte minutos hasta que ella se levanta y entra a su siguiente clase.

—Pero… ¿por qué pasa tanto tiempo observándola?

Cóndor sintió como si una luz se encendiera en su mente.




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