Cristobal

CAPITULO 3

CAPITULO 3

 

Cuando llego a la puerta Cristóbal venía en dirección de la cocina, levanto la vista y la vio. Por un segundo sus miradas se encontraron, pero él desvió la vista y le dijo.

- Buenos días. Amanda, como estas.

- Muy bien gracias. Y usted.

- Bien gracias. Espero no le disguste el cambio de deberes. Fue lo que se nos ocurrió para mantenerla segura. Pero si no es de su agrado, me lo hace saber y buscaré otra alternativa.

- No me disgusta el cambio, dijo reflexionando. Más bien tengo algo de temor, es más responsabilidad y no sé si estoy preparada para eso, no quiero ser más un estorbo, que una ayuda. 

Estaban hablando en la puerta del convento, pero él cuándo ella terminó de hablar siguió caminando y le hizo señas para que lo hiciera a su lado. En la puerta estaba una carreta destapada había puestos en la parte trasera y dos en la delantera, así que ella se sentó a su lado y juntos partieron a la escuelita. De pronto el continuo con la conversación.

- Dígame Amanda, le gustan los niños?

- La verdad no he tenido la oportunidad de estar cerca de ellos, de vez en cuando una de los sirvientes llevaba escondido a su hijo de cinco años, cuando no tenía con quien dejarlo, yo lo llevaba al campo y lo entretenía mientras ella se desocupaba, era un niño muy quieto y obediente. Dijo con una sonrisa en los labios y mirando a lo lejos.

Cristóbal la miro un instante y luego volvió a prestar atención al camino. 

- Hay tienes tu respuesta, es lo que se necesita para este trabajo, bien pudiste contarle a tu madrastra o hacerte la vista gorda, pero ayudaste a esa mujer con su problema, hiciste lo correcto a pesar de que podías meterte en problemas con tu madrastra.

Continuaron en silencio, se dijo que Cristóbal tenía razón, no lo pensó un minuto cuando vio la angustia de aquella mujer. Decidió confiar en sus instintos y tranquilizarse. Observo el paisaje, era muy silvestre y solitario, era un camino poco transitado, ya que llevaba a una zona muy alejada. Ya le habían comentado que asistíria a dar clases a varias comunidades, unas por la mañana y otras por la tarde. Así que en realidad no era una escuelita sino varias. Llegaron después de media hora a una comunidad muy chica y los niños y pobladores salieron a su encuentro, el padre saludo a cada persona y niño, luego les dijo a los niños que se reunieran en el lugar de siempre y dijo a los grandes.

- Ella es la novicia Amanda, desde ahora me colaborará con las clases. Todos la saludaron con una sonrisa y la mano, ella correspondió de la misma manera, eran personas humildes y se veía que estimaban mucho a Cristóbal. Se dirigieron después a los niños quienes sacaron unos bancos muy bajos, ella pensó que era para sentarse, pero observo que se sentaban en el suelo y los bancos eran para escribir en ellos, en cada banco se colocaban dos niños. Cuando se sentaron todos Cristóbal dijo.

Ella es la novicia Amanda, desde ahora ella me ayudará para enseñarles. Así que si tiene alguna duda pueden acercarse a cualquiera de los dos. Ahora se colocan de pie de a uno y le dicen su nombre para la presentación. Los niños uno a uno desean su nombre y se sentaban. Luego de que acabaran uno de ellos levanto la mano y dijo.

- Padre. Puedo preguntarle algo.

- Claro Thomas dime. Tienes dudas con los ejercicios?

- No padre, ya acabé. Dijo el niño, lo que quiero saber es que es una novicia.

El padre miró un instante a Amanda y luego contesto.

- Te acuerdas cuando preguntaste que es un padre? El niño afirmó.

- Bueno, es casi lo mismo.

- Ósea que tampoco puede tener marido, ni niños?

- Eso es después Thomas, como te dije, apenas estamos estudiando. Yo para ser padre o cura y ella para ser monja.

El niño lo pensó y luego dijo.

- Ósea que igual que usted se puede arrepentir? Por qué no lo hacen y se casan? Ella es muy bonita, si yo tuviera su edad me casaría con ella y me olvidaba eso de ser padre.

Dijo el niño muy serio y viéndolo como si estuviera haciendo una estupidez. Amanda creía que no podía ponerse más roja, quería salir corriendo de ese lugar, como un niño tan pequeño la había hecho sentir tanta pena? Miro a Cristóbal y este estaba tan desconcertado como ella, pero se recompuso rápido y le contesto.

- Cuando tengas mi edad decidirás lo que quieras hacer, así que por ahora trae tu libreta para ver cómo vas.

 El penoso incidente quedo atrás y ambos se pusieron a dar las clases, mientras Cristóbal se encargaba de dar la clase ella se encargaba de los niños que tenían alguna dificultad. Así el día fue pasando, al medio día los habitantes de la vereda tenían como costumbre ofrecer el almuerzo a Cristóbal y este ofrecimiento se lo extendían a ella. Después de comer se irían a otro poblado, pero antes de partir Amanda se dio cuenta de que Cristóbal le entrego lo que era al parecer dinero al líder, decidió guardar silencio y hacer que no vio nada. Se subieron a la carreta y en el camino él preguntó.

- Como te sentiste? Te gusto el poblado?

Ella sonrió y respondió.

- Son unas personas muy humildes, y los niños son muy inteligentes, me gustó mucho, ya veo por qué te gusta tanto enseñar. Se siente gratificante. Dijo soltando un suspiro.

Él la miro un momento y sonrió también.

- Es exactamente como siento, esos niños merecen una oportunidad que no sea servir en un castillo o palacio. Merecen tener un mejor futuro y soñar.

Ella lo miro y él a ella, sintió que algo paso en ese instante, como si se entendieran sin necesidad de palabras y que ambos dijeron más de lo que querían. Amanda desvió la vista y trato de entretenerse con el paisaje, Cristóbal por su parte sintió que algo cambio dentro de él y que tenía que reflexionar bien, estas noches trato de no pensar en nada y de convencerse de que estaba exagerando las cosas, pero solo en medio día que llevaba con ella y ya todo lo que se propuso hasta el momento en su vida parecía carecer de importancia. Sentía que en este momento no le faltaba nada y quería que el día no terminara nunca, quería permanecer el mayor tiempo posible con esta mujer.




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