Nuestro querido vecino, el drogadicto Edmund Higgins, amaneció muerto.
En el condado de Derbyshire, particularmente en Bakewell, no se registraba un homicidio desde el 12 de septiembre de 1973, cuando Wendy Sewell, una secretaria, fue agredida sexualmente en el cementerio y brutalmente golpeada siete veces en la cabeza con un palo. Su cráneo recibió impactos tan violentos como si se hubiera tratado de una pelota de béisbol.
Nunca se supo con certeza quién la asesinó. Las autoridades culparon a Stephen Downing, un jardinero de diecisiete años que trabajaba en el cementerio. Fue obligado a firmar una declaración falsa y terminó condenado en 1974, en medio de una investigación que no había logrado encontrar a otro sospechoso. Permaneció encarcelado hasta 2002, cuando finalmente se determinó que no existían pruebas reales que demostraran su culpabilidad.
Con los años, incluso surgió la posibilidad de que el verdadero asesino hubiera sido Peter Sutcliffe, conocido como el Destripador de Yorkshire.
Pero aquella mañana, después de más de cinco décadas sin un homicidio en Derbyshire, alguien había vuelto a matar.
Y esta vez había ocurrido al lado de nuestra casa.
Theodore, mi hermano de catorce años, me jaló de los pies mientras yo todavía estaba en la cama.
-¡Christopher! ¡Despierta!
Abrí los ojos sobresaltado.
¿Qué pasa?
-Edmund está muerto.
Me incorporé de golpe.
¡No es cierto! -exclamé-. No puede ser verdad.
No podía creerlo.
Me levanté y corrí hasta la ventana lateral. Desde allí podía distinguir parte de la escena. Había gente en la calle y varios vecinos se agolpaban detrás de la cerca frontal.
El rostro de Edmund estaba cubierto de sangre.
-Yo bajé a mirar antes de que acordonaron la zona -dijo papá-. Tiene un agujero en el ojo izquierdo.
Mamá, Eleanor, no dejaba de llevarse las manos al pecho exclamando.
-¡Dios mío! ¡No, Dios mío!
Se le hizo un nudo en la garganta y comenzó a respirar con dificultad.
-Christopher, ve a traerle agua a tu madre. Se le han disparado los nervios -ordenó papá.
Fui hasta la estantería, tomé un vaso y lo llené con agua del grifo.
Cuando regresé, mamá seguía junto a la ventana, pálida y temblorosa.
Bebió unos cuantos sorbos mientras murmuraba palabras de protección a Dios sobre nuestra familia.
Mi padre, Thomas; mi hermano Theodore; mamá y yo casi cubríamos por completo la ventana para impedir que mi hermana pequeña, Beatrice, pudiera observar la escena.
Mamá la reprendió en cuanto la vio intentando acercarse para observar el escenario del atentado.
-Beatrice, aléjate de la ventana. No tienes nada que ver ahí.
Pero mi hermana insistía.
-No tengo miedo -respondió-. Mamá, déjame ver. No me da miedo.
Te prometo que no voy a asustarme.
-Ya te dijo tu madre que no -intervino papá-. Tú no puedes ver esas cosas. A uno que es grande, una escena así lo deja sin palabras y lo estremece. Imagínate lo que podría provocarte a ti. Eres demasiado pequeña. Quédate aquí tranquila o ve a tu habitación. Y te ordeno que no intentes volver a mirar, ¿te queda claro?
Beatrice hizo un gesto de disgusto.
-Ya se está haciendo tarde para ir a estudiar.
-Hoy tú y tu hermano tienen el día libre -respondió papá-. No pienso dejar que salgan. No sabemos si hay un asesino perturbado suelto por ahí.
Cuando papá dijo «tú y tu hermano», se refería a Theodore.
Yo seguía mirando por la ventana y opiné.
Quizá Edmund tuvo problemas con alguien a quien le debía dinero por las drogas. Y quizás por eso fue que lo asesinaron.
Papá se quedó pensativo.
-Puede ser. La adicción siempre te termina obligando a vivir por encima de tus posibilidades.
Entonces papá señaló hacia la calle.
-Mira, amor parece que van a transmitir en vivo.
Mamá siguió la dirección de su dedo.
-Tienes razón -dijo-. Cuando la cámara apunto a la periodista y esta empezó a arreglar su cabello.
-Van a transmitir en directo.
-Enciende la televisión, hijo -me ordenó papá.
Tomé el control remoto y encendí el televisor. Busqué ITV Central, en el canal 3.
Después de una breve cortina musical, apareció la joven periodista de tez morena. Llevaba un traje gris claro y el cabello recogido en una coleta alta.
-Buenos días. Soy Claire Whitfield y estamos transmitiendo en vivo. Son las siete y treinta y dos de la mañana de este viernes 12 de junio de 2026. A esta hora informamos sobre una terrible tragedia ocurrida en Bakewell. Edmund Higgins, de treinta y dos años, fue encontrado muerto durante las primeras horas de esta mañana.
La periodista hizo una breve pausa.
-Según fuentes preliminares de la policía local, el cuerpo fue encontrado alrededor de las seis de la mañana y presenta una herida punzante en el ojo izquierdo, aparentemente provocada por un arma blanca. La escena permanece bajo investigación y, hasta el momento, no se ha identificado a ningún sospechoso.
La expresión de Claire se volvió más seria.
-Este hecho reabre viejas heridas en la memoria colectiva de Derbyshire. El condado no registraba un homicidio desde hace más de cinco décadas, cuando, en 1973, Wendy Sewell fue asesinada en el Cementerio de Bakewell.
La imagen cambió y mostró imágenes de la calle acordonada, y alrededor una centena de personas.
-Los residentes de Buxton Road se encuentran profundamente preocupados. Algunos se han negado a hablar con las autoridades, mientras la policía pide calma a la comunidad mientras avanza la investigación.
Volvió a aparecer Claire.
-Por el momento, la zona permanece acordonada y se espera un comunicado oficial con más detalles durante las próximas horas. Desde Buxton Road, para ITV Central. Regresamos con ustedes al estudio. Seguiremos con más información en el horario matutino de las ocho.
Durante casi una hora permanecimos pegados a la ventana.