Crónica de las fronteras grises, libro 1: cocodrilo.

25- Guardián.

La casa del perro Bingo era una imitación de una casa humana; cuando Bingo era dueño del vertedero, mandó hacerla justamente igual al sueño de un humano.

Toda de madera, candelabros de vidrio e incluso chimenea; la forma en la que estaban puestos los muebles hacía que los cuatro amigos pudieran verse a la cara con solo una mesa entre ellos.

—Bueno, Bingo, ¿qué pasó?— preguntó gato café rompiendo el silencio. —Creí que jamás trabajarías para nadie, ¿por qué trabajas para los cuervos?—.

El cazador y águila miraron atentos, esperando la respuesta.

Bingo, con la vista en el piso, dijo:
—Tenía que proteger el barrio de la media luna y, como no sé pelear, se me ocurrió que podía minimizar el daño de los cuervos hacia los habitantes del barrio, que ahora no tiene nombre—.

El cazador agregó diciendo:
—Me consta que ha salvado muchas vidas—.

El perro Bingo, sin levantar la vista, apretó su poderosa mandíbula y de pronto habló:
—¿Por qué dejaron el barrio de la media luna en ese estado? No quiero juzgarlos, pero ¿por qué lo hicieron?— dijo Bingo, con las lágrimas a punto de salir de sus ojos.

Gato miró al cazador y no respondió. El cazador se quitó el sombrero; la cara de asco de águila no se hizo esperar.

—Bingo— dijo el humano, cuyo rostro tenía una cicatriz en la frente—, gato y yo somos fuertes, pero no viviremos para siempre; si los felinos del barrio de la media luna no se defienden solos, siempre serán oprimidos; el opresor solo cambiará de nombre—.

Y señalando a gato café continuó:
—Este miserable fue el que destruyó todo el barrio; nunca importó si tenía razón o no, si fue por un bien o no, lo repudiaron de todas formas—

—Por favor— dijo gato café levantando sus garras—, no hablemos de eso, no quiero recordar— y guardó silencio.

Águila se preguntó de qué estarían hablando, pues todos estaban muy tristes.

—Bueno— dijo águila—, ¿y qué vamos a hacer?—.

Bingo, el cazador y gato café la voltearon a ver, como si despertaran de un sueño.

Bingo dijo:
—Es fácil olvidarse de ella, ¿verdad?—.

A águila eso ya le empezaba a molestar.

—Es cierto— dijo gato café—. Bingo, ¿tú sabes qué es lo que quieren los cuervos?—.

—No— respondió él—, pero los escuché hablar algo sobre una frontera de nuestro mundo; no estoy seguro de lo que quieren. Lo único que me queda claro es que quieren que los sigan; lo que sea que quieran, tiene que ver con un búho que llevan siempre con ellos. ¿Alguno de ustedes lo conoce?—.

—¿Viste a búho?— preguntó águila levantándose de su sillón—. ¿Cómo está?—.

—Vivo, hasta donde sé— contestó Bingo—. Es una idea arriesgada, pero creo que solo pueden ir más allá de la niebla y ver qué pasa—.

Después de un rato de incómodo silencio, el cazador preguntó:
—¿Aún tienes lo que te dimos a guardar?—.

El cazador tenía los brazos cruzados y una mirada extraña.

—Sí, siguen en mi sótano— respondió Bingo tristemente.

—¡¿Miau?!— dijo de pronto gato, a manera de pregunta—. ¿Nos vamos a poner serios?—.

—Sí, gato café, esta quizás sea nuestra última fiesta— le contestó el cazador—. Nos iremos en el río sin regreso de la vida—.



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En el texto hay: animales antropomorficos, brujas, un cazador

Editado: 19.01.2019

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